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Cómo dejar de discutir con los compañeros

Son muchas las horas que una persona pasa en el trabajo. Por lo que, tarde o temprano, surgen los roces con los compañeros. Nadie quiere discutir con nadie, pero el conflicto acaba apareciendo. Y puede parecer tan grande como una montaña cuando, además, hay que trabajar codo con codo con ese otro. Si quieres seguir adelante, como si nada hubiera pasado, toma nota de los siguientes consejos.

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PUNTOS DE VISTA

Dos no discuten si uno no quiere. Esta frase, que más de uno ha escuchado a sus abuelos y padres, viene a resumir el origen del conflicto. Y el mismo no explota a no ser que se enfrenten dos visiones diferentes. El estallido se hace todavía más grande cuando una de las partes se cree sabedora de la verdad divina, y es el otro, y no él, el que tiene la razón. Seamos serios: esos puntos de vista que se defienden de manera apasionada en multitud de ocasiones están basados en suposiciones que son erróneas. Por tanto, y antes de convertirse en el dios supremo de la verdad, recapacite y haga acto de contrición. Es posible que sea el otro quien tenga a la diosa sabiduría de su parte.

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¿GUERRA? NO, GRACIAS

Los buenos contra los malos. Norte contra Sur. Indios contra vaqueros. No se trata de una guerra. Hablar, plantear opiniones contrapuestas, no tiene por qué ser el inicio de la tercera guerra mundial. Ni, mucho menos, hay que aniquilar al adversario por todos los medios disponibles a nuestro alcance. Lo peor que puede hacerse en estos casos es ver al otro como el gran enemigo a batir, el ogro al que hay que aniquilar. El conflicto, si surge, no debe plantearse como yo gano-tu pierdes. ¡Y yo voy a ganar! Es preferible, antes de dar el primer paso de sacar toda la artillería pesada, estudiar qué posibles soluciones hay para firmar el armisticio. Seguro que de entre todas ellas hay una en la que las dos partes salgan ganando.

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CONTROL

Puede ser que la otra parte utilice como arma de destrucción masiva su verborrea. Que sepa cuáles son tus puntos débiles y los ataque a diestro y siniestro. Eso te pondrá de los nervios, y hará que saques de ti tu lado más salvaje. Gritarás y gritarás. Error. Ante todo, mantén la calma y controla tus sentimientos. Tanto la ira, como el orgullo, son pecados capitales que no solo pueden volverse en tu contra, también en contra de la otra parte, y del propio conflicto en sí, haciéndolo más grande. Solución: respira hondo, controla tus emociones, y cuando estés solo, en un lugar donde nadie pueda oírte, descarga toda tu rabia.

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COMUNICAR

Otra frase que forma parte del lenguaje habitual de las personas es la siguiente: hablando se entiende la gente. Nada de y tú más, y tú más, y tú todavía más. En vez de atacar y atacar, es preferible preguntar. Muchas veces el conflicto surge de un hecho banal, de un acontecimiento tonto, o de una mala interpretación. Y como en las partidas de ajedrez, ya estamos pensando en la jugada del contrario sin haber imaginado cómo será la nuestra. Si se pregunta a la otra parte sobre los motivos del conflicto, es posible que haya una razón que acabe convenciendo al contrario. Esta fórmula no debe aplicarse solo un día y ya está. También es válida para el día después. Porque es posible que haya algún tipo de rescoldo que acabe avivando el fuego. A la mínima hay que reaccionar… y preguntar.

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silencio

SILENCIO

Ya lo dijo el gran Pio Baroja: el silencio es el único lenguaje digno en algunas circunstancias. Sí, pero en otras no. Una de ellas es en los conflictos en el lugar de trabajo. Porque al callar, se otorga. Y ese otorgamiento no es sinónimo de verdad. Además, se trata de un remedio cortoplacista que puede aumentar la escalada armamentística. La mejor forma de entender a alguien es cambiando los papeles. Si nos ponemos en la situación del otro, es más que probable que entendamos lo que sucede. De esta manera, se responde mejor a las reacciones emocionales. ¿Se acuerdan del maestro Gila? “¿Está el enemigo? Pues que se ponga.”. Pues eso.

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¿Y SI ES EL JEFE?

¡Cuidado! ¡Campo abonado de minas! Si se permite la comparación, es como si Belice quisiera declarar la guerra a Estados Unidos. La batalla está perdida de antemano. Por eso, y si piensas que tienes que cantarle las cuarenta, piénsalo bien antes de dar el primer paso. Ten en consideración el tipo de jefe que es, cuál es su grado de madurez, y su potencia de fuego. Indaga si su reacción, que consideras injusta hacia tu persona, se ha debido a que se ha levantado con mal pie. Si finalmente descubres que no tiene un buen día, evita el contacto cuerpo a cuerpo. Es posible que al día siguiente las circunstancias sean diferentes. Incluso es posible que te pueda pedir hasta perdón por su comportamiento. Pero si éste continúa siendo perjudicial para ti, intenta comunicarte con él de manera sosegada y con buenos argumentos.

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ERRORES

De los errores se aprende. Corregirlos es sinónimo de madurez. Dejarlos pasar, como si nada, es un yerro que nos puede pesar. Volviendo a utilizar una frase mítica, rectificar es de sabios. No hacerlo, de tontos. Asimismo, puede servirnos para liberarnos de esas tensiones que nos atenazan como si de unos alicates se tratara. Por eso, aceptar los errores (que todo el mundo comete), si lo acompañamos con la propuesta de soluciones factibles, y dejando a un lado la ira, puede ser un cóctel de lo más beneficioso. Toda una coraza que te hará inmune a aquellos bárbaros que solo saben atacar verbalmente. Aunque sus palabras sean el colmo de la sinrazón.

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retirada

RETIRADA

Has hecho todo lo posible para que el conflicto no vaya a más. Incluso es posible que hayas dado tu brazo a torcer para que la situación no se enquiste. Pero, nada. El contrario, el contrincante, el rival, sigue como si fuera don erre que erre. ¡Que no te haga perder los nervios! Corta de raíz la partida… y aquí paz, y después gloria. Una retirada a tiempo, en muchas ocasiones, es una victoria. Y si el otro lo ve como una derrota, pues allá él. Hay que saber cuándo hay que retirarse, cuando hay que poner el punto y final para que la sangre no llegue al río.

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MUNDOS DIFERENTES

Una cosa es el mundo laboral y otra muy diferente el personal. Mundos divergentes, mundos contrapuestos, mundos equidistantes. No hay que mezclarlos. Deben ser como el agua y el aceite. Es posible que tengas diferencias con un compañero por motivos profesionales. ¿Quién no las ha tenido en su carrera laboral? Pero eso no es una frontera cerrada a cal y canto. Una vez concluida la jornada, la barrera se levanta. ¿Por qué no ir al bar más cercano y tomar unas cañas juntos? Fuera del entorno laboral puede ser más fácil plantear cada uno sus versiones y hacer posible un entendimiento. Y si no se quiere hablar de trabajo, dialogar sobre otros temas puede limar asperezas de cada al día siguiente.

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OTRO DÍA

Agua pasada no mueve molinos. La senda del mal debe dejarse atrás. Y hay que andar por nuevos caminos. Dicho de otra manera: nunca se sabe lo que puede pasar de un día para otro. Por lo tanto, conviene no arrastrar problemas y malos sabores de boca. Lo que pasó ayer, sucedió ayer. Hoy es otro día totalmente diferente. Si la lucha no aporta algo bueno, lo mejor es olvidarse de ella. ¿A alguien le suena eso de borrón y cuenta nueva? Pues a aplicarse el cuento.

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