Empresas General

Los batacazos y errores que llevan a una pyme a echar el cierre

Muchas veces cuando se pasea por la calle sorprende contemplar como negocios que parecían ir bien han echado el cierre. En la mayoría de los motivos que llevaron a tomar esa dolorosa decisión al emprendedor se podrían haber evitado. Quizá hubiera bastado con echar un vistazo a este listado y no caer en los errores que aquí se comentan.
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Morir de éxito
Es uno de los errores más comunes en los que caen los emprendedores. Además, morir de éxito tiene la particularidad de que es un problema que pocas veces se ve venir. Y con toda la lógica del mundo. ¿Quién demonios va a pensar que aquello que nos supone ingentes cantidades de ingresos pueda conducirnos al cierre? Por desgracia, el mero hecho de no preparar una empresa para aumentar su tamaño origina que las cosas vayan mal. Pero no nos referimos solo a la demanda, sino a todo lo demás. Una empresa que factura 10 no puede tener el número de empleados que una que factura 100. Y tampoco puede estar en la misma. Ni conformarse con los dos o tres proveedores que tiene ahora. Todas las acciones de una firma deben encaminarse a acompañar el crecimiento. Si no, tocará echar la persiana para no abrirla nunca más.
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Creerse el gran gurú de los negocios
Seamos sinceros. Muchas veces los emprendedores se creen que lo saben todo. Y si la suerte les acompaña un poco empiezan a flotar en una nube. Muchas acaban por creerse los nuevos Steve Jobs de los negocios. Sentimos desengañarle. Como el fundador de Apple solo ha habido uno. Y tardaremos muchos años en volver a asistir al encumbramiento de un empresario que sea capaz de desarrollar soluciones que sean capaces de cambiar la vida de las personas. Así que ponga los pies en el suelo, baje de la nube y confórmese con lo que es, que ya es mucho. Si no lo hace su negocio se resentirá. Y sus productos o servicios mega o hiper revolucionarios acabarán cogiendo polvo en cualquier almacén por la sencilla razón de que nadie los quiere o los necesita.
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Arriesgarse en solitario
En el mundo de los negocios eso de mejor solo que mal acompañado no es una buena idea. Muchas veces las pymes fracasan porque detrás de ellas solo había una persona. Puede que ese emprendedor fuera un crack pero por sí mismo es imposible que pueda resolver todos los retos que surgen en el día a día de una aventura empresarial. Para evitar esto, es mejor buscarse un socio que complemente sus conocimientos. Si usted es experto en finanzas busque una alianza con otra persona que sepa de ventas y marketing. La unión hace la fuerza. La empresa agradecerá que en la cúspide de la pirámide haya más de un cerebro en funcionamiento.
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Tirar el dinero
Existen muchos ejemplos de emprendedores que no supieron qué hacer con los beneficios y acabaron dilapidando el dinero. Luego cuando éste era necesario para tapar agujeros se encontraron con los bolsillos vacíos y fueron incapaces de resolver los problemas. Por eso, en el mundo de las pymes hay que hacer como en la economía familiar antigua. Nada de arriesgar lo ganado. Es mejor guardarlo en el cajón y reservarlo para la llegada de las vacas flacas que, por desgracia, siempre llegan. Un buen método es el de reinvertir los beneficios en la propia empresa para ponerla a punto de cara a superar los retos del futuro. Eso es lo que suelen grandes empresas familiares.
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No saber reinventarse
¿Sabía usted que Samsung empezó siendo una pescadería? ¿O que Tiffany fue una papelería? ¿Y qué me dice de Peugeot que comenzó su andadura empresarial fabricando molinillos de café? Ninguna de estas multinacionales sería nada en la actualidad si no se hubieran reinventado. Esta lección también es aplicable a los pequeños negocios. Las pymes deben estar listas para cambiar de producto o servicio cuando comprueben que lo que están elaborando en la actualidad no les va a conducir a ningún lugar. Esta forma de pensar y de actuar choca en muchos casos con la mente del emprendedor que es el que tiene la idea y piensa que lo suyo es lo mejor. Empeñarse en triunfar con algo que nadie quiere es la mejor forma de acabar fracasando de manera estrepitosa. Así que olvide el orgullo y piense que en cualquier momento tendrá que adaptarse a lo que quiere el consumidor, que es el que le paga.
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Producir demasiado
En la mente de un emprendedor hay un concepto que debe estar grabado a fuego. Nos referimos al de ajustar la oferta a la demanda. Muchas veces para evitar problemas de suministro se fabrica de más. Luego las previsiones no son las correctas y las referencias que no se venden acaban ocupando espacio y suponiendo pérdidas en la empresa. Para evitar los conocidos como problemas de inventario es necesario saber con antelación lo que se puede vender. Y si al final se queda corto, tenga el proceso preparado para solucionar los problemas a la mayor brevedad posible. Esta forma de trabajar es la que llevan grandes multinacionales. El consumidor prefiere esperar un tiempo a que se reponga el producto. Y eso siempre será mejor que sentirse desbordados con sobrantes que originarán pérdidas millonarias y acabarán por clavar la tapa del ataúd de la empresa.
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Hacer caso de familiares y amigos
Otro error muy común de los empresarios es el de preguntar a familiares y supuestos amigos sobre lo que piensan sobre sus productos o servicios. No se le ocurra hacer caso a lo que le digan. Estas opiniones estarán influenciadas por la amistad que tienen con el encuestador y su resultado distará de parecerse a lo que opina el público en general. Para conocer la verdad sobre su catálogo no hay nada mejor que preparar un cuestionario anónimo y consultar a personas que no tengan nada que ver con usted ni con su negocio. De esa forma sabrá cuáles son las carencias y cómo puede ofrecer la solución que busca el consumidor.
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No hacer un plan de negocio
Es cierto que en los tiempos que corren es difícil encontrarse un negocio serio que no tenga detrás un plan de negocio. Pero lo crean o no, todavía hay muchos emprendedores que se lanzan a la aventura sin una pequeña red de soporte por detrás. Por eso, es necesario sentar las bases de la empresa, de sus retos, sus expectativas, sus cifras, su política de ventas y su cultura en un documento. Aunque si no se trata de cumplir tampoco servirá para nada y el cierre se convertirá en una triste realidad. Por eso no olvide nunca tener unos planes y busque la forma de cumplirlos. Será la mejor forma de sobrevivir a los primeros años en el mundo de los negocios.
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Concentrarse en un nicho de mercado
Otro de los problemas habituales que suelen acompañar a los cierres de las empresas es el de sentirse seguros con un número determinado de clientes y no buscar más. En otras palabras, conformarse con un nicho de mercado y no tener la intención de sentar las bases del crecimiento. Eso es un problema, ya que puede que la clientela actual sea fiel. Pero eso no quiere decir que pronto puedan encontrar otro lugar y le abandonen. Para prevenir este inconveniente y que no le suponga el cierre lo mejor es que ampliar horizontes. Así la pérdida de unos será compensada con la llegada de otros. No se trata de crecer por crecer sino de buscar la viabilidad de la compañía.
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No utilizar la intuición
Para terminar tenemos un problema que también afecta a las pymes. Nos referimos al mal que se puede originar cuando una firma se olvida del corazón y se centra solo en la razón. Los negocios son los negocios se podrá decir pero eso no implica que no haya un hueco para esas ideas locas. Quizá en alguna de ellas se esconda la solución para superar una supuesta crisis económica. Por dicho motivo, evite que un negocio se base en directrices 100% racionales. Deje a las corazonadas un pequeño espacio. Además de salvar la empresa en el futuro es una buena forma de pedir la opinión de los empleados e implicarles más en el negocio.
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