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Discursos que han hecho historia

Los grandes cambios sociales de la historia han solido tener detrás un gran discurso que los ha alentado o les ha animado a dar el paso decisivo para llevarlos a cabo. También hay discursos que han marcado el comienzo de una nueva etapa política o, en el siglo XXI, incluso tecnológica. Se han pronunciado en tiempos de paz o mientras se lanzaban bombas en territorios en guerra; algunos han sido breves y otros más extensos; los ha habido directos y llenos de retórica… Lo que sí es seguro es que todos, por una razón o por otra, han emocionado a miles de personas.

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Nelson Mandela

Dedicó su vida a la defensa de los derechos humanos y la igualdad entre blancos y negros en Sudáfrica, y por ello será recordado para siempre. A causa de un chivatazo de la CIA, Mandela fue arrestado en 1962 por incitar a la huelga y a salir del país sin permiso. Fue condenado a 5 años de prisión. El gobierno, no contento con esta condena, presentó cargos adicionales en los que alegaba sabotaje y conspiración contra los dirigentes del país, lo que llevó a Mandela a ser condenado a cadena perpetua. Este discurso fue pronunciado antes de hacerse pública la sentencia y demostró una gran valentía al asegurar que, si en vida no iba a poder ver su ideal cumplido, estaba dispuesto a morir por él.

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Martin Luther King

Aunque Luther King pronunciara múltiples discursos, I Have a Dream es, sin duda, el que más impacto causó entre la población norteamericana. Aunque, en aquel momento, las 200.000 personas que lo presenciaron no imaginaban la repercusión internacional que iba a tener. Este pastor americano luchó por los derechos de las personas negras e hizo historia en 1963 ante el monumento a Abraham Lincoln, a quien hace referencia al principio de su discurso. Utilizó las mejores palabras que podía haber utilizado para defender la causa por la que estaba allí: los negros podían ser iguales a los blancos. Combinó el pasado con el futuro, para dejar claro que era posible alcanzarlo como ellos querían. Su gran capacidad de orador y las fácilmente reconocibles referencias que utilizó, lograron el éxito del discurso.

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Juan Carlos I

Si el 23-F fue un punto de inflexión en la historia de España, el discurso del rey Juan Carlos I la madrugada del 24 de febrero de 1981 no terminó de tranquilizar a todos los españoles que, todavía, no sabían que iba a pasar. Aunque a partir de ese momento se dio por fracasado el intento golpista. Por televisión, y en poco más de 20 segundos, declaró que rechazaba cualquier intento de golde de Estado. Tras varias horas de intensas llamadas, reflexiones y tensión, Milans de Bosch retrocedió en sus planes y fue arrestado, mientras que Tejero resistió hasta el mediodía del 24.

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Steve Jobs

Todos sus discursos impactaron, bien por su forma de pronunciarlos, bien por los progresos tecnológicos que presentaban. En cualquier caso, si este cerebro de la informática dio uno más relevante que el resto, fue el de una graduación en la universidad de Stanford en 2005. No aparece el personaje egocéntrico que muchos odian, sólo se ve una persona que tiene ganas de comerse el mundo y que cree en todas sus ideas y planes, avaladas por su conocido “no tengas miedo”. Como todos los discursos de Jobs, este también era emocional, demostraba la pasión que sentía por lo que hacía, planteaba problemas y les daba solución, simplificaba lo que quería decir para que fuera comprensible a todos los oídos, utilizaba la retórica para convencer con más eficacia y, sobre todo, contaba con una preparación previa de semanas.

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John F. Kennedy

Todo estaba listo para la gran aparición del recién elegido presidente. A pesar de los grados bajo cero y de la nevada que había caído, Kennedy decidió prescindir del abrigo. Dedicó meses a prepararlo y, en cambio, fue uno de los más cortos de la historia reciente de Estados Unidos: duró 14 minutos. Era enero de 1961 y deleitó con una oratoria sublime y exquisita, dejando una frase que ha traspasado las fronteras del tiempo: “no preguntes lo que tu país puede hacer por ti; pregúntate lo que tú puedes hacer por tu país”. Ganó las elecciones gracias a su exitosa campaña televisiva y se preocupó de que su rostro fuera enfocado en el momento de las grandes frases del discurso. Su asesinato en 1963 le convirtió en un mito.

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Franklin Roosevelt

La tarde del 7 de diciembre de 1941, el presidente Roosevelt recibió una llamada del Secretario de guerra Henry Stimson que le informaba del ataque a Pearl Harbor. Tras una reunión con sus asesores militares, el presidente redactó la solicitud al Congreso para declarar la guerra a Japón, y la respuesta afirmativa fue prácticamente unánime. Al día siguiente, Roosevelt se dirigió a la nación, a través de la radio, para dar la noticia; y a las cuatro de la tarde firmó la declaración oficial de la guerra. El discurso marcó una fecha histórica para el mundo entero y, como curiosidad, hasta 1984 no se recuperó el texto original del discurso del Congreso, ya que Rooselvelt se olvidó de llevárselo a su secretaria para que lo archivara y no se dio cuenta del fallo en el momento.

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Winston Churchill

“Sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor” fueron las palabras que hicieron pasar a la historia este discurso del primer ministro británico, en 1940, al principio de la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, no era la primera vez que se utilizaban: Theodore Roosevelt ya las pronunció en junio de 1897 en el Colegio de la Marina de Guerra de los Estados Unidos. Fue el primer discurso de Churchill como primer ministro ante el Parlamento. Era uno de los grandes dominadores de la retórica y con estas palabras supo convencer muy bien de que las estrategias y planes del Reino Unido ante la amenaza nazi eran las más convenientes.

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Abraham Lincoln

El 19 de noviembre de 1863, Lincoln dio su discurso más famoso en Gettysburg. Resulta paradójico ya que aquel día, sus palabras eran secundarias; las de otras personas, que habían vivido más de cerca la batalla de Gettysburg, durante la Guerra Civil estadounidense, tenían preferencia. El presidente se esforzó en defender los principios de igualdad de los hombres, plasmados en la Declaración de Independencia y definió la guerra como una nueva oportunidad de libertad para los ciudadanos. Existen muchas afirmaciones sobre el poco tiempo que Lincoln le dedicó a la preparación del discurso, pero la realidad es otra. Se interesó mucho en cuidar todas y cada una de las palabras que iba a emplear dada la importante carga sentimental que iba a reinar entre los asistentes. Su empleo de la retórica y su buena oratoria le consagraron en la historia moderna.

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Patrick Henry

Es considerado uno de los padres fundadores de la nación estadounidense. En los años 70 ya era muy conocido en su país y fue en 1775 cuando pronunció unas palabras que lograrían que se le recordara a lo largo de la historia. Ante la Convención de Virginia, reunida para decidir si sus tropas debían alzarse ante las británicas o no, Henry causó tal impacto con sus palabras que convenció a todos los presentes de que el momento de la guerra había llegado. Ese gran impacto se demostró después al comprobar que los asistentes no recordaban las palabras exactas y que habían sido los sentimientos los que habían estado a flor de piel durante el discurso.

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Frederick Douglass

La literatura de Estados Unidos del siglo XIX acumuló muchas historias autobiográficas de esclavos que lograron huir de la opresión y, entre sus autores, se encontraba Frederick Douglass. La suya se publicó en 1845 y no dejó de narrar ningún detalle de todas las maldades que habían tenido que sufrir los esclavos y confesó que, si logró escapar, fue porque aprendió a leer y a escribir, de manera autodidacta. Pulió sus conocimientos leyendo libros de oratoria y de retórica, las grandes aliadas de todos estos hacedores de discursos. Su discurso más reconocido fue el 5 de julio de 1852, un día después de la fiesta nacional de EE.UU. en Rochester, su ciudad adoptiva desde su libertad. El contraste entre la conmemoración de la independencia del país y las duras palabras que pronunció Douglass, haciendo un repaso a toda su vida de esclavitud, causaron un duro impacto entre los oyentes. Terminó de hablar recordando que mientras ellos estaban allí, felices por tener su tan ansiada libertad, más de cuatro millones de personas seguían siendo esclavos, viviendo en unas condiciones inhumanas.

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