Economía General

La esperanza está en Europa

Solo algunas personas como el profesor Juan Velarde son capaces de levantar la vista y calibrar con perspectiva las ventajas y los inconvenientes de la ubicación de España, algo crucial para nuestra economía. Como explica este catedrático, las grandes corrientes mundiales de tráfico marítimo se están ampliando, y eso es algo que nos ha favorecido. Hasta hace poco había dos importantes vías: la que conecta el norte de Europa con la costa este de Estados Unidos y la que circula entre la costa oeste de Estados Unidos y Asia. Las dos lejos de España. Pero el despegue de China, Corea, Singapur o India ha hecho que surja una tercera gran corriente, que abre paso al creciente poderío de los países asiáticos en Europa. Ahora estas tres corrientes envuelven a España, y la sitúan en un lugar estratégico que hace crecer el interés de inversiones extranjeras, por ejemplo en el puerto de Valencia. Aunque el profesor alerta de un peligro que puede expulsarnos de esa posición privilegiada: el deshielo del Polo Norte. “Entonces la corriente con el norte de Europa sería por el Ártico. Ya se han hecho experimentos y se tarda menos”, explica Velarde.
Mientras ese hecho ocurre, España saca partido de su localización -los expertos la llaman renta de situación-. Pero lo que esta realidad deja claro es que merece la pena estar dentro de Europa, uno de los grandes bloques que van a mover el comercio mundial.
Es indudable que nuestro país ha recibido mucho del continente. Desde que en 1986 entramos en la Unión, los fondos estructurales han ayudado a modernizar el país. “El AVE no existiría si no hubiera sido cofinanciado”, sostiene Miguel Puente-Pattison, portavoz de la Comisión Europea. A ello hay que añadir el dinero destinado a puertos, aeropuertos, y en menor medida, a autopistas y carreteras.
Nuestro nivel ha subido. El desarrollo regional ha crecido. Solo Extremadura sigue siendo considerada Objetivo 1, es decir, región desfavorecida. Nuestro PIB per cápita está por encima de la media europea, si bien es verdad que esta media bajó por la entrada de siete países del Este en 2004. También lo es que nuestra equiparación con el resto de países, imparable desde 1959, se frenó durante el Gobierno de Zapatero -entre 2007 y 20011-. Somos el país de Europa que más fondos pesqueros recibe y el segundo en el ranking de agricultura. “¿Habrían pervivido solos, sin ayuda de la UE, los pescadores de Galicia y el País Vasco?”, se pregunta Puente. Y en el caso del campo, añade el portavoz, se le ha ayudado “a sobrevivir, a no quedarse fuera del mercado por el empuje de los productos de los países emergentes”. La libertad de circulación facilita la llegada de turistas, que sigue creciendo. Y la existencia del fondo de rescate ha permitido que el sistema financiero español no se hunda, gracias a su inyección de 40.000 millones.
De cara a un futuro cercano, España podría beneficiarse de iniciativas como el Fondo Juncker, una inversión de 315.000 millones a la que nuestro país debería sacar partido a partir de septiembre. “España siempre ha digerido muy bien los fondos. Mucho mejor que Portugal, por ejemplo”, señala Puente-Pattison. El portavoz cree que tenemos posibilidad de recibir dinero para proyectos relacionados con la interconexión energética, donde sufrimos lagunas; los corredores de transporte, como el Mediterráneo y el Atlántico, y el tejido de I+D para pymes.
Además, Puente estima que nuestros sectores textil y agrícola aprovecharán el tratado de libre comercio internacional que Europa está negociando con Estados Unidos, aunque está claro que también sufriremos al abrir nuestras fronteras. Y habrá que ver si conseguimos sacar partido del Plan europeo de empleo juvenil. De los 3.200 millones que este plan tiene de dotación global, España se lleva entre 800 y 900, debido a nuestra escandalosa tasa de desempleo en este segmento. Las personas de entre 18 y 25 años que acrediten estar desempleadas pueden inscribirse en la sección de Garantía juvenil del Ministerio de Empleo y Seguridad Social -http://www.empleo.gob.es/es/garantiajuvenil/darsealta.html-. En cuatro meses deberían tener una oferta de formación, prácticas o un trabajo. La Comisión anunció en febrero un adelanto de la prefinanciación. Las comunidades autónomas tendrán 283 millones claves este año para impulsar la iniciativa.
A todo esto hay que unir que España seguirá recibiendo dinero de la UE en el periodo 2014-2020, algo que no estaba previsto. Nuestro país debería haber pasado ya al estatus de contribuyente, no de receptor. Pero la crisis, la caída de la renta de los españoles y la habilidad negociadora de Mariano Rajoy y Luis de Guindos han hecho que sigamos como receptores al menos en un periodo más. Los presupuestos de la UE se planifican para periodos de siete años.
Hasta aquí algunas de las ventajas más destacadas. Pero está claro que no todo el monte es orégano. El 70% de la inversión extranjera en España viene de Europa. El 50% de nuestras exportaciones va al Viejo Continente. Nos conviene que la región vaya bien, pero cuesta mucho que suceda.
En opinión de Juan Velarde, hoy por hoy se pueden distinguir cuatro europas. Una que está arruinada: Grecia. “No tiene ningún interés. Ninguna posibilidad. Complica la vida al resto de Europa”, dice el profesor. La segunda es la que no entró en el euro: Gran Bretaña, Dinamarca. “Les va muy aceptablemente. Es un dato que debe anotarse”, añade. A la tercera le va aceptablemente, pero con unos riesgos tremendos: Francia, Italia, Bélgica. “Si se ven sus datos macroeconómicos, se comprueba que les va muy regular. Portugal nos arrastra hacia ese grupo”, indica Velarde. La cuarta Europa respira aceptablemente bien. Está compuesta por Alemania y los países centrales, los escandinavos.
Como se puede comprobar, Europa no funciona de una manera homogénea. Ni mucho menos. “Cabe el riesgo de que aquella Europa que va mal, o a rastras, como es el caso de Francia, acabe arrastrando sobre todo a las economías que tienen fácil arrastre, que son las de la zona euro”, sospecha Velarde. “Los que están fuera de la zona euro se encogen de hombros. Tienen muy poca implicación dentro de la actual coyuntura europea. Están conectados con Estados Unidos y lo prefieren”, añade.
Que el conjunto de la UE no vaya bien, nos perjudica. Alan Greenspan, ex presidente de la Reserva Federal, piensa que Grecia acabará saliendo del euro. Pero al margen de que esto ocurra, Velarde cree que Europa necesita varias reformas profundas. La primera, una política fiscal común seria y con una autoridad evidente. “Dudo muchísimo que se produzca. Aquí no hemos sido capaces con las autonomías…”, dice. La situación espléndida sería la que ya se adelantaba en 1930: “Una vinculación económica seria en Europa no se puede hacer sin una unión política fuerte. Poner eso en marcha es dificilísimo”. “Se ha avanzado algo, pero no veo un impulso decidido en lo económico. En el plano político, se reúnen, y cada uno trata de llevar el agua a su molino. Lo mismo que aquí los andaluces no se solidarizan con los valencianos, ni los valencianos con los navarros, etc.”, añade el profesor.
Hay economistas, como Juan Ramón Rallo, que dudan de la viabilidad del proyecto, a la vez que lo ven necesario por las ventajas evidentes. “No me parece mal que en Europa no haya unidad política. Tendría otras consecuencias bastante peores. Pero el coste de no tenerla, de no poder intervenir presupuestos nacionales directamente desde el centro de Europa, supone que puedes tener un gobierno como el de Grecia, que dice que es soberano y hace lo que quiere. Y resulta que económicamente estás fuera. Es algo que puede pasar en cualquier parte”, señala el director del Instituto Juan de Mariana.
Tener unos mecanismos de supervisión sensatos sería bueno para la economía de la unión. Es algo distinto de un intervencionismo exagerado que ahogue la competencia. En opinión de Juan Velarde, el Estado, en este caso la Unión Europea, solo debería controlar cinco aspectos: la dignidad de las personas: que no haya explotación infantil, por ejemplo; el cuidado de bienes de mérito o aspectos que benefician a todos y no son contrarios a la libertad (no permitir que se construya una fábrica de cemento delante de la Catedral de Burgos, obligar a todos a que se vacunen de enfermedades infecciosas…); la agricultura: “La Ley de King dice que una buena cosecha hunde el campo. La curva de demanda es muy rígida, se traslada a la oferta y los precios caen en picado. El hundimiento llevaría a perderla. La PAC está bien planteada”; la industria de armamento: no se puede fabricar lo que se quiera y venderlo; y el sistema financiero. “Y se acabó. A partir de ahí, si una tienda quiere abrir a las 7 de la mañana, o dejar de fabricar zapatos para hacer camisetas, que lo haga”, señala.
El problema es que esa libertad no está tan extendida. Las normas no son uniformes en el continente. “Desde un punto de vista regulatorio, no es fácil empezar a operar en España y replicar ese modelo de negocio en Finlandia, Austria, Alemania, Francia o Grecia. Cada marco normativo es distinto. Las iniciativas comunitarias para tratar de armonizar la legislación en materia de prestación de servicios han sido continuamente bombardeadas”, señala Juan Ramón Rallo. “Si se estudian las estadísticas, como las que elabora el Fondo Monetario Internacional, se comprueba que hay diferencias en las facilidades o dificultades a la hora de crear empresas en los países europeos. Eso quiere decir que no estamos en un mercado homogéneo”, apunta Juan Velarde. “El hecho de que existan resistencias proteccionistas en Europa como consecuencia de la crisis frena que el mercado común sea”, añade el profesor.
Los grupos de presión tienen bastante que ver con todo esto. “Políticos de turno que quieren mantener su cortijo. Lobbies a los que no les interesa que se armonice la legislación y puedan venir de fuera a competir contigo. Se entrega el mercado a quien no es capaz de satisfacer las necesidades de los consumidores de una mejor manera”, agrega. “El mercado laboral en Europa está muy intervenido, y el energético no digamos. Es un sistema planificado por el político de turno”, explica Rallo. “El mercado financiero está enormemente copado por un oligopolio que es la banca. En Estados Unidos, la banca tiene una presencia residual a la hora de financiar empresas”, indica.
Estas dificultades para el libre mercado se juntan con una inversión de dinero público a la que Juan Ramón Rallo no le ve mucho sentido. “Millones de empresarios con capital no localizan oportunidades de inversión en Europa. ¿Qué posibilidad hay de que las encuentren un puñado de burócratas en Bruselas? Ninguna. En lugar de abrir el mercado para que esas oportunidades aparezcan, lo mantenemos cerrado. Pero como hay que invertir en algo, aunque no haya oportunidades de negocio, metemos un billón de euros, que es un despilfarro masivo”. Rallo lamenta además que, “si en este entorno hostil consigues crear una oportunidad de negocio, te esquilman a impuestos”.
El libre mercado está reñido con las subvenciones. “Si una empresa genera valor, no las necesita. Y si no lo crea, no las merece. Estás echando el dinero a un agujero negro. Justo no es, y eficiente, tampoco. Si le quitas dinero a quien sabe multiplicarlo y se lo das a quien no sabe, destruyes riqueza en términos netos”, dice. Tampoco le gusta la inyección de dinero que la Unión Europa ha impulsado a través del Quantitative Easing, o flexibilización cuantitativa. “Al banco le quema el dinero en efectivo porque no cobra: ha de pagar por él. Acaba dándolo a empresas o familias no por oportunidades de negocio, sino para mantener el solar de la economía europea. Se espera que algo salga bien, pero este es el caldo de cultivo para las subprime, los problemas de Grecia o los agujeros de los bancos”.
Está claro que Juan Ramón Rallo no es muy optimista con el marco europeo. “No todo es negativo. Aunque Europa no esté poniendo nada de su parte, el mundo va mejor, y, de rebote, se beneficia”.
Algo más positivo es Juan Velarde. En su opinión, Europa tiene una base de conocimientos tecnológicos suficiente para salir adelante de una manera aceptable. “A no ser que haya un conflicto bélico en el Mediterráneo, o nos perjudiquen más de la cuenta los problemas de Rusia, iremos mejorando poco a poco. Todos querríamos que sucediera más rápido. Hay casos como Grecia, Venezuela o Argentina. ¿Qué le vamos a hacer? Pero Europa, Estados Unidos y Asia aguantan, yendo para bien”. Siempre, también aclara el profesor, que no se produzca un cataclismo exterior en China propiciado por la burbuja inmobiliaria que ya se está sintiendo allí. Sería letal para la economía mundial.
Junto a todos estos factores externos está la incertidumbre en torno al euro. Juan Ramón Rallo no ve que los nubarrones que sobrevuelan la moneda, que amenazaron tormenta en 2012, hayan desaparecido. “Las palabras de Draghi diciendo que el euro es irreversible son un farol, aunque es un farol creíble. ¿Hará todo lo necesario para que Grecia no salga? Tengo muy serias dudas. Si quiere impagar sus deudas o aumentar su déficit público, no creo que vaya a financiar irrestrictamente todos sus caprichos”. Y este es un asunto importante: “Mientras ese marco de estabilidad monetaria no está claro, la capacidad financiera de que haya flujos financieros a largo plazo, internos en Europa, que no haya fragmentación financiera, se verá enormemente limitada. ¿Qué empresa alemana se iba a plantear invertir en Grecia ante la posibilidad de que saliera del euro”. Como ven, nos queda camino por recorrer. La esperanza está en Europa. Pero tendremos que estar a la altura del desafío.