General Opinion

Volver a creer por Alfredo Pérez Rubalcaba

Decía el filósofo canadiense Charles Taylor, en su conocido ensayo The Politics of Recognition, que nuestra identidad individual se construye con la imagen que los demás tienen de nosotros. Pero si trasladáramos esta idea a un país como España, podríamos decir que su imagen, su marca, su identidad, no solo se alimenta de cómo ésta se percibe en el resto de las naciones, sino también, y sobre todo, de cómo percibimos los españoles nuestro propio país.

Durante muchos años, los españoles sentimos España como el gran país que es, y trasladábamos dicha imagen al resto del mundo. Estábamos orgullosos de nuestra cultura y de nuestra forma de vivir, pero también de los logros sociales y económicos que nos había traído la democracia. De nuestra sanidad universal y gratuita, de que nuestros jóvenes se pudieran incorporar becados a la universidad, de que nuestros mayores pudieran por fin acceder a pensiones dignas, de la cuota de mercado que ganaban nuestras empresas en el extranjero, de nuestras políticas de integración de la diversidad.

Lamentablemente, después de seis años de crisis y de dos años de gobierno del Partido Popular, muchos españoles han dejado de creer. Una España con seis millones de parados, donde se recortan las becas para poder estudiar; una España que niega la sanidad pública a los inmigrantes sin papeles; una España pobre y desigual no puede ser “el asombro del mundo”, por muchas veces que lo repitan los ministros en sus comparecencias públicas.

¿Qué hacer? Salir de la crisis es, desde luego, fundamental para recuperar nuestra autoestima, pero no es suficiente. Es muy importante también acertar en cómo salimos de ella. Nada garantiza que por el camino de salarios más bajos y menos derechos se consiga; pero lo que es seguro es que, esa opción, nos conduce a un país menos cohesionado, más desigual y más débil. Así no volveremos a creer. Sin embargo, si apostamos porque la salida venga de la mano de la mejora en la productividad, a través de la investigación y la formación, tendremos una oportunidad de recuperar la España que queremos.

En realidad, de eso se trata, de recuperar el futuro. Se trata de poner en marcha una nueva política económica que tenga como objetivo un nuevo modelo productivo capaz de crear nuevas formas de empleo, nuevos mercados, nuevos sectores. De impulsar políticas desde el Estado para que el crédito llegue a las pequeñas empresas, que son las que crean riqueza. De tener una política que proteja nuestros sectores industriales y que nos permita ser competitivos en aquello en lo que ahora no lo somos. De construir un modelo fiscal más justo. De volcarnos con los emprendedores. De invertir en educación, en investigación, en el conocimiento.

Consiste también, y sobre todo, en dirigir todas las políticas hacia la activación del empleo. Cuando digo todas, me refiero también a la política social. Frente a los que piensan que para crecer debemos sacrificarla, les digo que yo opino exactamente lo contrario. Si la política social se enfoca adecuadamente, puede resultar un elemento de activación de la economía y el empleo. La eficiencia económica es, también, la eficiencia social.

Se trata, en definitiva, de que los españoles volvamos a creer en nuestro país. Solo si lo conseguimos, los demás volverán a creer en nosotros.