Economía General

Del Cayenne a Mercadona: así hemos cambiado en los últimos 15 años

Con la llegada del siglo XXI no solo compramos mejores viviendas, sino que nos permitimos el lujo de tener más de una. Los coches, cuanta más cilindrada, mejor. ¿El consumo? Por las nubes. Pero en esto llegó la galerna económica y todo se desmoronó como un castillo de naipes. Ahora toca remar para volver a ser lo que éramos.

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SENSACIÓN AGRIDULCE

Uno de enero del año 2000. El mundo respira tranquilo. Los fallos catastróficos que se auguraban por el llamado ‘efecto 2000’ se quedan en agua de borrajas. Ese año el Partido Popular logra mayoría absoluta en las elecciones legislativas, renovando José María Aznar su mandato; ETA sigue; España cierra la frontera al ganado procedente de Francia e Irlanda por el mal de las vacas locas; y arranca en televisión el primer reality show presentado por Mercedes Milá (Gran Hermano).

En aquellas fechas en las que el Deportivo de La Coruña ganó la Liga, y el Real Madrid la champions al Valencia (3-0), la economía volvió a crecer (por cuarto año consecutivo) a niveles elevados, en concreto, un 4,1%. “Lo hacíamos por encima de la media europea”, recuerda Rosa Duce, economista jefe de Deutsche Bank. Aunque también aparecieron los primeros síntomas de desaceleración debido al gradual debilitamiento de la demanda interna, el principal motor de la actividad. Ese fuerte crecimiento del PIB permitió una significativa creación de empleo (había 14,6 millones de personas trabajando), reduciéndose la tasa de paro hasta el 14,1%. Hoy, casi tres millones de españoles más disponen de un trabajo, pero el desempleo afecta al 23,2% de la población. “La sensación respecto a los últimos quince años, tanto para la economía como para la sociedad, ha sido agridulce. En términos globales, la gente está algo mejor, aunque es difícil de explicar porque lo malo ha sucedido al final”, sostiene Santiago Carbó, catedrático de Economía de la Universidad de Bangor y colaborador de Funcas.

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OTRO MUNDO DISTINTO

De media, cada persona consumía al año 64 kilos de pan, pastas y cereales; 57 de carne; 26 de pescado; y 81 de frutas. Bebíamos 97 litros de leche y comíamos 117 huevos, según datos del INE. ¿Mucho o poco? Poco si lo comparamos con los datos de 1980 (el descenso más acusado se dio en los huevos, un 60% inferior, aunque la tendencia se mantuvo en todos los productos, excepto en el pescado, que se mantuvo). ¿Y cuál era el gasto medio anual por persona en restaurantes, cafés y comedores escolares? 534,68 euros, muy por encima de los 135,87 euros del periodo 1990-91, y de los 170,28 euros de 1980-81. Del gasto total de los hogares, un 17,8% se dedicaba a alimentación (1.282 euros al año por persona). Carnes y pescado representaban el 40%, seguido de fruta, patatas, legumbres y hortalizas (17,6%). Y un litro de gasolina súper equivaldría hoy a 86 céntimos de euros, mientras que el gasóleo rondaría los 70 céntimos.

La llegada del euro fue todo un acicate para que subieran los precios. El mensaje de que se podría comprar lo mismo con el equivalente de pesetas a euros, fue todo un embuste. Fue en enero de 2004 cuando Capital comparó más de un centenar de productos de la cesta de la compra entre octubre y noviembre de 2001 y el mismo periodo de 2003. Y el resultado fue escalofriante. He aquí algunos ejemplos: un kilo de alcachofas, de 1,41 a 2,64 (+59,7%); un kilo de boquerones, de 3,82 a 5,87 (+53,7%); betún para el calzado, de 1,43 a 1,79 (+25,13%); la matrícula universitaria, de 704,8 a 791,3 (+12,2%); el café, de 0,84 a 0,91 (+8,7%)… También pagamos un 69% más por el metro cuadrado de la vivienda, un 45% más por un kilo de tomates, un 15% más por los pañales, o un 17% más por la caña en el bar. Y por si fuera poco, el Gobierno de José María Aznar aprovechó 2002 para subir las tasas oficiales un 2%, se elevaron los impuestos especiales, y el IVA del butano y las autopistas pasó del 7% al 16%.

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LLUVIA DE SUBVENCIONES

Varios son los factores que han marcado el camino por el que hemos transitado durante los tres últimos lustros. “La economía ha estado marcada por la pertenencia a la Unión Europea y la introducción del euro [1 de enero de 2002]”, indica Santiago Carbó. En torno al año 2000, el gran proyecto para España era Europa. Y la nueva moneda fue un auténtico reto. “Nadie nada por nosotros un duro, y nuestra incorporación se puede considerar una hazaña”, resalta Alejandro Navas, profesor de Sociología de la Universidad de Navarra.

La plena integración fue un motor que dinamizó la vida nacional. Durante muchos años no paró de llegar una lluvia de subvenciones. Dinero que, posiblemente, fue mal gastado. “No siempre se aplicó con el criterio de reducir diferencias con otras regiones, que era su razón de ser”, apostilla el profesor de la Universidad de Navarra.

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LLEGÓ LA CRISIS

Pero surgió la tormenta en forma de crisis, y ese viento a favor se puso en contra con el estallido de la burbuja inmobiliaria: se adoptaron medidas de austeridad, brotaron las tensiones… y esa ilusión que era Europa se desvaneció, perdió su brillo, su glamour. “La caída de Lehmann Brothers nos ha obligado a cambiar”, resalta la economista jefe de Deutsche Bank. Dicho de otra manera, subimos muy deprisa hasta 2007 y, a partir de entonces, hubo una corrección muy brusca. Por eso, ahora se está remando para colocar de nuevo la nave en las corrientes de aire que la impulsen hacia el crecimiento. “Se trató del ciclo expansivo más intenso de nuestra historia [15 años], pero también la recesión más profunda”, señala Juan Carlos Martínez Lázaro, economista de IE Business School. Aunque acota: “No es el periodo en el que hemos tenido crecimientos más altos. Eso sucedió entre 1960 y 1964, donde oscilaron entre el 7% y el 8%. Pero sí se trata del ciclo de mayor calidad”.

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EMIGRANTES Y TIPO DE CAMBIO

Los españoles ya no solo no tenían que salir fuera para ganarse el pan, sino que se atraía a mano de obra extranjera. “Llegó a ser el 12% de la población activa. En otros países también sucedió, pero fue más lento, no tan rápido”, indica el profesor del IE Business School. Y es que a diferencia de lo que le ocurrió a nuestros vecinos, cuyos flujos de inmigración fueron paulatinos en el tiempo, aquí todos llegaron de golpe, en la época del boom del ladrillo.

También, y por vez primera, tuvimos que hacer frente a una crisis sin poder utilizar una herramienta como el tipo de cambio tras la aparición del euro y la desaparición de la peseta en 2002. “Nuestra economía dependía mucho de la construcción, no era competitiva. Crecíamos con muchos desequilibrios. Ahora es más moderna, más equilibrada, donde la aportación del consumo, de la demanda doméstica, y del sector exterior, es más razonable”, manifiesta Rosa Duce.

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CIUDADANOS DIFERENTES

¿Cuáles han sido los efectos en los ciudadanos? Es como si por encima de ellos hubiera pasado un torbellino: una especie de montaña rusa en la que hacia arriba hubo mucho empleo y salarios muy atractivos, pero en la bajada ha llevado aparejados desempleo y congelaciones y reducciones de salarios. “El concepto mileurista se acuña en este periodo”, indica Santiago Carbó.

En esos primeros siete años de ‘vacas gordas’ (2000-2007), los españoles se lanzaron en masa a la compra de vivienda. Los créditos baratos impulsaron su desarrollo, a pesar de que hubo años en los que su precio sufrió incrementos cercanos al 20%. También fue la época en que más coches de alta gama se vendieron (se podría decir que hemos pasado del Porsche Cayenne al Dacia Sandero). El marketing estaba orientado al lanzamiento de productos, a nuevas innovaciones, a captar y vender. Pero llegó la desaceleración, y no quedó otro remedio que apretarse el cinturón. “Se modificaron los hábitos de compra, volviéndose más racionales, y se ajustaron los precios”, señala Teresa Serra, directora del Área de Marketing del IE Business School. Consecuencia de ello fue la apuesta por la marca blanca, o del distribuidor, y el desarrollo del formato descuento tipo Mercadona, Dia o Lidl. “Ha habido un cambio brutal tanto en los canales de consumo como en la forma de consumir”, señala Martínez Lázaro.

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OTRO TIPO DE CONSUMIDOR

En estos quince años, el consumidor ha cambiado muchísimo. “Se ha vuelto más escéptico y exigente. Está más informado y evalúa más tanto a los productos como a las marcas”, apunta Teresa Serra. Para ello cuenta con un potente armamento: la tecnología. Antes era más fácil captar su atención, ya que solo existía la televisión o la radio. Ahora, con internet, ya sea a través del ordenador, o del smartphone, es más difícil echar las redes sobre él. Gracias a la tecnología, puede comprar, evaluar e, incluso, pedir transparencia a las marcas. En sentido inverso, a éstas les permite la personalización y el trato directo.

Una muestra de esta vuelta de tuerca es la denominada economía colaborativa. “No soy partidario de llamarla de esta manera porque hablamos de personas que comparten sus posesiones pero cobran por ello”, matiza el profesor de Esic. Dicho de otra manera, el consumidor se convierte en competidor de su propio proveedor, es decir, de las empresas. ¿Resultado? Mayor competencia. “Antes, cuando alguien sacaba una innovación, dejaba atrás al resto. Hoy es más difícil. Por eso la batalla está en enamorar al cliente, en que sea fiel”, destaca Teresa Serra.

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DINERO Y FELICIDAD

La pregunta es: ¿Éramos a principios del siglo XXI más pudientes que ahora? “Nuestra renta per cápita es superior [en la actualidad es de 18.118 euros anuales, frente a los 13.196 euros de hace quince años]. Por tanto, somos más ricos pero también más pobres que en el año 2007 [19.599 euros]. Desde entonces, estamos recuperando parte de la renta, pero no toda”, matiza Juan Carlos Martínez Lázaro. ¿Y felices? “Seguramente sí. Éramos menos ricos, y nos esforzábamos más para serlo. Pero cuando uno llega a la cima, se relaja”, mantiene el profesor de Sociología de la Universidad de Navarra.

Además, la crisis y la corrupción, entre otros aspectos, han repercutido muy mal, haciendo cundir el pesimismo. “Posiblemente, en estos momentos no se ve una organización racional de la sociedad”, indica Blanca Muñoz, profesora de Sociología y Ciencia Política de la Universidad Carlos III. De ahí que haya un fondo de crispación, una agresividad latente. “Somos un país excelente, con una ciudadanía ejemplar, y con una clase política que no está a la altura”, añade Alejandro Navas.

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MENOS GASTO EN EDUCACIÓN

Ni más ni menos que un 8,4%. Es lo que descendió el gasto público en Educación en el año 2012 (46.606 millones de euros) respecto a 2011 (50.862 millones) según los últimos datos del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. Una caída que se da tanto en su vertiente no universitaria (-8,1%) como universitaria (-8,9%). Si nos referimos al porcentaje que representa del PIB, se sitúa en el 4,42%, por debajo de los tres años anteriores, y similar al destinado en la primera década del siglo XXI. “Estamos ante una emergencia educativa y eso es grave para nuestro futuro porque tenemos una generación muy pegada a las pantallas, que apenas lee y que no se esfuerza. Gente con poco espíritu crítico fácilmente manipulable”, afirma Alejandro Navas, profesor de Sociología de la Universidad de Navarra. Aunque matiza: “También hay otra minoría que se esfuerza, que viaja, y que sabe idiomas”. Mientras que Blanca Muñoz, profesora de Sociología y Ciencia Política de la Universidad Carlos III, subraya que “la universidad está en crisis porque se han eliminado los criterios objetivos y la valoración de las personas por su valía. Se ha introducido una visión de la vida, en general, que es aprovecharse de la situación y de los otros”.

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VIAJAR PERO DIFERENTE

En España, el turismo sigue siendo uno de los baluartes de la actividad económica. Eso no ha cambiado en los últimos tres lustros. Pero éste ha dado un giro radical. Por ejemplo, han aparecido viviendas privadas, plataformas de internet, hoteles urbanos de tres y cuatro estrellas de magnífica calidad… “Estos últimos, antes, era difícil encontrarlos. Y en el turismo de sol y playa ha habido una inversión fortísima y la calidad media ha subido”, subraya Ramón Estalella, secretario general de Cehat (Confederación Español de Hoteles y Apartamentos Turísticos).

También ha aparecido nueva oferta por el incrementos de los vuelos en los aeropuertos. “La costa del Sol, Huelva, el Mediterráneo, antes no estaban tan poblados de camas. En Tenerife, por ejemplo, se ha ido creciendo más hacia el sur. Si miras como estaba Ibiza hace quince años, y lo que es en la actualidad, no se reconoce”, concreta Estalella.

Alemanes y británicos siguen siendo quienes más nos visitan, pero la oferta se ha ampliado a otros mercados. También se han ampliado nuestros encantos (la gastronomía atrae cada vez a más personas). Además, los tour operadores han dado paso a los comparadores. El 98% de quienes viajan se informan por internet. “Cada día se compran menos paquetes vacacionales”, matiza el secretario general de Cehat. Respecto al turista autóctono, ahora está mucho mejor informado que antes, y hace viajes más cortos, pero más a menudo.

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