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Cómo salir de la empresa con la cabeza alta

Muchas son las personas que sienten que en su empresa, el trabajo que realizan, no está lo suficiente reconocido. Otras tantas son las que ven demasiada envidia, en los ojos de los demás, cuando son ascendidos. Si algunos de estos dos casos te están sucediendo, quizás sea el momento de que te replantees tu situación en la compañía.

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DECISIÓN ADECUADA

Desarrollar una carrera en cualquier compañía, sea la que sea, es algo complicado. Mucho tiempo en el trabajo, poco reconocimiento… pero llega la competencia y te tantea. ¿Qué hacer? Quizás sea el momento de buscar nuevos aires, de dar un giro completo a tu vida, y comenzar algo nuevo. Lo primero que tienes que hacer es ser concienzudo y metódico. Un buen consejo antes de dar ningún paso es que hay que saber diferenciar los hechos de los sentimientos. Dicho de otra manera, hay que aplicar la inteligencia emocional y poner en una balanza qué es lo que más y lo que menos le compensa con el cambio.

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PLANIFICACIÓN

Hay una premisa que debe grabarse a fuego: el cambio tiene que ser a mejor. Si no es así, lo mejor es borrón y cuenta nueva. Y si finalmente se toma la decisión de abandonar el nido, hay que planificar al milímetro todos y cada uno de los movimientos. Por eso, y antes de comunicar la decisión a quien corresponda, hay que tener atado (y muy bien atado), un precontrato con quien será tu nueva empresa. Una vez que no hay nada dejado al azar, es el momento de comunicar a quien corresponda (a tu inmediato superior, la mayoría de las veces) que te vas. Si es por escrito, y con una carta fechada, indicando el día en que se causará la baja, mucho mejor.

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EL MOMENTO

Dejar pasar las horas, o los días, para comunicar a tu superior tu decisión es una mala decisión. Como se suele decir, hay que coger el toro por los cuernos. Si tienes la posibilidad, que el encuentro se lleve a cabo fuera de la oficina. Porque, por ejemplo, en una comida, las tensiones se suavizan. Una vez puesta sobre la mesa tu marcha, es posible que la empresa te proponga quedarte. ¿Cómo saberlo? Si analizas la conversación mantenida con detalle es más que probable que acabes descubriéndolo. De esta manera sabrás al instante si cuentan contigo o no.

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ALIADO

Tu jefe es el primer paso que debes dar antes de hablar directamente con el departamento de personal. Por eso, es pertinente que actúes como si fuera Sherlock Holmes. Es decir, debes analizar, escudriñar, desvelar si tu superior te apoya en tu decisión de marcharte. Si es así, puedes estar convencido de que acabas de conseguir un aliado de cara a la citada entrevista con el departamento de personal. Eso sí, no pregones a los cuatro vientos. Hay que ser discreto. La razón es bien sencilla: si se entera toda la oficina, si se convierte en vox populi, es una forma de que tus opciones de negociar la salida se reduzcan drásticamente.

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CHANTAJE

No intentes utilizar tu salida, esa oferta que has recibido de otra compañía, como arma arrojadiza. Te puede salir bien, pero puede ser un arma de doble filo. Porque quizás esperes que sea el pistoletazo de salida para conseguir ese aumento de sueldo, o ese ascenso que tanto piensas que te mereces. Pero también puede ser un tiro por la culata. Porque es posible que piensen que es un chantaje en toda regla (incluso que esa oferta de esa otra compañía sea falsa), por lo que perderás toda la credibilidad que es posible que te hayas ganado con tu esfuerzo. Eso sí, si ellos intentan renegociar, no abuses, no dejes que el vaso con agua se desborde, a menos que sepas que tienes todos los ases en la manga para ganar.

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SOBRE SEGURO

Como quedó reseñado con anterioridad, una vez que das el paso, no hay vuelta atrás. Las dos salidas a las que te vas a enfrentar son las siguientes: o renegocias tu continuidad, o estás firmando el finiquito con la empresa. Si al final acaba sucediendo esto último, sal por la puerta grande, como los toreros después de hacer una buena faena. ¿Cómo? Si haces entrevista de salida, sé sincero, pero no caigas en el tremendo error de hacer sangre con los compañeros con demasiadas críticas o acusaciones. Quizás ese día pienses que no volverás. Pero quién dice que en el futuro no piensen en ti.

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ELEGANCIA

No, no se trata de que vayas hecho un pincel el último día de tu trabajo. Esa elegancia hace referencia a que estés centrado en tu trabajo hasta el último segundo. Trabaja como un león hasta que cruces el umbral de la puerta. Y despídete de todos aquellos que han estado contigo en la compañía desde el primer momento contigo, ya sean clientes, compañeros o jefes. Un buen consejo es que, a todos ellos, les hagas saber que te duele dejar la empresa, pero también que es el momento de iniciar un nuevo camino.

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DETALLE

El último día que pasas en la oficina no tiene por qué ser un mal trago para nadie, ni para ti, ni para los que te rodean. Por eso, y para endulzar el momento, es conveniente que invites a todos aquellos que han estado contigo codo con codo a un desayuno con pasteles, por ejemplo. De esta manera, lo que conseguirás es que el amargo momento del adiós no sea tan amargo (valga la redundancia). Eso sí, no seas un plasta y conviertas ese momento en algo de lo más empalagoso. Lo pertinente es que te vayas sin largas despedidas. Ni mucho menos que conviertas el momento en un culebrón.

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CONTACTOS

Una vez que has salido por la puerta, tampoco se trata de que digas: “ahí os quedáis”. Hay que ser de otra madera. Por eso, si te marchas, es positivo que mantengas las relaciones con aquellos que fueron tus compañeros. Eso sí, tampoco se trata de que estés cada dos por tres descolgando el teléfono y llamándoles. De vez en cuando, dar un toquecito, e interesarte por ellos, puede ser un as en la manga que, quien sabe, puede servirte de cara al futuro, sobre todo si las cosas no te salen bien en el otro sitio, tal y como tú pensabas. Arrieritos somos…

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grita

GRITA

Claro. Todo esto está muy bien si tu estancia en la compañía ha sido como navegar en una balsa de aceite. Pero, ¿qué sucede si esos días, meses o años, han sido como estar en un bote salvavidas en medio de la peor de las tormentas? La receta es de lo más sencilla: si te vas porque estabas hasta el moño, aguanta el tipo, y sé fuerte. Y únicamente cuando estés a solas, lejos de la oficina, y no te vea nadie, toma aire, llena a tope los pulmones, y grita todo lo fuerte que puedas. Seguro que, en ese momento, te sentirás liberado y te quedarás a gusto contigo mismo.

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