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Reino Unido subvencionará clases para que los obesos adelgacen

La obesidad no solo  es un problema de salud, sino que empieza a ser una cuestión de Estado (y un problema económico). Hasta el punto que algunos países se han puesto manos a la obra. Una de las noticias del día en el diario británico The Guardian informa de una nueva recomendación que el Servicio Nacional de Salud inglés (NHS en sus siglas en inglés) ha hecho a los médicos de familia (general practitioners) para “identificar personas susceptibles de participar en clases para adelgazar subvencionadas por el Estado y supervisadas por compañías como Weight Watchers, siendo los adultos obsesos una prioridad”. 

Tanto los médicos de familia  como otros profesionales sanitarios han recibido el mandato del Instituto Nacional para la Salud y la Excelencia Clínica (Nice) abordar el tema de la pérdida de peso “desde el respeto y sin prejuzgar” a la hora de seleccionar candidatos idóneos para “ser derivados a programas de vida saludable”. El NHS recomienda que la población adulta obesa pierda ente un 5-10% de peso.

Se estima que Reino Unido, que ostenta la segunda mayor tasa de obesidad de Europa, gasa 5.100 millones de libras al año en enfermedades relacionadas con la obesidad y otros 10.000 millones de libras para abordar complicaciones de enfermos con diabetes tipo 2. El NHS paga actualmente unas 800.000 libras anuales a Weight Watchers por programas de adelgazamiento. Pero la nueva recomendación implicará que se deriven a más afectados.

El doctor Alison Tedstone, nutricionista jefe de la agencia Public Health England (PHE), añade que la institución trabaja ya en su próximo plan contra la obesidad, “que incluye apoyar equipos locales de salud pública para desarrollar programas de vida saludable”.

Mientras, al otro lado del Atlántico, California (Estados Unidos) plantea un proyecto de ley para que los refrescos adviertan sobre los riesgos que conlleva su consumo sobre la salud, como ya lo hacen las cajetillas de tabaco. El mensaje sería éste: “Consumir bebidas azucaradas contribuye al desarrollo de obesidad, diabetes y caries”.

No es la única cruzada. De sobra fue conocida la campaña del ahora ex alcalde de Nueva York contra la comida basura. Michael Bloomberg  en 2012 llegó a prohibir la venta de bebidas azucaradas en recipientes mayores de 0,453 litros en restaurantes, tiendas especializadas o delicatessen, cines, estadios ni por parte de vendedores ambulantes (los supermercados y minimercados estaban exentos).

Recientemente, un estudio elaborado por un grupo de investigadores para la Organización Mundial de la Salud (OMS) sugiere pasar a la acción desde incentivos a los productores de alimentos saludables  hasta penalizar económicamente (incluso imponiendo impuestos)  a las industrias que venden comida rápida, alimentos ultraprocesados y refrescos, pasando, claro está, por un control más estricto de la publicad, mejores regulaciones comerciales y sistemas de etiquetado más eficaces.

“A menos que los gobiernos tomen medidas para regular sus economías, la mano invisible del mercado continuará promoviendo la obesidad en todo el mundo, con consecuencias desastrosas para el futuro de la salud pública y la productividad económica”, señala el coordinador del trabajo, Roberto De Vogli, de la Universidad de California-Davis (Estados Unidos).

Para los interesados, aquí va un vídeo con algunas recomendaciones: