Empresas General

Los batacazos más comunes del emprendedor

El índice de mortandad de las nuevas empresas que se crean en España sigue siendo alto. Muchas son las causas que pueden llevar a ello: mala asignación de los puestos clave, inversión insuficiente, crecimiento veloz… Lo curioso es que, ya sean en crisis, o sin ella, los errores que se suelen cometer son siempre los mismos. Entre los más comunes, una errónea planificación, escasa formación, o pocos recursos. Si estás dispuesto a dar el salto, te mostramos donde debes ‘dar cera, y pulir cera’ para evitar darte el batacazo.

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QUÉ QUIERO

Es una de las principales piedras en el camino. Muchas veces se sabe qué es lo que se quiere crear, pero lo que no está tan claro es para qué se quiere, y si hay futuro para esa creación. Tampoco conviene dejar en el ‘banquillo’ la idea de que si, con ello, somos tan buenos para salir a competir al mercado. Es decir, que no basta con encender la ‘bombilla’, sino hay que tener muy claro si tenemos la suficiente ‘electricidad’ para hacerla brillar. Por eso, es conveniente, y muy pertinente elaborar un buen plan de empresa que nos haga circular por el carril correcto. No se trata de redactar una nueva Biblia, ni la Enciclopedia Británica, sino un texto bien estructurado, bien definido, que en el momento en que las cosas vayan mal, o nos salgamos del carril estipulado, nos haga volver rápidamente a la senda oportuna.

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FORMACIÓN

Elaborar caramelos con palo no es lo mismo que dirigir una fábrica se dedique a este menester. Dicho de otra manera, el emprendedor tiene que tener una buena formación para, así, poder crear, consolidar y poder hacer crecer el negocio que se tenga entre manos. De ahí que más de la mitad de las compañías que se crean, a sus mandos, tienen personas, o socios, con estudios superiores. ¿Qué quiere decir esto? Que nadie, absolutamente nadie, tiene la verdad absoluta. Ni sabe de todo. Por eso hay que rodearse de las personas adecuadas, expertas en determinados campos, que ayudarán a remar en la dirección correcta. Y si es necesario un salvavidas, lo echarán. Así funcionan las grandes empresas. Y así hay que funcionar si se quiere seguir su rastro.

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MARKETING

El emprendedor puede tener un producto que sea la ‘repanocha’. Una novedad mundial que cambiará el orden de las cosas. Pero si nadie sabe que existe, acabará en el cubo de la basura. Quizás no hay que descubrir la piedra filosofal para triunfar en el mundo de los negocios, pero lo que sí está claro como el agua es que un producto nunca se vende solo. Si el cliente, o los futuros clientes, no saben que existe, se diluirá como un azucarillo en un café. Hay que crear el producto… ¡y colocarlo en el mercado! Por tanto, hay que estrujarse las meninges y elaborar un plan de marketing y otro de ventas. De esta manera se le dirá al público por qué lo que se le ofrece es ‘la bomba’. Y situarlo en aquellos lugares donde pueda ser accesible. Venderlo en mitad del campo no puede ser una buena idea.

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A CADA CUAL, SU PUESTO

Como vulgar sabueso, el olfato empresarial nos sirve como impulsor de la idea que tenemos en mente. Puede ayudar, pero no es suficiente. Por eso, hay que tener el suficiente olfato (valga la redundancia) para elegir a las personas adecuadas y oportunas que nos ayuden a despegar y mantener el rumbo. Si no se hace así, es posible que la nave no levante el vuelo o, si lo hace, sea demasiado corto. Por tanto, hay que definir de forma diáfana qué puestos son necesarios y que características tienen que tener las personas que los ocupen para remar en la buena dirección. Hay que buscar personas que encajen en el perfil, no adaptar el puesto de trabajo a la persona que consideramos que es la idónea. Otro grave error del emprendedor es pensar que él es un imán que puede atraer todas las funciones en su persona. No saber delegar es sinónimo de fracaso.

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PLANIFICAR

Hay un dicho que todos conocemos: renovarse o morir. Y no solo es aplicable a las personas, también a las empresas. Por eso, cada cierto tiempo, es pertinente actualizar la imagen y el vestuario de la compañía. Si no se hace, lo más probable es que se le estén cortando las alas a las compañías. Todo evoluciona, y si nos quedamos anclados, no avanzaremos. Porque la competencia sí lo hará. De ahí que el emprendedor debe tener una vista de lince para saber detectar cuál es el momento oportuno para llevar a cabo el cambio, y el suficiente cerebro para efectuarlo en el instante adecuado. Dicho de otra manera: no se trata solo de reinvertir, sino de planificar (no de un día para otro, sino con la suficiente antelación). Y ahí entran en juego muchos campos: el material del negocio, el equipo, las acciones comerciales…

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estrategia

CONSOLIDAR

Uno de los pozos en los que suelen caer muchos emprendedores es pensar que el principal objetivo es crear la empresa. ¡Error! La meta inicial no es otra que consolidar, consolidar, y consolidar. Por eso, hay que coger los prismáticos, y pensar a largo plazo, poner la vista en el horizonte, cuanto más lejos, mejor. De ahí que tener los pies bien asentados en el suelo sea vital. Y eso se conseguir con una estructura sólida desde los orígenes. A partir de ese instante, la batuta debe guiarnos por la estrategia más correcta. Y la partitura es de lo más complicada: dominar el negocio, conocer el mercado, aglutinar un buen equipo de trabajo… Si alguna de las piezas se cae, el jaque mate se acercará a más y más velocidad. Como dice la ‘vox populi’, hay que saber distinguir lo urgente de lo importante.

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clientes

CLIENTES

No encontrar clientes es tan dañino como una bomba nuclear. Aunque se tenga un producto estrella, si nadie nos lo compra, no sirve de nada. Correcto. Pero tan peligroso como la marabunta puede ser tener clientes… que no sean los adecuados. Como también lo es el hecho de que haya un cliente importante, enorme, fantástico… pero que sea el único. Porque depender de uno solo puede ser muy dañino. Si le van las cosas mal, o encuentra a otro mejor, es el principio del RIP. Que uno, o unos pocos, marquen el ritmo, es como bailar en la cuerda floja. Los altibajos en la venta no se pueden predecir como el tiempo, ni evitar, pero si se pueden tener en cuenta y planificar para cuando lleguen.

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proveedores

PROVEEDORES

Muchos son los componentes que forman la espina dorsal de un negocio. Y uno de ellos son los proveedores. Tener los correctos, los adecuados, los indicados, puede ser un soplo de aire fresco que puede hacernos respirar a pleno pulmón. Pero los proveedores, la mayoría de las ocasiones, prefieren navegar en el mar con peces grandes que con peces chicos. Trabajar con una firma de menor tamaño presenta unas expectativas inferiores que si se hace con una más grande. Por eso, si las relaciones no son buenas, o no se cumplen sus expectativas, puede ser el principio de un divorcio dañino. ¿Cómo evitarlo? Ganándose su confianza a base de profesionalidad. Incluso puede hacérsele partícipe del negocio, lo que generará confianza y compromiso.

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SERVICIO POSVENTA

Ya tenemos el cliente, ya tenemos los proveedores, ya vendemos nuestros productos… y, después, ¿qué? No, no está todo hecho. Es más, queda una de las piezas más importantes del engranaje: el servicio posventa. ¿Se acuerdan del famoso ‘el cliente siempre tiene razón’? Pues eso. Serán muchos, diferentes y variados, y todos tendrán razón. Hay que tenerles contentos. Porque si se le vende el producto, y a posteriori se le ofrece un mal servicio, goodbye. Tener un departamento que sepa responder las demandas y las quejas de los clientes es esencial. No se trata de hacer una inversión bestial. Internet puede ser un buen medio para canalizar los sinsabores de los clientes. Además, al ser pequeños, la cercanía nos hará ser una especie de uña y carne con quien nos compra.

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exito

ÉXITO

Inflarnos como su fuéramos un globo debido al éxito tempranero puede tener consecuencias funestas. Porque el globo, al no estar preparado para asumirlo en poco espacio de tiempo, puede explotar. Todo a su debido tiempo. No tener una estrategia de crecimiento adecuada, y ‘engordar’ demasiado deprisa, es una manera de morir de éxito casi segura. Otros factores que pueden llevar al fracaso son la indecisión, la impaciencia, y el no ser oportunos. Por eso, hay que planificar, comprobar que funciona, y comenzar a andar. A andar, que no a correr. Dicho de otra manera: estar seguros de que el ‘invento’ funciona y consolidarlo. ¿Para cuándo crecer? Eso ya dependerá del tamaño de la empresa, y de sus intrínsecas características.

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