Economía General

La increíble expansión de la Humanidad

En los dos últimos siglos el PIB mundial ha aumentado un 5.000%, la renta por habitante un 800%, y el número de personas un 500%. También se ha disparado la esperanza de vida, las exportaciones (que se han multiplicado un 500%)… ¿Por qué? Por un mayor capital físico y humano, por más y mayores intercambios comerciales, y por el desarrollo de las tecnologías. Es decir, que la economía mundial no ha parado de crecer.

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riqueza

RIQUEZA

Pobres. Así eran la inmensa mayoría de los ciudadanos hasta el siglo XVIII. Si miramos hacia atrás, desde el año 0, hasta el 1800, el Producto Interior Bruto (PIB) sólo había crecido ¡un 6%! Cifras que se dieron completamente la vuelta a partir de la I Revolución Industrial (1820). Los datos hablan por sí solos: entre 1820 y 2000, el PIB por habitante se multiplicó por 8,5, mientras que entre el año 0 y el 1000 lo hizo por 5,9, y entre el 1000 y 1820 por 4,5. Dicho de otra manera, el origen de la riqueza actual se debe a tres revoluciones industriales que impulsaron el progreso tecnológico.

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REVOLUCIONES

La prosperidad del Imperio Romano (año 0.200) se debió a la ausencia de guerras. Después, con las invasiones bárbaras (400-500), lo que se produjo fue una fuerte recesión. Durante los siglos XII y XIII hubo un aumento demográfico, mayor producción y crecimiento de las ciudades. Pero entre 1300 y 1400 hubo peste, sobreexplotación… A partir de 1492 comenzó la expansión europea en ultramar, que abrió nuevos campos al comercio mundial. Y así llegamos a la I Revolución Industrial, sustituyéndose el trabajo manual por el mecánico, lo que impulsó la producción. Y todo gracias a la máquina de vapor. En 1840 empezó a desarrollarse el ferrocarril, y en 1885 arranca la II Revolución Industrial, donde los protagonistas fueron la electricidad y el automóvil. Luego vino la gran crisis de 1929, la época dorada entre 1953 y 1970, la crisis del petróleo (1973-1979), y la III Revolución Industrial (1980), donde la informática e internet fueron las estrellas.

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PRODUCCIÓN

Durante el siglo XX, la renta real por habitante ha subido como la espuma, logrando un crecimiento desorbitado. Un dato: únicamente en esos 100 años, ha logrado crecer 3,5 veces más que en el conjunto de los diecinueve siglos anteriores. Un hecho todavía más reseñable porque, en el citado siglo XX, la población creció en 4.500 millones de personas, es decir, 3,6 veces más que en los 1900 años anteriores. Otro dato significativo: a partir del siglo XVII, el Producto Interior Bruto (PIB) por hora trabajada en la llamada Europa Occidental se ha alargado tanto como una goma elástica. Y es que pasó de 0,57 dólares en 1700 a casi 30 dólares a finales del siglo XX.

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PIB POR HORA TRABAJADA

Si tomamos como referencia el PIB por hora trabajada en Europa Occidental, en dólares de 1990, nos encontramos con que en el año 1000 éste era de 0,38. En ese primer milenio, el PIB mundial se multiplicó por 5,9 y la población creció por 6. Es decir, que el PIB por habitante descendió. Hay que llegar hasta el año 1700 para ver un lento crecimiento (0,57). Para ver la fase de despegue hay que llegar hasta la I Revolución Industrial. A partir de entonces, las sucesivas innovaciones tecnológicas y materiales hicieron que en 1913 ese PIB por hora trabajada llegase a los 3,12 dólares. Superadas las dos guerras mundiales, allá por 1950, esa cantidad alcanzó los 5,54 dólares, siendo de 16,21 dólares en 1973, y de 24,06 dólares en 1990. Todo gracias al alumbramiento de las nuevas tecnologías. A finales del siglo XX, era de 28,53 dólares.

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COMERCIO

Como una auténtica explosión. Así puede definirse el boom de los intercambios internacionales llevados a cabo durante los dos últimos siglos. Para corroborarlo, un dato basta: las exportaciones a comienzos del siglo XXI ya representan el 17% del PIB mundial. Eso supone que sean ¡500 veces más! que a principios del siglo XIX. El ‘culpable’ de tamaño desarrollo tiene nombre propio: la revolución de los transportes y las telecomunicaciones. Echando la vista atrás, allá por 1700, el comercio se realizaba básicamente entre la metrópoli y sus colonias. A mediados del siglo XX, los deseos de industrialización estimularon el intercambio de bienes entre países. Y, a finales del siglo XX, los países desarrollados mantuvieron una fuerte protección a los bienes y servicios procedentes de los países en desarrollo.

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TRANSPORTE

Que los transportes y las telecomunicaciones han sido claves, es de perogrullo. Por ejemplo, el progreso de la navegación transoceánica fue como una especie de pulmón para el desarrollo económico. Más, a partir del siglo XIX. La flota mundial estimuló los intercambios comerciales, entre otras razones, porque los buques adquirieron un tamaño hasta entonces nunca visto. Eso permitió dividir por tres el coste de los transportes marítimos. Otro medio de locomoción también fue clave: el ferrocarril. Fue una especie de catapulta para el crecimiento mundial. Por no hablar de la aviación. Desde 1950, el número de pasajeros se ha multiplicado cada año por 500 debido, principalmente, al auge del turismo, que ha dejado en un segundo plano a los viajes de negocios.

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NIVEL DE VIDA

Si echamos la vista atrás, vemos que allá por el año 1300 la esperanza de vida al nacer era de únicamente 24 años. ¿Poco? ¿Mucho? En otras palabras, la misma que había en Roma o en Egipto. No fue hasta el siglo XVIII cuando se ‘dio la vuelta a la tortilla’. Se escaló hasta los 33 años. Aun así, uno de cada tres bebés que nacían, morían. Grandes epidemias, como la peste, o la disentería, mermaban a la población. Sin embargo, a principios del siglo XXI, la esperanza de vida en los países occidentales llega a los 80 años. Todo gracias a los progresos en medicina y a la mejora en las condiciones higiénicas y laborales. Tal fue su impacto, que desde la I Revolución Industrial, hasta el año 2000, la esperanza de vida ha crecido diez veces más que en los dos milenios precedentes. Eso sí, todavía hay países, sobre todo en África, donde la edad media de vida no llega a los 30 años.

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POBLACIÓN

En punto muerto. Así se puede definir a cómo se mantuvo la población hasta el siglo XV. Pero la revolución industrial supuso todo un acelerón. Revisemos los datos: entre el año 1000 y el 1820, sólo se multiplicó por cuatro (pasó de 267 a 1.041 millones de habitantes). Pero es que entre 1820 y 2000, menos de dos siglos, pasó de 1.041 a 6.100 millones, multiplicándose por seis. Una de las razones fue la mejora de las condiciones de vida. Pero hay matices. Por ejemplo, desde finales del siglo XX, y por diferentes causas, en los países desarrollados se están produciendo un frenazo al número de nacimientos (métodos anticonceptivos, práctica abortiva…), algo que no sucede en los países del Tercer Mundo.

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MEDIO AMBIENTE

Como preocupante puede calificarse las emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera. Solo en los últimos 150 años se han multiplicado, ni más ni menos, que por 100. Es el elevado peaje que la Humanidad está pagando por el desarrollo tanto de la industria como de los transportes. Sus consecuencias puede llegar a ser funestas: el cambio climático. Con el fin de que el ‘agua no llegara al río’, se firmó, en 1997, el denominado Protocolo de Kioto. ¿Objetivo? Que los países industrializados, con la excepción de Estados Unidos, que se negó en redondo, redujeran sus emisiones de gases un 5% por debajo de los cosechados en 1990 para el periodo 2008-2012. Por desgracia, no se alcanzaron las metas previstas.

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MENOS BOSQUES

Si volvemos a tomar como referencia los últimos 150 años, y nos centramos en la superficie de bosques que hay en el mundo, el resultado con el que nos encontramos es de lo más desalentador. Y es que dicha superficie ha disminuido alrededor de un tercio. ¡Para echarse a temblar! Si nos centramos en la Península Ibérica, nuestros abuelos decían que las ardillas podían atravesarla, de norte a sur, y de este a oeste, de árbol en árbol. Hoy ese viaje es imposible. ¿Por qué el fenómeno resulta la mar de inquietante? Por la sencilla razón de que los árboles son el pulmón del planeta y absorben la contaminación de las fábricas o de los tubos de escape de los automóviles.

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