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Adiós, carro de la compra. Hola, cesta de la compra

Si usted va a comprar a una gran superficie, eche un vistazo a su alrededor. Verá que los allí presentes portan, en mayor número, una cesta de la compra. Ya no son tantos los que arrastran un carro… y mucho menos lleno. La razón es bien sencilla: la crisis económica ha afectado directamente a los hábitos de consumo de los ciudadanos, y más si de lo que se trata es de alimentación. Según los últimos datos de la consultora Nielsen, el gasto semanal medio de los españoles en alimentación se sitúa en 60 euros semanales, de los cuales 40 euros corresponden a alimentación seca y 20 euros a productos frescos. Y si no se hubiera producido la crisis, los productos de gran consumo en España hubieran representado en torno a 80.000 millones de euros en 2013. En cambio, la consultora asegura en su estudio que este mercado ha supuesto 70.700 millones de euros en la economía española el pasado año, y la razón de este hecho hay que buscarla en la caída de la renta disponible de las familias españolas, que desde 2007 ha experimentado un descenso del 12%.

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No hay duda: hay nuevas tendencias de consumo, y se está produciendo un cambio de modelo en el comprador español. Antes de la crisis, éste se caracterizaba por acudir a los hipermercados y llenar un carro de la compra, mientras que ahora los clientes apenas llenan una cesta y suelen acudir en más ocasiones al supermercado o la tienda de proximidad para tratar de controlar el gasto. Asimismo, la planificación se ha convertido en un hecho esencial para los consumidores antes de ir a la compra, algo más que comprensible al observar que la alimentación y las bebidas son la segunda partida de gasto más importante de las familias tras la vivienda y la factura energética.

Por eso, y según el informe de Nielsen, siete de cada diez españoles acude al súper con una lista predefinida, mientras que dos de cada tres conoce con antelación lo que va a comprar y uno de cada tres utiliza los folletos de ofertas para casi todas sus compras. Ahora bien, el último metro frente al lineal es el “decisivo” y las activaciones en tienda y promociones pueden cambiar esa planificación previa, como también las novedades de producto.

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Eso sí, la innovación y hacerle la vida más fácil al consumidor son algunas de esas llaves que en tiempos de crisis consiguen que el comprador se rasque el bolsillo. De hecho, un 60% de los consultados estaría dispuesto a comprar versiones de marcas conocidas, al 63% adora los productos nuevos y un 56% cambiaría de marca ante las novedades. Ejemplos como el café monodosis, el agua vitaminada de sabores o las verduras de cuarta gama se han revelado como conquistas comerciales en plena crisis precisamente por ayudar al ciudadano en su día a día. Los productos orientados hacia la salud y el cuidado personal como el arroz integral, la lecha desnatada o el pavo braseado son ejemplos también de que pese a la crisis hay categorías donde el factor precio no es decisivo.

Cada céntimo de euro cuenta, y los efectos de la coyuntura económica han hecho que los consumidores apuesten por productos básicos, cuyo precio es más económico. En este sentido, se ha producido un reemplazo del consumo fuera del hogar por una vuelta a la madriguera por lo que productos tradicionales y con un precio más asequible experimentan crecimientos. El arroz, la pasta, las galletas, las mantequillas, las mermeladas, la cerveza y los snacks son cada vez más frecuentes en la cesta de la compra de los españoles ya que son económicos y fomentan el consumo en el hogar y el háztelo tú mismo. Asimismo, la amplia gama de formatos para adaptarse a los distintos perfiles de consumidores también se ha acentuado como resultado de la crisis. Formatos pequeños para familias monoparentales y singles, formatos grandes para facilitar el control del gasto a las familias numerosas y formatos gourmets como los loncheados a un euro para aquellos que no quieren renunciar a la calidad por cuestión de precio.