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Cómo librarse del compañero pesado del trabajo

Cuántas veces, por las razones que sean, alguien no nos ha caído bien. Tratar con gente así es todo un problema. Y el mismo se puede hacer tan grande como una montaña cuando esa persona es un compañero de trabajo. Para que no te amargue tu día a día, te proponemos las siguientes soluciones.

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haberlos

HABERLOS, HAYLOS

Decir que alguien es un pesado puede tener muchas acepciones: lento, molesto, impertinente, que precisa mucha atención, difícil de entender y de soportar… Rara es la empresa en que no hay alguien que encaja a la perfección en alguna de estas definiciones. Como en botica, hay de todo. Están ahí, no son invisibles, ni se pueden hacer desaparecer como si de un truco de magia se tratara. Pero hay formas, y maneras, de hacer que este “problema” no se haga tan grande como el Everest.

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claroclaro

CLARO, CLARO, CLARO

En una empresa, uno, ante todo, es un profesional. Se pueden hacer amigos… y enemigos. Si vemos que la magia no funciona, que el ‘feeling’ con el compañero no existe, que no hay química entre uno y otro, no pasa nada. No se trata de ser amigos, sino profesionales, y de los buenos. Al fin y al cabo, se trata de una cuestión de emociones. Si uno es blanco, y el otro negro, no hay por qué cambiar los colores. Basta con dejar las cosas claras desde el principio: lo blanco es blanco, y lo negro, negro. No hay nada mejor que ser sinceros, dejar las cosas claras desde el principio.

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SIN DAÑO

Que dejemos muy claro desde el principio que el agua es clara, y el chocolate espeso, es una buena manera de mantener las distancias con ese compañero pesado. Pero, ¡ojo! Hay mil y una manera de hacer y de decir las cosas. Hay que ser sinceros, pero sin hacer daño, sin humillar a la otra persona, ni degradarla. Las cosas bien dichas, bien parecen. Y, a buen entendedor, pocas palabras bastan. Diciendo las cosas bien, en el tono justo, sin gritos ni alharacas, el mensaje llegará claro y alto. Si se hace al principio, si se marca el camino desde el primer momento, se tendrá mucho ganado.

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experiencia

APROVECHAR LA EXPERIENCIA

Seguro que en alguna ocasión se habrá preguntado por qué alguien le cae mal si, en definitiva, no le ha hecho nada. Ese nerviosismo suyo puede tener un antecedente, es decir, que esa persona le caiga fatal porque, en definitiva, le recuerda a otra persona con la que no tuvo una buena relación. Por eso, es importante conocerse a sí mismo para poder dar respuesta a este tipo de preguntas, y a otras de idéntica índole. Y una vez que se saben cuáles son los comportamientos que nos incomodan, lo lógico, lo natural, y lo beneficioso, es aprovecharlos en beneficio propio.

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POR ESCRITO

Fue un hecho que dio la vuelta al mundo. El rey Juan Carlos I, diciéndole a Hugo Chávez, la famosa frase: “¿Por qué no te callas?”. En muchísimas ocasiones, ese ser pesado es alguien que no se calla ni debajo del agua. Y hay que pararle los pies para que no nos ponga la cabeza como un bombo. Por eso, si su compañero de trabajo es de los que hablan, hablan, y hablan sin parar, una forma de frenar su dialéctica es decirle que se dirija a usted por escrito. Sea lo que sea. Y una vez la tenga en su poder, y si algo no le queda claro, se lo hará saber. Así, frenará su verborrea, ordenará su relación con él, y de esa manera, organizará mejor su trabajo.

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IMAGEN

Si una persona desde el primer momento nos entra cruzada, mal asunto. Quizás no sea problema de esa persona, cuya forma de actuar puede calificarse de normal, sino de nosotros mismos. Por mil razones. Quizás sea cuestión de prejuicios (no me gusta su forma de vestir, su corte de pelo, su forma de hablar…). Por eso, lo mejor es conocer es profundidad a esa otra persona. Bueno, no hace falta llegar a tanto, pero si es conveniente descubrir realmente quién es y cómo es. Quizás venga de otra compañía donde se trabajaba de esa manera en la que él lo hace. Ver a las otras personas con una óptica diferente, siendo conscientes que hace lo que no hace porque es así, no porque me quiera fastidiar, es un paso más para hacer que las aguas dejen de estar revueltas, y vuelvan a su cauce natural.

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trabajo

TRABAJO

¡Qué levante la mano quien haya llegado un lunes a la oficina, o al trabajo, y no haya hablado de algo que haya sucedido el fin de semana! Puede ser un partido de fútbol, una noticia que ha aparecido en televisión, un evento familiar… Hechos, y sucesos, que van más allá de lo laboral. Incluso hay quien, literalmente, nos hace un resumen de todo lo destacado durante esos dos días. Al trabajo se va a eso, a trabajar. Y a aprovechar el tiempo. Hay que intentar que las conversaciones sean meramente profesionales, que el pesado no le distraiga con la barbacoa que hizo el fin de semana. Eso no quiere decir que no se pueda hablar de ello, pero todo en su justo momento… y medida. Una barbacoa no puede durar horas y horas.

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telefono

TELÉFONO

Ahí está. Ya viene otra vez. ¿Cuál será la batallita que contará esta vez? No se asuste. Si le ve venir a lo lejos, cargue todo el armamento que tenga a su alcance. Y el primer ‘arma’ puede ser el teléfono. Ante su llegada, no lo dude. Agarre el auricular y finja que habla con alguien. Si le ve que está ocupado, es muy probable que dé marcha atrás en sus pretensiones. Si no es así, siga fingiendo hasta que dé media vuelta. Finja esta situación hasta que su compañero, “el brasas”, vaya a darle la misma a otro miembro del equipo. O, todavía mejor, vuelva a su sitio y se ponga a trabajar.

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SILENCIO

Bla, bla, bla. Y más bla, bla, bla. Cuando alguien se pone pesado, quizás lo que le apetecería era coger ese mismo teléfono y lanzárselo a la cabeza. O cualquier otro instrumento que tuviera a mano: un listín telefónico, la grapadora… ¡Violencia, no! Piénselo, pero no lo ponga en práctica. Hay algo todavía mucho mejor. Silencio. Opte por la callada por respuesta. Por mucho que hable, por mucho que le incomode, ignórele. Es muy posible que ante su silencio, y viendo su falta de ‘colaboración’ acabe por poner lo pies en polvorosa.

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amigos

AMIGOS

Supongamos que son varios los compañeros de trabajo a los que el ‘sujeto’ no les cae nadie bien. Pues ya saben: la unión hace la fuerza. Como en Fuenteovejuna, todos a una. Incluso pueden recurrir a una serie de señas para pedir ayuda: mesarse el pelo, descolgar el teléfono dos veces seguidas, dar varios toques en la mesa… Rápidamente vendrá otro miembro del grupo y le socorrerá: “Felipe, te llama el director”, “Felipe, reunión en la sala tres”, “Felipe, tienes un paquete en recepción”… Entonces el plomazo volará. Si después de todo esto, el plomazo sigue en sus trece, vuelve a poner todo en práctica otra vez. Es posible que a la segunda vaya la vencida.

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