Empresas General

Marcas que son leyenda y que identifican una categoría de producto

Se podría pensar que convertir a una marca en el genérico es el sueño de cualquier director de marketing. Unas veces sí, otras no. Entre las ventajas destaca que todo el mundo asocia tu enseña a la categoría de un producto, como le ocurre a Typp-ex (castellanizado como tipex) en el campo de los líquidos correctores. Pero eso puede ser un inconveniente a la hora de diferenciarse de la competencia, como le pasó a Danone que cambió el nombre genérico de Natillas Danone por Danet.
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01-red-bull-okRed Bull te da alas y mucho más
Si alguien entra alguna vez en un bar, pub o discoteca y pide una bebida energética, puede que se encuentre con una extraña respuesta por parte de los camareros. Todos ellos están acostumbrados a que el cliente les pida un Red Bull. Si no trabajan con esa marca (lo cual es raro) ya se encargará el establecimiento de intentar vender al consumidor otras similares. Este ejemplo demuestra de qué forma el marketing aplastante y original de Red Bull ha logrado eclipsar al resto de competidores, convirtiendo su nombre en genérico de una categorías que cada vez es más consumida en el mundo. En 2013 la firma austriaca logró vender 5,6 millones de latas en los 167 países donde está presente. Y sus cifras no dejan de subir.
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Rimmel no es un genérico, sino dos marcas en una
La máscara de pestañas es otro de esos nombres que definen una categoría de producto y que han quedado eclipsados por la popularidad de la marca Rimmel. Pero esta enseña tiene además la peculiaridad de ser dos marca en una. Vamos a explicarlo. La primera máscara fue inventada por un empresario galo llamado Eugêne Rimmel en el XIX. La marca Rimmel fue registrada y hoy en día la empresa sigue existiendo. Muchos años más tarde que el francés, el químico T.L.Williams creó para su hermana, que se llamaba Mabel, el producto que conocemos en la actualidad. Era una derivación del invento original pero mucho más funcional. Su composición era polvo de carbón mezclado con vaselina de petróleo, lo que viene a demostrar que muchas veces es mejor no conocer de qué están hechos ciertos productos. Ojos que no ven… A pesar de eso, el producto fue y es un éxito y también fue el germen de la empresa Maybelline, convertida desde entonces en una de las principales firmas de cosméticos.

Una última curiosidad: la palabra rimel aparece hasta en el diccionario de la Real Academia Española. Un hito para una marca que es mucho más que un genérico.
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Walkman y Discman, inventos japoneses convertidos en genéricos y copiados de manera descarada
En los 80 y los 90 la multinacional nipona Sony era una hervidero de ideas geniales. Ahora también, pero quizá ninguno de sus últimos ingenios (salvo la PlayStation) está al nivel de popularidad alcanzada en aquellos maravillosos años. Era una época en la que cualquier avance tecnológico revolucionaba el mundo. El walkman fue uno de ellos. Era un dispositivo portátil donde se podían introducir los míticos casetes y escuchar música. La categoría era conocida como reproductores de audio estéreo. Pero cuando se iba a los Decomisos, todo el mundo pedía un walkman. Eso sí daba igual que fuera de Sony o de otra marca que no tardó en copiar el invento. En los 90, con la llegada del formato CD, Sony volvió a sacarse de la mano una marca que también se convirtió en genérico: Discman. Hoy, los dos cacharros ya no se fabrican pero se pueden comprar por eBay.
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¿Papel de aluminio? Nada de eso: papel Albal
Antiguamente, los alimentos se envolvían en hojas de estaño. Pero eso dejaba malos olores. Por eso en los albores del siglo XX se inventó el papel de aluminio. La empresa que estaba detrás era una corporación suiza. Pero la marca Albal no nació hasta la década de los 80. Los creadores del nombre fueron el grupo Melitta, que también fue la firma responsable del primer film transparente y de los filtros de café. A partir del momento en el que a estos alemanes se les ocurrió la denominación Albal, la sociedad dejó de llamar a este producto como papel de plata o de aluminio. La enseña se había convertido en genérico y así seguirá siendo durante muchas décadas más.
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Post-it: el ejemplo más clásico
Hay anglicismos que adoptamos al instante. Uno de ellos es el de post-it. Una palabra que cada uno pronuncia como le da la gana pero que entienden en todas las papelerías. Con ella definimos a los montones de pequeñas hojas de papel autoadhesivo que sirvan para apuntar tareas pendientes, teléfonos, etc. Pues bien, tanto la marca como el invento fue obra de la multinacional 3M (los mismos del Scotch Brite, otro genérico) que introdujo el producto a finales de la década de los 70. Desde el principio todo el mundo lo llamó como Post-it. Un nombre que también ha servido para identificar al resto de plagios del mismo producto que se pueden encontrar en las tiendas. Un problema que no ha importado a esta empresa que sigue considerando a estos tacos de papeles de colores como su gran invento.
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El Kleenex, un producto que tardó en despuntar
Los pañuelos de papel se inventaron tras la Primera Guerra Mundial. La responsable del producto, incluyendo la composición, y de la marca fue la multinacional americana Kimberly-Clark. El mundo anglosajón adoptó el producto con timidez pero con los años se acostumbró a sonarse la nariz con él. En España, tardó mucho más en triunfar. La posguerra no era el mejor momento de vender un producto que había que tirar tras un solo uso. Por eso, por estos lares se siguieron viendo durante muchos años más a personas con el típico pañuelo de tela. En los 70 y los 80 se produjo el despegue definitivo de los pañuelos de papel y el producto acabó encontrando su sitio en los lineales de los supermercados. El éxito ha sido tal que lo normal es encontrar múltiples copias de marca blanca al lado de los Kleenex. Una enseña que se ha convertido en genérico y que sirve para denominar a toda una categoría, sea o no el original de Kimberly-Clark. Por cierto, Kleenex es tan popular que también aparece en el diccionario de la RAE.
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Aunque no se lo crea, Tiritas también es una marca
Increíble pero cierto, las Tiritas también son marca. Un nombre tan genérico que define a una categoría, en este caso la desconocida como tira sanitaria autoadhesiva, también está registrada. El propietario es el Laboratorio Hartmann, que lanzó el primer anuncio de la marca en la década de los 50. El invento es de mucho antes. En concreto, de 1920, que fue cuando un trabajador americano llamado Dickson ideó las tiritas para evitar que su mujer se cortara mientras cocinaba. Probablemente este empleado no se pudo imaginar nunca que su idea sería utilizada en todo el mundo para tapar las heridas y que se convertiría en un negocio de miles de millones de dólares. Como es de esperar la palabra Tiritas está registrada en el diccionario de la RAE desde la década de los 80. Y es que no hay nadie que no sepa qué es este genérico.
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Frisbee: la curiosa historia de los platos voladores
En 1948, Walter Frederick Morrison inventó un plato volador al que bautizó con el desafortunado nombre de Pipco. En un principio el producto no tuvo éxito. Pero unos cambios de diseño y de nombre realizados por el propio Morrison en 1955 cambió la historia. Así nació el popular Pluto Platter. El inventor vendió la referencia a la compañía Wham-O y se dedicó a vivir de las rentas. La firma no tardó en cambiar el extraño nombre por el de de Frisbee. Con el tiempo el plato volador salió de los campus universitarios americanos y se paseó por las playas de medio mundo, donde sigue haciendo las delicias de mucha gente. Quizá por ello nadie conoce el nombre de plato volador. Todos han preferido quedarse con el genérico de Frisbee.
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Pan Bimbo, un genérico en peligro de extinción
Hace veinte o treinta años, solo existía una marca de pan de molde: Bimbo. Por eso todo el mundo bautizó a este tipo de pan con el nombre de la enseña. Pero la competencia ha ido en aumento y este invento de el grupo mejicano creado en la década de los 40 está perdiendo su hegemonía. Ahora se puede escuchar más palabras como pan de molde o pan de sandwich cuando se quiere comprar este producto. La española Panrico también ha ayudado a que este genérico esté perdiendo parte del poder que atesoró en el pasado. El motivo es que quizá no es un grupo estadounidense y carece del poder de promoción que suelen tener las multinacionales de aquel país. De todas formas, la pérdida de exclusividad no parece afectar a Bimbo que año tras año presenta interesantes novedades relacionadas con el clásico pan Bimbo que sirven para revitalizar el sector.
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