Economía General

Mi querida España

Asomado en la Alhambra de Granada, Sierra Nevada al fondo, pensé: aquí terminó una época y nació nuestra España, unida en la diversidad (tanto monta monta tanto). Tampoco podemos olvidarnos de los tartesos, cultura que fue luz de la antigüedad, de la reconquista entre guerras y convivencia religiosa, de Carlos I. El cénit de nuestra grandeza hasta Carlos III y la invasión napoleónica. El turbulento siglo XIX, preludio de un siglo XX donde los españoles transformaron las luchas de la Guerra Civil y el gobierno de uno y solo uno hasta dotarnos de una constitución y un modelo de convivencia que, en sí, han procurado una sociedad moderna, trabajadora, creativa, con impulso. Con una juventud de formación excelente y la aceptación del sufrimiento de estos momentos de crisis, a la espera de un mañana mejor.

Muchas veces pienso en lo fundamental del respeto a la libertad de los otros, de nuestros valores sociales y personales, de nuestra apertura al bien del mundo, de la sangrías a las que nos hemos visto sometidos. Y siempre he llegado a la misma conclusión; toda España trabajando junta con los mismos proyectos, con la vocación de ser solidaria, con el esfuerzo, la formación, el sacrificio de todos, con la ausencia del sofisma político y otros males, ahora tan en boga, cuantos frutos mas no hubiera recogido.Y aún así cuanta grandeza, cuanto nos queda por crear, para España.

La riqueza de la pluralidad y el poso cultural, la belleza de todas nuestras tierras, el maravilloso legado del patrimonio histórico, el clima, la actitud abierta, hospitalaria, el legado histórico y artístico, el privilegio de tantos hombres y mujeres que siendo españoles forman parte del patrimonio universal. Desde Santa Teresa de Jesús a Santiago Ramón y Cajal, de Don Miguel de Cervantes a Severo Ochoa, de Velázquez a Isaac Peral… ejemplos de una lista sin fín en la que nunca faltaron ni faltarán los españoles que contribuyan a la grandeza de España y de la humanidad.

Cuando miro España hoy, y cuando la he mirado durante estos años, de crisis, siempre he pensado en nuestros mejores valores, la capacidad de trabajo, el enriquecimiento que para todos supone el acerbo cultural de tantas civilizaciones, de tantas oportunidades tan diversas y, sin embargo, capaces de convivir. Estamos aquí, seguimos aquí, trabajando, esforzándonos por saber y formarnos más y mejor, sabiendo buscar la vida cuando la falta de trabajo o la necesidad nos ahoga. Por eso seguimos. Porque España es bella, es historia. Ha superado las violencias, los odios, la envidia, el nihilismo ideológico y el melodrama de la política, y permanece abierta al mundo dando y recibiendo.

Sí, soy español, como lo fueron mis padres, agradecido por la educación y la formación recibida, por las oportunidades y el aprendizaje en las caídas. Pero, sobre todo, por el privilegio que Dios me ha concedido de ser y vivir en esta toda nuestra tierra, espléndida en su belleza, llena de valores culturales y humilde pero tenaz.

Así, recordando a Góngora: “Amarrado al duro banco/de una galera turquesca/ambas manos en el remo ambos ojos en la tierra/un forzado de dragut en la playa de Marbella/se quejaba al ronco son del remo y la cadena/Oh sagrado mar de España/famosa playa serena. Pues eres tu el mismo mar/que con tus crecientes besas/las murallas de mi tierra, coronadas y soberbias…”. No nos hace falta el límite, solo la unión y la asunción responsable de que todos somos imagen de España.