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El fundador de Lancia arreglaba bicicletas

De niño, Vicenzo Lancia, que nació en la localidad italiana de Fobello en 1881, era perezoso, distraído y mal estudiante. Su padre, Guiseppe, que había amasado una buena fortuna con la industria conservera, soñaba con que fuese abogado. Pero, dada la poca predisposición a hincar los codos de Vicenzo, no dudó en enviarle a un internado para que, al menos, acabase los estudios de contabilidad.

Sin embargo, más que por los números, Vicenzo se sentía atraído por el taller de bicicletas que los hermanos Ceirano tenían en el mismo patio de la casa de su padre. Allí se pasaba días enteros, hasta el punto de que llegó a convertirse en el mejor mecánico de bicicletas del establecimiento.

Como el taller iba “sobre ruedas”, los hermanos decidieron dar un salto cualitativo. Ya no arreglarían bicis, sino automóviles. Hasta fabricaron su propio modelo, el Welleyes. Todo un éxito… a medias. Eran incapaces de fabricar todos los pedidos que recibían. ¿Solución? Aceptaron la oferta del magnate y precursor de la Fiat, Giovanni Agnelli, de 30.000 libras por todas las instalaciones y patentes del Welleyes.

VicenzoLancia

Vicenzo, que entonces compaginaba la labor de contable y mecánico en el taller, fue contratado por la Fiat como piloto de pruebas. Un puesto que abandonó para fundar el 29 de noviembre de 1906, y junto a Claudio Fogolin, la Lancia & Company Fabrica Automobili, con un capital de 50.000 liras.

Su primer modelo, llamado Alpha, tardó dos años en ver la luz, e incorporaba un motor muy rápido en su giro para la época: 1.800 revoluciones por minuto, cuando los motores no pasaban de las 1.000 vueltas.

Y es que la innovación tecnológica ha sido una constante en la marca. Por ejemplo, el Theta, en 1913, incorporó por vez primera una instalación eléctrica integrada, mientras que el Lambda, en 1992, llevaba carrocería portante y suspensión delantera de ruedas independientes. Una curiosidad: ¿Por qué muchos modelos de la firma tienen letras del alfabeto griego? Fue un tío suyo, profesor de lenguas antiguas, quien le sugirió a Vicenzo bautizar así los coches.