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Fracking: ¿solución energética o locura sin precedentes?

La técnica de extracción de petróleo y gas no convencional suscita polémicas. Estados Unidos apuesta por ella pero España todavía desconfía de su seguridad y de su rentabilidad. ¿Cuál es la realidad del fracking? Aquí te contamos las verdades y las mentiras de esta técnica que no deja a nadie indiferente.
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¿Qué es el fracking?
Nunca falla. Siempre que surge una oportunidad de negocio relacionada con la energía aparecen dos bandos enfrentados. Para ambos todo es blanco o negro. Si unos dicen que estamos ante una tecnología segura, limpia y rentable, los otros la atacan diciendo que es peligrosa, cara y sucia. Normalmente la verdad se encuentra en el término medio. Un hecho que también ocurre con el fracking, la última moda importada de Estados Unidos, que pretende revolucionar la exploración de hidrocarburos en el mundo.

Para empezar hay que definir de lo que estamos hablando. Este avance, llamado también fracturación hidráulica, es una forma de extraer petróleo y gas. La técnica consiste en perforar la tierra hasta una profundidad que oscila entre los 2.000 metros y los 5.000 y alcanzar una zona de rocas que es necesario fisurar para extraer el hidrocarburo. El problema es que estamos en un terreno compacto que requiere de la habitual perforación vertical y de otra horizontal. Una vez realizadas, se vertirá agua, arena y compuestos químicos a alta presión por el pozo para fracturar el terreno y permitir que el gas o el crudo fluyan hasta alcanzar la superficie.
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La polémica y las posturas enfrentadas
La rotura del terreno, además de que los trabajos se realizan a una profundidad mayor, es lo que diferencia al fracking de la extracción convencional y es el centro de todas las controversias. “Es un nuevo freno a las energías renovables, que alarga la pesadilla de los hidrocarburos. Se trata de un método que atenta contra el medio ambiente. Por un lado, los químicos que se utilizan contaminan los acuíferos. Por otro, emite metano, que es 25 veces más perjudicial que el CO2, con lo que nos encontramos con una fuente de generación más contaminante que el carbón. Y para terminar, genera sismicidad. Ha habido terremoto de más de cuatro grados que se han originado por el fracking”, asegura Julio Barea de Greenpeace. “Es totalmente segura. Es una tecnología que lleva funcionando en Estados Unidos desde hace 60 años por lo que a día de hoy es capaz de realizar las operaciones respetando la legalidad en el campo del medio ambiente. Y no hay que olvidar que España tienen la legislación más exigente en este sentido”, contesta David Alameda, director general de la patronal Shale Gas España.
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La verdad del fracking
¿Y cuál es la realidad? Como era de esperar, no se encuentra en los extremos. Como en toda tecnología, la clave está en hacer las cosas bien y de manera segura. En el mundo existen más de un millón de fracturas y, obviamente, ha habido problemas que se han ido solucionando, aunque no en su totalidad. “El boom tuvo lugar a principios del siglo XXI en Estados Unidos. Entonces había oscurantismo y ni se sabían con seguridad los fluidos que se utilizaban para generar las fracturas. Pero desde hace tres años las cosas han cambiado. La industria es transparente e informa de todo. Eso ha originado que no haya vuelto a haber un acuífero contaminado. Lo que no se ha solucionado es el problema de la sismicidad inducida, aunque se da a una escala muy baja”, asegura Roberto Martínez Orío, del Instituto Geológico y Minero de España.
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Peligros reales: terremotos
Por mucho que se quiera negar, el hecho de romper el subsuelo origina problemas. Así ocurrió en Reino Unido en 2012, con dos terremotos que superaron el dos de la escala de Richter y que llevaron al cierre de los pozos que trabajaban en la zona. Al otro lado del Atlántico, en el estado de Oklahoma, tuvo lugar el mayor movimiento de tierras con una magnitud de 5,7 en 2011. Al hilo de ese acontecimiento, el profesor de la Universidad de Columbia, Nicholas van der Elst, aseguró que “los fluidos en la inyección de aguas residuales en pozos están llevando fallas ya existentes a su punto límite“.
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¿Toxicidad?
Otro punto que genera controversias es la supuesta toxicidad. Para los ecologistas, se trata de una fuente de fugas de metano. Algo que, según un estudio del Departamento de Protección Ambiental de Pensilvania en Estados Unidos, ocurre en el 8,9% de los pozos. Otro informe elaborado por la Universidad de Texas, y que estaba pagado por nueve petroleras, afirmó que las fugas existen (más de un millón de toneladas al año), pero que eran menores que las que estimaban las autoridades americanas. Con todo y con ello hay que reconocer que estamos ante una técnica que contamina menos que el carbón y la mejor prueba de ello es la caída del 9% de las emisiones de carbono en Estados Unidos, la mitad de ellas generadas por el auge del fracking.
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Soluciones a los problemas
De todas formas, la industria es consciente de que tiene trabajo por delante y pugna por solucionar los problemas. Las técnicas actuales son mucho más fiables que las que se utilizaban antes. Ahora el pozo está protegido por tres tubos concéntricos de acero y cemento que aíslan el interior de los acuíferos y que limitan las fugas y la toxicidad. “Los americanos apostaron los primeros por esta técnica y son los que han sufrido los problemas. A Europa llega en excelentes condiciones de ser una opción energética de presente y de futuro”, añade Roberto Martínez Orío, del Instituto Geológico y Minero de España. En este punto no hay controversias.
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Los beneficios económicos
El gran ejemplo lo tenemos en el país del Tío Sam. Gracias a su apuesta por la extracción no convencional, Estados Unidos ha creado una industria que le aporta más de 60.000 millones de dólares al PIB y en la que trabajan 1,7 millones de americanos. Además, la extracción no convencional ha abaratado los precios de la energía y convertirá en exportador a finales de 2020 al país que más hidrocarburos compraba en el mundo. ¿Sería posible alcanzar un impacto semejante en España? “Estamos ante una oportunidad clara para bajar el paro y reducir la dependencia energética, lo que nos llevaría a aumentar la competitividad de las empresas, ya que el precio de la energía tendería a descender”, añade David Alameda, director general de la patronal Shale Gas España.
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¿Será bueno para España?
Según un estudio de Deloitte, la extracción de crudo generaría unos 250.000 puestos de trabajo y un aporte al PIB de 40.000 millones. Buenas cifras si se tiene en cuenta que el turismo (la primera industria nacional) aporta 62.000 millones anuales. También hay que mencionar que de concretarse, esta futura industria operaría en territorios atacados por la despoblación como la Cordillera Cantábrica, el norte de Burgos y algunas zonas de Castellón, Valencia y el País Vasco, que es donde se sabe que existe gas. El petróleo, por contra, está descartado. “El problema es que este país nunca se ha molestado en conocer los recursos del subsuelo. Pero ahora las petroleras sí que quieren investigar”, Roberto Martínez Orío, del Instituto Geológico y Minero de España.
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¿Cuál es la postura oficial sobre el fracking?
Los últimos cambios en la legislación, que otorgan al propietario del terreno un porcentaje sobre los beneficios de los pozos, indican que desde el Gobierno se apuesta por el fracking. Pero todavía falta mucho para saber si estamos ante una industria de futuro o si, por el contrario, nuestros hidrocarburos enterrados a gran profundidad son inviables desde un punto de vista económico. A pesar de lo que decía Bob Dylan, en este caso la respuesta no está en el viento sino en la tierra.
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