Economía General

Familia: el futuro está en nuestras manos

Paco y su mujer tienen trece hijos, diez naturales y tres adoptados, dos de ellos con síndrome de Down. “Si me lo dicen el día que me caso, la dejo plantada en el altar”, bromea el marido. “Mi idea no era esa”, reconoce. Pero el estar abiertos a la vida con todas sus consecuencias y aceptar todo lo que viniera, fuera como fuera cada hijo, se ha traducido en una vida plena de alegría y satisfacciones. “De lo único que me arrepiento es de no haberme casado antes”, dice Paco, que pasó por vicaría en 1980, cuando él y su mujer tenían 22 años. Y eso que no todo ha sido un camino de rosas. “Nuestra hija mayor era tan insoportable… O los padres éramos tan nuevos… Ni comía, ni dormía… Ahí nos hubiéramos quedado plantados”, dice Paco. “Los primeros decenios fueron bastante apretados, aunque tener un sueldo fijo daba una tranquilidad muy grande”. Renuncias no han faltado: “Si no podíamos ir de vacaciones, pensábamos que Dios proveería. Había mucha gente que no se iba”. “No recuerdo muchos momentos en los que me haya quedado solo, al margen del tiempo que estaba en el baño. Compartimos todo: tiempo, espacio, discusiones, alegrías… Siempre ha habido amigos en casa para hablar, para ir de compras… Eso te lleva a pensar mucho en los demás y a olvidarte de ti mismo”. Esa generosidad hace bien a uno mismo. “Hay gente que devuelve al hijo que ha adoptado. Nosotros no, porque ya hemos asumido que es nuestro”. Y a los hijos. “Se apoyan unos a otros. Por ejemplo, se vuelcan en que Reyes -una de las hijas con síndrome de Down- mire a los ojos y salude, que es algo que le cuesta. O que Guillermo -el adoptado más pequeño- estudie. Cada uno como es, con sus defectos, nos dan las mejores lecciones”.
El caso de Paco y su mujer quizá pueda parecerles heroico, edificante o sorprendente en una sociedad como la actual. Lo que está claro es que es excepcional. Como se puede observar en los datos del Instituto Nacional de Estadística, tan solo el 3% de los hogares españoles -menos de 600.000- está compuesto por la pareja y tres o más hijos. No hay datos sobre el número de viviendas con diez miembros. Sí se sabe que el número de personas en casa desciende sin freno.
Desde luego, en España no hay ninguna ayuda para tener un hogar amplio. “En comparación con Europa, sobre todo con el Norte, aquí estamos en pañales. Nunca ha habido una política seria”, afirma Teresa Castro, investigadora del CSIC. “Mucha gente se preocupa de nuestra baja fecundidad, pero ninguna política incentiva a tener hijos”, añade.
Y para colmo, la situación económica ha agravado las dificultades. “El empleo es el principal problema ahora mismo. Antes lo eran la vivienda, tener una guardería accesible y de calidad y conciliar el horario de trabajo con el cuidado de los hijos. Siguen siendo obstáculos, pero ya no son los más importantes, según las encuestas”, señala Teresa Castro. Una de las consecuencias de este precario entorno laboral es que las mujeres ven difícil dejar el trabajo y tener un hijo, porque “luego ya no entran” en el mercado. “Para la mujer, los hijos son un freno profesional, y por eso las hay que deciden no tenerlos”, admite Consuelo León, directora del Observatorio de Políticas Familiares de la Universidad Internacional de Cataluña.
Si hay trabajo, tampoco las cosas son fáciles. Mientras que en países como Holanda se puede escoger un trabajo a tiempo parcial, con un buen sueldo, para cuidar a los hijos, aquí es algo obligado y con una remuneración mínima, afirma Castro. Los permisos de paternidad también son mucho más largos en otros países, añade la investigadora. Y qué decir de los sueldos: a veces son tan precarios que sirven “para sobrevivir, pero no para tener una familia”.
La jornada laboral sigue siendo a menudo un obstáculo. “No puede ser que tengamos dos horas para comer y horarios tan extensos. Los directivos en España no gestionan bien el tiempo. Un nórdico o un alemán saben qué van a hacer cada hora del día, y a las 5 se van a casa. En otros países tienen un mayor respeto a la vida privada’, señala León. La plataforma de racionalización de horarios pretende solucionar estos problemas, y que nos adaptemos al horario europeo.
Y en otros terrenos donde podría apoyar el Gobierno, tampoco lo hace. “No debería ser que saliera más rentable hacer la valoración fiscal por separado en lugar de como unidad familiar”, apunta León. Los países que apoyan a la familia, como Francia, lo notan en su tasa de fecundidad, que es mayor que la nuestra. “Aquí se ha entendido que la familia pertenece al ámbito privado, y que cada uno se las arregle como pueda”, dice Castro.

La familia. Vía shutterstock
La familia. Vía Shutterstock

Como es lógico, todas estas trabas tienen sus consecuencias. Y no solo se refieren a tener pocos hijos, o ninguno. Teresa Castro llama la atención también, por ejemplo, sobre la escasa escolarización de niños de 0 a 3 años, porque las guarderías “son muy caras”. Aún así, según esta experta, las encuestas reflejan que persiste entre las españolas el deseo a tener un segundo hijo. “El problema de las parejas ya constituidas ya no es solo el 1,2 de tasa de fecundidad. Es que el primer hijo llega a los 34-35 años. Si apareciera a los 29, habría más opciones de tener un segundo. El problema está entre los 30 y 35 años, que es cuando se toman las decisiones. Ahí habría que centrarse”, dice León. Castro cree que habría que poner el foco en la transición entre el primer y el segundo hijo. “Con el primero ves los problemas: el trabajo que llevan, la conciliación con la vida laboral, la guardería…”.
Precisamente ese fue el momento crítico que superaron Paco y Maite. Es verdad que eran otros tiempos y otros valores. Y también es cierto que ese cambio de valores se traduce en el elevado número de matrimonios que se rompe en la actualidad. ¿A qué se debe? En opinión de Enrique Rojas, catedrático de Psiquiatría, a un mosaico de factores: “Pérdida del sentido de la vida; falta de valores humanos; los mensajes tan negativos que se difunden en revistas del corazón y programas de televisión, que invitan a la separación una y otra vez; falta de modelos de identidad sanos: la mayoría de los que aparecen en los medios son modelos rotos; falta de valores sobrenaturales y de cultura… Estamos en la era del fast food –comida rápida-. Pero todo matrimonio o pareja que quiera arreglarse necesita tiempo y paciencia”. Lo peor de estas rupturas son las secuelas que Rojas ha visto en su consulta, sobre cónyuges e hijos. “Hay consecuencias psicológicas, físicas, sociales y familiares. Hay una quiebra de la armonía familiar. Muchas veces los hijos quedan marcados, aunque no siempre. Cuando la vida entre los cónyuges es imposible, puede ser sensato separarse y el resultado es positivo”, añade.
Este prestigioso psiquiatra afirma que el mayor enemigo hoy de la estabilidad en las parejas es que no hay educación sentimental. “El gran error del siglo XX ha sido pensar que el amor es solo sentimiento. Es un error gravísimo, porque además es voluntad e inteligencia. Voluntad para trabajar el amor elegido e inteligencia para discernir cómo llegar a él”, dice. Cuando intervienen voluntad e inteligencia, el amor es maduro, y “no tiene fecha de caducidad”. Y cuando no intervienen, el amor es inmaduro, y de esos “hoy hay legión”.
El amor maduro, obviamente, se enfrenta con problemas, pero los supera: “Hasta el mejor matrimonio tiene que pasar varias revisiones médicas”, dice Rojas. Pero de esas batallas salen padres que pueden ser un ejemplo para sus hijos. “Un buen padre vale más que cien maestros; una buena madre es como una universidad doméstica”, dice Rojas. Eso si cumplen. “No se puede esperar que los hijos practiquen lo que no hacemos”. Y eso no es fácil, aunque sí muy estimulante: “Educar es seducir mediante el ejemplo, convertir a alguien en persona, educar en valores que no pasan de moda”, añade Rojas.
Desde luego, hay padres o madres que lo tienen más difícil. Los hogares monoparentales crecen, y eso es un problema. “Este colectivo no recibe ninguna ayuda. Tiene más dificultades económicas y los niños están en clara desventaja. Además, no está tan organizado como las familias numerosas”, señala Teresa Castro. Ante un entorno tan complicado, hay madres que se plantean abortar, aunque no quieran hacerlo. Para evitar ese drama han surgido instituciones como RED MADRE, que cada año libran a alrededor de 1.000 mujeres de situaciones auténticamente desesperadas. Las donaciones que reciben en esta organización permiten proporcionarles comida para los bebés, cunas, carritos, ayuda médica, legal, psicológica… En otro estrato se mueve Caritas, que ha pasado de atender las necesidades materiales de 350.000 personas en 2007, al inicio de la crisis, a 1,3 millones en 2013. Un ahorro considerable para las arcas del Estado. Aunque teniendo en cuenta que la familia es la célula básica de la sociedad, habría que preguntarse si no debería ser el Gobierno quien le hiciera la vida más fácil.