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Así se transforma una idea en un negocio rentable

Existe un mundo de dimensiones siderales entre tener una buena idea y que ésta pueda ser concebida como un negocio rentable. Aquí te explicamos las claves que debe tener esa bombilla para que se mantenga luminosa y radiante y no forme parte del 99,5%, que es el porcentaje de ideas a las que acaban con los plomos fundidos.
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Tiene que dar dinero
¿Saben que concesiones como las autopistas son uno de los negocios más rentables que existen? Bueno, casi todas porque las radiales de Madrid son un mar de pérdidas. Pero estamos hablando de la excepción, la realidad es que a las firmas concesionarias trabajan con márgenes de beneficios que rondan el 40% sobre la facturación. Una buena idea no tiene que aspirar a tanto. Pero sin una rentabilidad que oscile en una horquilla que vaya del 5% al 10%, es necesario plantearse muchas cosas. Si no lo hace el sueño se puede convertir en pesadilla y acabar con los ahorros de cualquiera. Por eso es aconsejable no empeñarse en lograr lo imposible.
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Debe poderse fabricar
Lo normal es que las personas que tienen buenas ideas no sepan nada de procesos de fabricación ni de tecnología aplicada a las cadenas de producción. Por ese motivo, puede que una novedad tenga gran potencial pero que presente el problema de la imposibilidad de poder llevarla a la realidad y sea necesario esperar a la conquista del planeta Marte para encontrar la tecnología necesaria. El motivo no es otro que la falta de la tecnología necesaria para producir ese bien de manera cuantificable y con unos costes que no sean excesivos para nadie. La solución podría pasar por introducir variaciones en la idea que la hagan posible pero que no perjudiquen el sentido ni el objetivo final de la misma. Algo a lo que sin duda se puede llegar tras un estudio serio que debe ser realizado por el inventor junto con los proveedores y los fabricantes.
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Es necesario que exista mercado
Al emprendedor que se le enciende la bombilla de la que surge la idea genial le parece que aquello es un antes y un después en la historia de la humanidad. Pero puede que esa percepción solo la tenga él y otros pocos más. En esos casos, la genialidad se queda con escasas posibilidades de éxito ya que se convierte en un negocio de nicho. Este tipo de estrategia puede ser interesante para firmas más grandes y consolidadas con productos o servicios de gran consumo, que se expanden con otros formatos con soluciones más específicas. Pero quizá no sea la mejor idea para una empresa que empieza. El principal problema es que se quedará pronto sin posibilidades de crecimiento.
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Costes asumibles para los consumidores
A menos que su invento sea eso que la humanidad demandaba durante años, las ideas no deben arrastrar costes inasumibles. Si lo hacen repercutirán ese dinero extra en el consumidor final. ¿Resultado? El precio venta al público será tan excesivo que será imposible que el producto triunfe. Da igual lo bueno o revolucionario que sea. Las ideas rentables deben ser accesibles a la gente si no se convierten en objetos de museo. La única forma de vender alguna novedad por encima de un precio de mercado lógico es cuando se tiene por detrás el respaldo de una marca consolidada. Algo que, como es lógico, no posee nadie que pretende convertir una idea en una empresa con futuro y que sea rentable.
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Hay que estudiar el mercado y a la competencia
Todo está inventado. Eso es una realidad y en el mundo de los negocios también se cumple. Muy rara vez se logra crear algo que sea disruptivo. Existen excepciones como Nespresso que ha sido capaz de transformar el sector del café. Pero, lo habitual es que las novedades que se introducen en cualquier campo sean variaciones de otras. Esto nos lleva a que una buena idea siempre va a tener competencia. Y casi mejor. Si no es así quizá es que no tiene interés para la sociedad. De ahí que sea vital estudiar quiénes son las firmas rivales, cuáles son sus fortalezas, sus debilidades y qué armas tenemos para hacerlas daño. Hay que tomarse el mundo de los negocios como una competición deportiva en la que, como decía Luis Aragonés, solo vale ganar, ganar y volver a ganar.
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Es necesario dar a conocer la marca
La idea puede ser genial y revolucionario. Además es viable, se puede fabricar y no le cuesta riñón y medio al consumidor. Pero todo esto no vale si nadie sabe que existe. Para evitarlo lo mejor es rascarse el bolsillo e invertir en comunicación y marketing para dar a conocer la marca y la tecnología. Aunque se va corrigiendo, los inventores metidos a emprendedores suelen carecer de sentido comercial lo que condena al ostracismo a muchas soluciones interesantes. Un problema que tiene una solución muy sencillo en la actualidad. Internet y las redes sociales han democratizado la publicidad. Ya no es necesario invertir decenas de miles de euros en darse a conocer. Una buena campaña en redes sociales y en blogs especializados puede acercar el producto o servicio a los usuarios que pueden estar más interesados. Ellos, a través de sus propios perfiles, harán de voceros por cero euros.
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Que no haga falta estudiar un máster para utilizar el producto
Fíjese en esta imagen. Una idea puede ser muy buena pero si el mayor de estos hermanos no es capaz de sacar provecho de la misma estamos hablando de un posible fracaso. Quizá esta afirmación suene a exagerada. Pero lo que se tiene que quedar en la mente del emprendedor es que no se puede pretender que el mercado devore algo para lo que se necesitan horas de estudio. Los productos que busca la sociedad van enfocados a que les solucionen la vida. De ahí que lo que triunfa tenga la obligación de ser fácil. El mejor ejemplo lo tenemos en Apple y sus iPhone y demás productos táctiles. El sistema operativo de la casa de la manzana está siempre encaminado a evitar complicaciones a los usuarios. Tome nota de esta estrategia si quiere llegar a algún lugar.
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La importancia del socio
Los expertos en gestión de pymes siempre hablan de la necesidad que existe de buscar socios. Y no lo dicen solo por la idea de compartir riesgos, sino por algo más. Se trata de la complementariedad. Por mucho que cueste reconocerlo, una sola persona no puede ser experta en todos los aspectos que hay detrás de un negocio rentable. Quizá se puede ser un as de las ventas pero lo más seguro es que esa persona no sepa demasiado de managment o de finanzas. Para cubrir todos los frentes y arropar a esa solución genial en busca de encontrar el camino de la rentabilidad es vital contar con la colaboración de un socio. Si además esa implicación es económica, mejor que mejor.
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No lance un órdago
Las personas que quieren convertir su idea en negocio suelen cometer el error de arriesgarse demasiado. Entonces si el proyecto no funciona comienzan los problemas, ya que no hay nada que pueda frenar la caída. Para evitar esta situación es importante no jugárselo todo a una carta y tener siempre un plan B o C a la espera de saltar a la palestra. Así se logrará una seguridad mayor de triunfo. Y es que muchas veces las ideas no funcionan porque se adelantan a su tiempo. Para conseguir el éxito solo hay que esperar un par de años a que el mercado esté preparado. Eso solo se puede hacer si se tiene un colchón de seguridad que permite esperar.
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