Economía General

Desvía el dinero y corre

Observe al compañero que tiene sentado enfrente de usted. Quizá nunca le haya llamado la atención, pero fíjese bien, ya que quizá se encuentre sentado frente a esa persona que roba dinero de la empresa. Para saberlo le ofrecemos unas pistas. Si tiene más de 35 y menos de 55 años, trabaja en una función del área directiva, finanzas, operaciones, ventas o marketing, ocupa un puesto ejecutivo o directivo y lleva en la organización más de cinco años, empiece a sospechar. Y si además, su firma es necesaria para determinados documentos, es bueno en informática, es reservado, está sometido a un estrés importante, que se ha agravado con la crisis, se queja a menudo de que no está bien valorado y de que cobra poco, tenga mucho cuidado. Su perfil responde al de un defraudaror. Si no se lo cree, mejor que siga leyendo. De esta forma se convencerá de que aquella persona que desvía dinero de la firma para lucrarse personalmente, y que genera problemas al resto de los trabajadores, no es tan diferente de ese compañero con el que se suele bajar a tomar café todos los días y con el que practica el deporte nacional español: criticar al resto.

Así lo afirman diversos estudios que enseñan cuál es el perfil global del defraudador. Todos coinciden en que la radiografía de este sujeto representa a alguien de entre 36 a 55 años y que se encuentra en la mitad de su vida laboral. En el 61% de las casos, el responsable forma parte de la propia empresa víctima de sus actos, donde lleva más de seis años trabajando en departamentos donde se está en contacto con efectivo o con presupuestos. En muchos casos se trata de un directivo o mando intermedio, que no trabaja solo y que el 70% de las veces comete el delito a través de transacciones, que se demoran a lo largo de un periodo de tiempo que va de uno a cinco años.

dentro1Además de desmontar la leyenda de que el defraudador es una persona lejana y oscura a la que no conocemos, los últimos estudios sobre la materia también explican a las claras que estas manzanas podridas ponen en peligro la cesta entera. Al menos eso es lo que se deduce de las cifras que se mueven y que demuestran –con meridiana claridad– que el problema del fraude es mucho más importante de lo que parece. “El volumen de dinero que las empresas pierden por estos actos alcanza el 5% del PIB mundial”, explica Ángel Requena, de KPMG. Es decir, una cantidad que rondaría los 2,6 billones de euros, que es mayor que el PIB de países como Alemania, Rusia, Brasil o Reino Unido. “Estas acciones originan que las empresas pierdan el 5% de su facturación”, añade Genaro Pena, vicepresidente de ventas de SAP para Europa, Oriente Medio y África.

Si centramos la vista en España, las cifras también son preocupantes, ya que KPMG estima que al año se pierden unos 50.000 millones de euros en este tipo de actividades ilegales. Para comprobar la dimensión del problema nada mejor que comparar esta cantidad con otra que nos escandalizó hace poco tiempo: el rescate bancario, que ascendió a más de 41.000 millones. ¡9.000 millones de euros menos que lo que nuestra economía pierde cada año por el fraude! Como se puede ver, España tampoco es una excepción en este sentido. En lo que sí nos diferenciamos del resto del mundo es que mientras que en nuestro país los delitos se cometen en sectores como el financiero, el de infraestructuras, las telecomunicaciones y la energía, en el exterior la mayoría de los problemas parten de los seguros y del ámbito público.

La suma de pequeñas cantidades. A pesar de los voluminosos números que se esconden detrás de estos delitos de guante blanco, una de las claves que explica la dificultad que entraña su investigación es que el 93% de los fraudes se llevan a cabo a través de transacciones con una cuantía media de entre 730 y 36.600 euros, lo que no hace saltar las alarmas en las grandes multinacionales. “El 18% de estas operaciones desviaron un total de dinero que oscila entre 36.600 y 147.000 euros, el 43% superó los 367.000 y solo el 16% llegó a 3,5 millones de euros de cantidad afectada”, asegura Alfonso Bravo de KPMG.

Pero, ¿por qué se comete el fraude? “Debe haber una oportunidad, una motivación y una racionalización. De esa forma, la persona que va a defraudar se autoconvence de que lo que va a llevar a cabo no es malo, ya que estamos hablando de pequeñas cantidades, y que será casi imposible que alguien piense que él está detrás de todo”, dice Bravo. Además del lavado de cerebro a sí mismo, los expertos afirman que deben concurrir otras causas para que se origine la acción. “La sensación de estar infravalorado y mal remunerado provoca fraudes. Aunque la causa más importante es el miedo, que está detrás del 14% de los casos”, explica Requena. Este último punto adquiere cada vez una importancia mayor ya que las estrategias empresariales del momento apuestan por la competitividad y la presión. Esto lleva a que algunos se pasen al ‘lado oscuro de la fuerza’ incapaces de afrontar las dificultades que vienen tanto desde dentro como desde fuera de la empresa. “La larga crisis ha ayudado a que crezca el número de delitos de estas características en busca de alterar los números para llegar a los resultados requeridos. Pero lo más curioso de todo es que el 36% de los defraudadores lo son por sentir esa sensación de superioridad que lleva a cometer un delito y sentir que no te van a pillar nunca”, añade Bravo.

Otro punto en el que coinciden los expertos es en la necesidad de diferenciar entre fraude externo e interno. “El que viene del exterior se da mucho en el campo de los seguros, donde los clientes se asocian con un taller para beneficiarse de una póliza. El interno suele ocurrir en casi cualquier organización y es el que se caracteriza por pequeñas operaciones de desvío de fondos en departamentos como el de compras. Se trata de un goteo permanente”, asegura Genaro Pena.

¿Más datos sobre este asunto tan peliagudo? Pues que se tardan más de 18 meses en descubrirlos y que en el 49% de los casos la empresa –aunque detecte el fraude– suele perder el dinero. Por este motivo, lo más importante es que las corporaciones pongan el foco en introducir medidas para que estos actos nunca lleguen a ocurrir. “La prevención tiene mucha importancia ya que el delito evoluciona. El virus muta y la tecnología es cada vez más importante”, señala Ángel Requena. “La frecuencia y la sofisticación y los ámbitos donde se comete fraude han aumentado. En la actualidad, si sabes de software, es sencillo encontrar un hueco donde cometer trampas”, corrobora Pena. Ante esta situación, las compañías tienen cuatro pilares para defenderse y anticiparse al problema. El primero es el logístico, que debe integrar unas bases claras para evitar las trampas. A continuación encontramos la ética y el gobierno corporativo de la firma. También es vital que exista un control interno, que difunda la idea de que esta forma de actuar no es tolerable. Y, por último, la tecnología, que es fundamental a la hora de evitar que una empresa quede a merced del traidor.

Los mejores detectives. En esta línea se encuentran diversas soluciones tecnológicas que retraen al posible defraudador. “Sin ningún control interno, es 100% seguro que la firma seré estafada en alguna ocasión”, corrobora Ángel Requena. Una de las compañías internacionales que más en serio se ha tomado este reto es la alemana SAP, que dedica a más de 300 personas a diseñar software específico para luchar contra esta lacra empresarial. Tamaño esfuerzo se ha plasmado en la aplicación SAP Fraud Management, un programa capaz de separar el grano de la paja cuando se trata de obtener la información necesaria para atrapar a los delincuentes. “En las compañías todo está informatizado. Por eso lo que este tipo de soluciones realiza es utilizar esa infinidad de información, lo que se conoce como big data, y extraer los datos que permiten obtener conclusiones”, añade Genaro Pena. En otras palabras, la tecnología ayuda a la detección (analiza la información) y a la investigación (una vez que ha saltado la alarma por un patrón sospechoso). De hecho, lo que ofrece este sabueso ideado por SAP es un algoritmo capaz de extraer todo lo disponible de las personas que convergen en una transacción. Además, es capaz de cotejar esos datos con Internet y redes sociales para saber si existe cualquier otro tipo de relación. “Ahora es posible analizar 180 millones de pólizas y 75 millones de reclamaciones de siniestros en menos de un minuto y medio. Y descubrir cuáles son anómalas y cuáles son fraudulentas”, asegura Genaro Pena. Otro ejemplo de la potencia de estas herramientas sería el de detectar de entre 180 millones de contratos realizados por 500.000 agentes diferentes los susceptibles de problemas. Y hacerlo en unos pocos segundos. “Lo más importante es que en el 95% de las ocasiones se demuestra que acierta”, concluyen desde SAP. El desarrollo de este tipo de medidas demuestra que las empresas le están dando la importancia al problema del fraude haciendo que cada vez sea más difícil llevar a la práctica aquel toma el dinero y corre, con el que Woody Allen ponía título a su primera película.