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“Eres más fea que un Biscúter”

Allá por los años cincuenta del pasado siglo XX, este chascarrillo se hizo muy popular en España: “Eres más fea que un Biscúter”. A pesar de ser poco atractivo, este pequeño vehículo que medía 2,5 metros de largo por 1,10 metros de ancho, atrajo como moscas a los españoles que empezaban a motorizarse. Porque aunque no era bonito, era muy barato. ‘Sólo’ costaba el sueldo de tres años, es decir, 28.600 de las antiguas pesetas. Un chollo si lo comparamos con las 100.000 pesetas, o los 10 años de trabajo, que costaba adquirir cualquier otro vehículo.

Los promotores del ingenio fueron tres jóvenes de la empresa Autonacional, dedicada a la reparación de automóviles y construcción de repuestos y accesorios. ¿Sus nombres? Damián Casanova, Benito Jofre y Lorenzo Marco Sarrió. Los tres viajaron en 1953 a París para entrevistarse con Gabriel Voisin, ni más ni menos que el constructor del primer aeroplano que surcó los cielos de la vieja Europa. Pero no iban a hablar de aviones, sino de coches.

Biscuter

Porque Voisin, de 70 años, dedicaba entonces sus esfuerzos a hacer un vehículo para todos: el Biscooter. ¿Sus características? Era austero (su creador le quitó todos los accesorios innecesarios), liviano (su carrocería de aluminio hacía posible aparcarlo a pulso), con capacidad para dos o tres personas, movido por un motor monocilíndrico de 125 cc y, sobre todo, económico: consumía unos 4 litros “de mezcla” a los 100, y costaba la mitad que un Citroën 2 CV (un clásico junto al Renault 4 y el Seat 1400).

La reunión fue todo un éxito, y los tres españoles consiguieron la licencia para construirlo en España. Así, el 12 de febrero de 1954 comenzó la fabricación en serie en Sant Adrià del Besòs. Y no fue nada fácil. Porque hubo materiales, como los rodamientos, que se trajeron de Francia de estraperlo, escondidos en el interior de la rueda de repuesto.

Un mes después, el Biscúter ya rodaba por las maltrechas calles y carreteras españolas. El milagro lo hicieron posible los 220 obreros que fabricaron 300 unidades ese año. El éxito fue tal que, en 1955, se vendieron más de 2.000 unidades. Pero las modificaciones que sufrió el modelo inicial fueron el principio de su fracaso. Las nuevas versiones, con más peso y más caras, cavaron su tumba. En 1959, un Biscúter costaba casi 60.000 pesetas, y el Seat 600, 70.000 pesetas. En las Navidades de ese año, la fábrica barcelonesa cerró sus puertas.