Economía General

El ladrillo, el gigante que hundió España, se levanta a duras penas

Aquel que dice que España es playa, andamios y coches no anda nada desencaminado de lo que ocurre en realidad. La construcción, el turismo y la industria de la automoción suponen el 29% del PIB y el 27% del empleo. Algo así como 290.000 millones de euros y cinco millones de puestos de trabajo. Teniendo estos números en la cabeza, resulta evidente que es fundamental conocer la situación real de estos pilares económicos. Los expertos nos cuentan la del ladrillo. Más adelante hablaremos de coches y turismo.
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Las consecuencias del desastre inmobiliario
Si echamos la vista atrás, y nos remontamos al comienzo de la crisis, comprobamos que nuestro gran problema durante todos estos años ha sido la construcción, que ha pasado de suponer el 12% del PIB y del empleo, al 7,8% y al 5,8%, respectivamente. Basar el crecimiento económico del país en un solo sector tiene estas consecuencias. Algunos avisaban pero nadie les hizo caso. ¿Consecuencia? España es el país al que más le ha costado -o todavía le cuesta, según se mire- salir de la crisis económica. De momento, ya van por siete años y la recuperación del empleo puede que se alargue otros cinco años más, según algunos estudios económicos.
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¿Se venderán las viviendas vacías?
¿Se ha tocado fondo? ¿Se conseguirá vender el enorme stock de viviendas que se construyó durante los años de bonanza? Los expertos no las tienen todas consigo. “La evolución está muy ligada al entorno macro y al mercado laboral. 2013 fue horroroso. Veníamos del fondo del saco y en 2014 se ha apreciado una leve mejoría pero no es suficiente para hablar de un cambio de tendencia. Que se dé más crédito es una condición necesaria, pero no suficiente. Si no remonta el empleo seguirá habiendo problemas”, asegura Jorge Ripoll, director del Servicio de Estudios de Tinsa. Toca esperar pero parece difícil que se pueda dar salida a todos los desmanes que se cometieron en los años del boom del ladrillo.
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¿Qué tipo de viviendas han perdido más valor?
Las viviendas de mayor nivel son las que han perdido más valor. Las que menos, las de una calidad intermedia, que están bien situadas. La localización es vital”, añade Luis Leirado, director de Operaciones Estratégicas de Tecnitasa. Por territorios, los expertos destacan un auge en las grandes ciudades y un parón en capitales de provincia y municipios importantes, que es donde la caja local de turno ha cerrado y se ha llevado gran parte de las posibilidades de financiación. Pero como decía Leirado la localización es fundamental en la actualidad. Aquellas bien situados siguen teniendo mayores posibilidades de encontrar comprador.
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Lo que no se va a vender en la vida
“En poblaciones como Madrid, Barcelona y Palma de Mallorca es donde se está notando algo de recuperación. Pero todas las promociones en manos de los bancos levantadas en el campo no se venden y no creo que lo hagan nunca”, sentencia Miguel Hernández, del IE Business School. La palabra ‘nunca’ quizá suene exagerada. Pero lo que augura la mayoría es que el remanente de 465.635 casas sin vender no seremos capaces de absorberlo hasta 2022. Y eso, con un bajada de precios del 35% desde el comienzo de la crisis, más otro 10% de caída que el ladrillo sufrirá en los dos próximos años. Muchos quizá se extrañen, pero de verdad ¿pensaban que alguien en su sano juicio se compraría una casa en un erial?
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Los optimistas que quedan
A pesar de la que está cayendo, algunos son un poco más optimistas y ven posibilidades de salida a nuestro infinito stock. “No espero más reducciones ya que hay barrios dentro de las grandes ciudades donde se realizan más transacciones y hasta empiezan a subir de valor”, comenta Darío Fernández, director de Residencial, Urbanismo y Suelo de JLL.

Como se puede ver, las dudas siguen flotando por este sector y lo único cierto es que solo las construcciones más ventajosas tienen posibilidades. “Las viviendas con menos salida son las terminadas que están situadas en barrios nuevos con poco dinamismo. Muchas de ellas están en manos de entidades de crédito”, corrobora Luis Leirado de Tecnitasa.
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La vuelta del alquiler
La ralentización en la compra de casas ha generado un fenómeno que no se recordaba en este país: el auge del mercado de alquiler. Crece un 20% al año y promete seguir haciéndolo en el futuro, ya que el porcentaje de españoles que pagan a su casero es del 17% frente al 38% del resto de Europa. “El incremento ha pillado por sorpresa a muchos, lo que ha originado que España no tenga todavía una industria en ese sentido, que debe ofrecer otro tipo de servicios diferentes a los que demandan los consumidores de inmuebles en propiedad”, asegura Luis Leirado de Tecnitasa.
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Una sociedad de divorciados que ya no compra
El incremento en las separaciones de matrimonios con edades comprendidas entre los 50 y los 60 años, la imposibilidad de obtener financiaciones del 100%, y los elevados diferenciales que tienen las hipotecas están siendo fundamental para el repunte del alquiler. “Otro punto que explica este fenómeno es que el demandante de vivienda es menos solvente que antes debido a la situación del mercado laboral. Y por eso se ha desviado a este campo”, explica Jorge Ripoll, director del Servicio de Estudios de Tinsa. “Durante muchos años no ha habido diferencia entre ser propietario o inquilino. Ahora sí que se nota más y por eso las parejas jóvenes tiran de este servicio”, añade Miguel Hernández, del IE Business School.
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El sentido de la propiedad se fue con la crisis
En los próximos años sabremos si se puede dar salida a los excesos del boom. Lo más seguro es que solo los mejores sobrevivan y encuentren comprador. Los pisos situados en la nada lo van a tener mucho más complicado. Lo que sí es seguro es el regreso del fenómeno del alquiler. Algo que no recuerdan ni los más viejos del lugar. Bueno, los muy mayores quizá sí. Durante las décadas 20, 30 y parte de los 40 del pasado siglo sí que estaba de moda alquilar casas. Pero con la llegada de la dictadura el panorama cambió. Franco instauró el sentido de la propiedad y desde esa época la sociedad solo parecía tener un sueño: poseer una vivienda en propiedad. Esta crisis ha terminado con más de 50 años de una moda que podría volver cuando retornen los buenos tiempos económicos. Pero da la sensación de que nunca será como antaño.
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