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La sucia Alemania

¿Se imaginan qué ocurriría en España si un buen día Izquierda Unida o Podemos apoyaran la construcción de una central energética de carbón? Inimaginable, ¿no? Pues eso es precisamente lo que está a punto de pasar en Alemania. Efectivamente, suena un poco a película surrealista de Luis Buñuel pero es la pura verdad. En la región alemana de Lausitz, los comunistas del Die Linke trabajan para que el Bundesland de Bradenburgo (capital del estado) conceda la licencia de funcionamiento a la gigantesca mina a cielo abierto Welzow-Süd II.

dentro-1Esta enorme instalación tiene una peculiaridad. Y es que el mineral que se extraerá será lignito, el carbón más contaminante del planeta. Como era de esperar, los grupos ecologistas han puesto el grito en el cielo ya que no entienden cómo un partido de izquierdas puede apoyar al mayor amigo del CO2. Sirva como ejemplo que las tres centrales térmicas de lignito que ya funcionan en Lausitz producen más de 50 millones de toneladas de CO2 al año, casi tanto como Suecia.

Por si esto no fuera suficiente, la explotación llevará a 800 alemanes a perder sus casas, ya que esta mina a cielo abierto necesita un espacio que ahora ocupa un pueblo con más 800 años de antigüedad.

En definitiva: tenemos a un país que se jacta de anunciar a los cuatro vientos que es verde y, por detrás, apuesta por la generación energética más sucia del planeta. Un sinsentido absoluto que nadie entiende. Y es que resulta complicado explicar que se cierren centrales nucleares (que no contaminan por cierto), se apueste por la energía solar (cuando Alemania no es que tenga demasiado de eso), a la vez que se abren minas de lignito. ¿Cuántas? Pues dos, solo en Lausitz en 2012, más la que protagoniza este post.

dentro-2Solo las dos primeras han originado que el CO2 haya aumentado un 25% en todo el país, algo que a nivel económico no supone mucho (el coste de la tonelada está por los suelos desde hace tiempo) pero sí afecta a la imagen del país, que gobierna con mano de hierro Angela Merkel. Ella, como el resto de madamases germanos, pasa del qué dirán y se reafirma en su apuesta sucia. ¿Por qué? Una de las ventajas la podemos encontrar en la eficiencia que tiene una central termoeléctrica de lignito frente a la volatilidad de las energías renovables, que no cuentan con su materia prima siempre que quieren. Es más, un día de explotación de una minas de Lausitz es suficiente para extraer 81.000 toneladas de carbón, lo que sirve para nutrir a una central capaz de dar energía a un millón de hogares. ¿Se imaginan las placas solares que habría que plantar para lograr hito semejante?

dentro-3Otra de las ventajas la tiene en los puestos de trabajo que da cada central, unos 8.000. Pero la principal virtud del sucio lignito está más allá de las fronteras alemanas. De hecho hay que desplazarse a Rusia para entenderla. La decisión de Alemania de decir adiós a la energía nuclear aumentó la dependencia energética del país, además de incrementar el precio de la energía. ¿Y quién es el principal suministrador de gas germano? Lo han adivinado, la Rusia del señor Putin, que nunca ha sido bien recibido en Berlín. Y menos ahora tras la anexión de Crimea. Ante este panorama, Alemania debe hacer algo para evitar depender del gas ruso que, además, debe pasar por la conflictiva Ucrania antes de llegar a su territoria. Solo quedan dos soluciones: llenar el país de molinos de viento y placas fotovoltaicas, que son limpias pero caras e inseguras, o apostar por el sucio y denostado carbón, más barato. Parece que Alemania ha apostado por lo segundo, lo que hace inviable que el país siga vendiendo al exterior su imagen ecológica. Pero, así son las cosas.