Economía General

Urge reinventar la universidad

Mi sensación es que con una realidad económica tan convulsa en los últimos años hemos ido dejando “para mañana” algunos problemas que ya en 2006 parecían urgentes.

Uno de los que parecen apremiantes es el de la reinvención de la universidad española.

Vivimos un sistema educativo directamente heredado del siglo XIX y se ha mostrado ridículamente ineficaz desde hace casi dos décadas. Esto no solo nos ocurre a nosotros, la Universidad es un desastre a nivel global, pero especialmente en España y muy especialmente la Universidad pública.

Si cerramos los ojos y pensamos en las empresas más innovadoras del mundo, vendrán a nuestras cabezas algunos nombres como 3M, Apple o Google. Pues bien, ha sido uno de los vicepresidentes de esta última compañía, Laszlo Bock, responsable de contrataciones en Mountain View quien ha marcado recientemente una significativa línea roja ante el mundo académico. Y por mundo académico me refiero al de primera división, no al nuestro. Según Bock, entre los cinco criterios básicos para seleccionar o no a una persona, no está la exigencia de un título universitario. No dice que esto sea intrascendente, pero sí que no es un criterio significativo para contratar a una persona, ni excluyente. Vaya, que da un poco igual. Eso representa un impacto directo en la línea de flotación de las mejores universidades del mundo, así que imagínese en que posición dejaría a las nuestras.

España cuenta con al menos 3 de las mejores 20 escuelas de negocios del mundo, y sin embargo solo hay una Universidad española en el top200 del Ranking Times Higher Education. Algo falla. Y si algo falla hoy en día en los principales centros de enseñanza mundiales como los Stanford, Harvard etc, que hace que las principales empresas del mundo empiecen a dudar de su capacidad formativa y a emplear otros criterios de selección de talento, esto debe tomarse como una oportunidad para reinventar nuestras Universidades. El mensaje es claro, no se trata de acortar esas diferencias siguiendo a los líderes en una formación académica tradicional ya que estos líderes empiezan a quedar desfasados. Se trata de explorar nuevas vías y crear nuevos horizontes. Si no lo hacemos nosotros acabaremos perdiendo otra década y, como casi siempre, seguiremos los pasos que marquen otros con retraso.

Hace pocas fechas estuvo de visita en Madrid el padre de la inteligencia artificial, Marvin Minsky. Uno de sus mensajes, tal vez el más rotundo e inquietante auguraba que en breve se crearán máquinas “al menos tan inteligentes como los humanos”. Eso hace que determinados valores formativos y profesionales puedan ponerse en entredicho y pasen a ser un commodity en las próximas décadas. Sin embargo otros valores, hasta ahora innecesarios pueden empezar a resultar imprescindibles. Hacía ahí deberíamos centrar nuestro esfuerzo de adaptación.

Empresas como BMW o General Motors, empiezan a desarrollar programas laborales colaborativos entre robots y personas. Eso requiere nuevas habilidades en un entorno hasta ahora desconocido. Scott Whybrew, director de fabricación de vehículos de General Motors, comenta jocoso que en breve, si en nuestro centro de trabajo nos tropezamos con un robot deberemos pedirle disculpas, pues prácticamente nos estaremos tropezando con otra persona. Y mientras, a las puertas de un escenario casi futurista, nosotros seguimos basándonos en modelos educativos del siglo XIX.