Economía General

¿Por qué se disparan a precios desorbitados las obras?

El último caso ha sido el del Canal de Panamá. El Grupo Unidos por el Canal (GUPC), un consorcio compuesto por Sacyr, Impregilo, Jan de Nul y Cusa, frenó las obras porque la misma se disparó en 1.600 millones de dólares (cerca de 1.200 millones de euros). Una cantidad que equivalía al 50% del coste del proyecto. Pero no hay que irse tan lejos. En la reciente historia de España, son legión los casos en los que las obras se han disparado a precios desorbitados. Haciendo un rápido repaso, el Fórum de Barcelona o la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia, su sobrecoste superó los 1.000 millones de euros; la Ciudad de la Cultura de Santiago de Compostela multiplicó por cinco su presupuesto inicial, y la Caja Mágica de Madrid, lo hizo casi por tres; la Exposición Internacional del Agua de Zaragoza dejó unas pérdidas de más de 500 millones de euros; la Ciudad de la Luz de Valencia paso de costar 100 millones de euros, a 350 millones… Y así un largo etcétera. Todos ellos símbolos del reciente pasado histórico, donde el ladrillo fue el rey, y donde muchos alcaldes, presidentes autonómicos y ministros se comportaron como auténticos faraones que quisieron dejar su impronta en obras inmortales al precio que fuera. Seguro que cualquiera de ustedes, en su propia localidad, conocen algúna obra cuyo precio fue bastante superior al inicialmente presupuestado.

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Un despilfarro de dinero público que podría evitarse. Según un estudio de McKinsey, es necesario poner en marcha una serie de medidas para que no decaiga el volumen de inversión en infraestructuras: una mejor selección de las actuaciones; un mejor y mayor control de todo el proceso creador de las infraestructuras, para evitar desviaciones en coste y en plazo con respecto a las previsiones; y un mejor análisis de las infraestructuras existentes para mejorar su aprovechamiento, ya sea mediante labores de conservación y mantenimiento, o mediante la búsqueda de nuevas utilidades para infraestructuras obsoletas o infrautilizadas. Tres bloques que tienen un factor común. Y ese no es otro que una mayor y mejor utilización de la ingeniería en las fases de planificación, proyecto, ejecución y mantenimiento de las infraestructuras.

Esta mayor y mejor utilización de los servicos de ingeniería puede tener un coste adicional de entre un 3% y un 5% del total de la inversión que, según el estudio de McKinsey, puede suponer a nivel mundial un ahorro del orden del 40%, lo que supone un ahorro neto del 35%. Según Pedro Gómez González, presidente de Fidex, “el político debe demostrar amplitud de miras y anteponer los intereses del país y las futuras generaciones a los propios intereses más cortoplacistas, respetando los plazos necesarios para que las cosas se hagan bien, a su precio justo y necesario, sin improvisaciones ni prisas provocadas por el calendario político”.

¿Y por qué España el país de la UE donde más proliferan las incidencias o imprevistos durante la ejecución de las obras, dando lugar a los famosos “modificados de obra”, con el sobrecoste que ello supone? Porque la inversión media europea en ingeniería supone un 8,4% de su inversión total en infraestructuras, mientras que en España apenas llega al 4,5%, según un informe de Peter Boswell, de Bricad Associates. Un porcentaje que nos sitúa a niveles similares a los de Portugal y Polonia, incluso por debajo de los países de la Europa del Este.