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Cómo llevar la contraria al jefe sin que se note

Es la pregunta del millón: ¿Cuántas veces has querido decirle al jefe que no estaba en lo cierto? Y, además, sabiendo que tenías la verdad de tu parte. Pero quitarle la razón a un superior no es una cuestión baladí. Muchos son los motivos que llevan a callarte la boca, a morderte la lengua. ¿El primero de todos? Hacerlo puede ser causa de disgusto. Y más en tiempos como los actuales, donde el desempleo sigue siendo la principal preocupación de los españoles. Porque, hablar (aunque estés en lo cierto), no está bien visto por los jefes.

 

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COMUNICACIÓN CLARA

No está en lo cierto. No está en lo cierto. No está en lo cierto. Y, así, un día tras otro. Hay que reunir el valor suficiente para romper está bola que se ha haciendo grande. ¡Adelante! Evitar de manera continua este tipo de crítica (que no tiene que ser destructiva, todo lo contrario) puede llegar a provocar desmotivación, además de resultados nefastos en la productividad de la empresa a largo plazo. Si te decides a dar el paso, la comunicación debe ser siempre clara y directa. Nadie dice que sea fácil. Pero hay que intentarlo. Por el bien de todos.

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ACTITUD POSITIVA

Llegar a decir lo que uno piensa, y que la otra parte sea receptiva, es más fácil es aquellas empresas en las que existe un respeto mutuo. Donde se dialoga, donde se escucha, donde se está abierto a las opiniones de los demás, todo se hace de manera más sencilla. Hay que fomentar el uso de una comunicación asertiva para evitar imponer las opiniones. ¡Adiós al aquí mando yo! ¡No hay que avasallar! Lo esencial es intentar resolver los problemas de un modo justo. ¡Nada de tirar de galones! Aunque se sepa quien tiene la última palabra.

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PRECISIÓN

Una vez que se decide dar este paso, hay que tener muy claro lo que hay que hacer, y lo que se va a decir. Porque de nada sirve explicarse mal y titubear. Para empezar, hay que tirar a la cuneta la agresividad. ¡Gritos no! ¡Malas artes, tampoco! En la conversación hay que ser conciso y directo. Limpio como el agua clara. Eso no significa que hay que tener una actitud apocada. Hay que vigilar la propia autoestima. La confianza en uno mismo es la materia prima esencial para lograr el éxito.

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LENGUAJE CORPORAL

Si una imagen vale más que mil palabras, hay que tener muchísimo cuidado con el lenguaje corporal. De nada valen nuestras palabras si nuestro cuerpo no acompaña a las mismas en el mismo sentido. Porque el cuerpo también forma parte de los que queremos comunicar. Es decir, que no se puede estar defendiendo una ida mientras la expresión corporal la contradice. Y no perder la concentración. Perdernos ‘en los cerros de Úbeda’ será un tanto en contra nuestra.

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RAZONA

Una norma básica que nunca debe olvidar en el cajón de los recuerdos el empleado es que, en el despacho del jefe, debe ser un buen estratega. De nada sirve a la guerra si la técnica que se quiere utilizar no está bien definida y está acorde con el objetivo que se quiere alcanzar. Por eso, hay que ser muy, muy, muy minucioso con los argumentos que se van a exponer. Si, además, todo ello se puede ‘aderezar’ con pruebas (llámese informes, estadísticas, resultados…), la batalla será más fácil de ganar.

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sutileza

SUTILEZA

Decir sin decir es un arte. Pero no hay que abusar de él. Porque, al final, acaba siendo empalagoso. Eso sí, si tu superior es muy autoritario, las palabras amables pueden ser el primer paso para librarte de una reprimenda. ¿Qué hacer si las cosas van mal? Ya lo dijo el poeta clásico Virgilio hace ya más de 23 siglos, y desde entonces nadie ha sabido refutarle: “La fortuna favorece a los valientes”. Sigue su consejo. Tienes muchas cartas para acertar.

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meritos

 

MÉRITOS

Por muchas y variadas circunstancias, dependiendo del ‘enemigo’ que se tenga delante, a veces no hay más remedio que renunciar a la vanidad y al amor propio. Déjale a él que se apunte el mérito. Hacer pensar con preguntas a quien manda para que descubra sus errores por sí mismo es algo muy útil. Es de perogrullo: a los jefes siempre les complace llevar el protagonismo en la empresa.

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intermediario

INTERMEDIARIO

Si la distancia con el jefe es muy grande, hay muchos escalones entre uno y otro, no se lleva suficiente tiempo en la empresa para dar el salto, o por cualquier otra circunstancias, un intermediario puede ser de gran ayuda. Porque, en determinados casos, se puede delegar la misión en otro subordinado con quien tengas más afinidad y que sea éste quien le diga lo importante al jefe.

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actuar

ACTUAR

Hay que preparar la situación, elegir los ingredientes, cocinarlos y, por último, ponerlos en la mesa. Este símil culinario viene como anillo al dedo: hay que hacer las cosas bien hechas, con la materia prima oportuna, y darle el tiempo de cocción adecuado. Todo viene a colación porque precipitarse es una mala recomendación. Y como todo cocinero en ciernes, hay que empezar con platos (léase temas) más simples y sencillos para luego abordar otros temas más graves y complicados.

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paciencia

PACIENCIA

Esta palabra tiene una doble vertiente. Primero, tienes que tener en cuenta la tuya. Hay que cocinar las cosas bien. Si le das más fuerza al fuego de la cocina, no significa que se vaya a hacer mejor. Y, segundo, tienes que tener en cuenta la suya. Esta última no es recomendable que la agotes. Por eso es primordial que sepas calcular cuál es el grado de tensión. No olvides lo que dijo Napoleón: “Una retirada a tiempo se convierte en una victoria”. Ya tendrás tiempo de contraatacar.

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