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Los primeros kilómetros de Rolls Royce

Reyes, magnates, empresarios… todos han sucumbido a la elegancia del considerado el mejor automóvil del mundo. Una leyenda viva que se forjó hace algo más de un siglo, concretamente el 4 de mayo de 1904, en el hotel De Midland, de Manchester. Allí, Charles Rolls y Henry Royce estamparon su firma para crear la Royce Ltd y vender un nuevo automóvil: el Rolls Royce 15 HP, del que solo se construyeron ¡seis unidades! Su precio fue de 459 libras. ¿Su mayor defecto? Tan perfecto era que pesaba demasiado.

Y es que Henry Royce era exigente hasta la saciedad. “La calidad permanece largo tiempo, pero el precio se olvida”, solía repetir una y otra vez. Por eso, este ingeniero mecánico, propietario de una fábrica de grúas y dinamos, no soportaba los múltiples fallos de un coche Decauville francés que compró de segunda mano. Arrancaba cuando le daba la gana, vibraba, se recalentaba con asiduidad y, lo que más le exasperaba, siendo él un experto en electricidad, era que el sistema de ignición era absolutamente ineficaz.

Por eso se puso manos a la obra y, sobre la base del Decauville, creó un coche de dos cilindros que se caracterizó por su tremenda fiabilidad. Con un producto cinco estrellas, ya sólo le faltaba darlo a conocer. Para ello nada mejor que contar con un mito de la época, Charles Rolls, un aventurero aristócrata fanático de los coches de lujo que se dedicaba a la venta de automóviles y a batir récords mundiales de velocidad. Tan impresionado quedó Rolls que, literalmente, se lo pidió prestado para promocionarlo primero en Londres y, después, en la Exposición del Automóvil de París.

Spiritofecstasy

El éxito fue total. Pero faltaba la consagración. Y ésta vino con la construcción del modelo Silver Ghost (fantasma de plata), del que se construyeron 2.699 unidades entre 1906 y 1921. Silencioso, refinado y elegante, el apelativo por el que se le conoció lo dice todo: “El automóvil de los reyes”. ¿Y fiable? Nada mejor que probarlo por las retorcidas carreteras de Inglaterra y Escocia. Tras 2.000 millas, los inspectores del Real Automóvil Club lo desmontaron pieza a pieza para revisar los desperfectos. ¿Qué encontraron? Ni uno solo. Bueno, una pega. Era tan silencioso que sólo es escuchaba el tic-tac del reloj. “Estamos por solucionarlo”, fue la lacónica respuesta de sus creadores.

Tan perfeccionista era Henry Royce que cuando observó que algunos propietarios colocaban “inapropiados ornamentos” sobre el radiador, optó por encargar al escultor Charles Sykes el famoso Spirit of Ecstasy (Expíritu del Éxtasis). La figura, de siete pulgadas de alto, estuvo inspirada en Eleanor Thornton, secretaria (y, según las malas lenguas, amante) de Claude Johnson, entonces director gerente de la marca. Al ser plateada fue una pieza codiciada por los cacos.