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Inversores a la espera

Una conversación con un representante en Londres de un importante fondo americano deja clara la minuciosidad con la que abordan sus inversiones. Como es lógico, no se fijan solo en el crecimiento del PIB. Estudian hasta catorce métricas: tráfico de puertos, consumo de electricidad, formación de familias, inversión en publicidad, ventas de retail, ventas de coches… “Fuimos muy pesimistas con España hasta el año 2012”, relata el representante de este fondo, que prefiere permanecer en el anonimato. Pero en 2013 volvió la confianza. “Llegó un momento en el que vimos que el país había tocado fondo”, admite.

En opinión de este cualificado inversor, España posee una democracia que ha sido muy estable hasta ahora. “Italia no”, dice. Nuestro país tiene un tejido productivo con el que no cuenta Grecia, por ejemplo. Las infraestructuras funcionan. Las multas se pagan. Los delitos de corrupción se juzgan, incluidos los cometidos por políticos y la Familia Real.

A este marco de estabilidad se añade el inicio del movimiento económico. “El círculo virtuoso es más pronunciado en el sector inmobiliario. Desde el inicio vimos que no se trataba de cuatro locos que iban a por cuatro chollos. El volumen de dinero es elevado y hay bastantes tipos de inversores. Además, el sector bancario vuelve a dar financiación”, explica.

Lo normal sería que la buena dinámica continuara. Salvo que se enterraran las medidas que la hacen posible. Las empresas estadounidenses son un buen ejemplo de la importancia de reformas como la del mercado laboral. Su flexibilidad permite a Ford mantener en Valencia su base en Europa y a General Motors ubicar su fábrica en Zaragoza en lugar de en otras ciudades europeas. Los costes son más baratos y la cualificación de los empleados es muy bien valorada por los norteamericanos (no solo de los trabajadores del sector del automóvil, también de los ingenieros). Además, hay que tener en cuenta el cambio favorable euro-dólar. Todas estas ventajas se traducen en un interés creciente en España por parte de los fondos de inversión americanos. Cinco o seis de los grandes han preguntado con insistencia por nuestro país en los seis últimos meses. Sin duda, nos encontramos en un periodo de mayor intensidad. Estas firmas quieren aprovechar el momento soñado del inversor: cuando se ha tocado suelo y se empieza a subir.

Pese a estas buenas noticias, no todos lo ven claro. Los posibles cambios en el Gobierno y en la política económica les tienen a la expectativa. “La opción PSOE-Podemos es la que menos les gusta”, señala Antonio Roldán, analista de España y Portugal en Eurasia Group, principal consultora de riesgos políticos del mundo. “Sería una mala señal para la reforma laboral, la trayectoria del gasto y la evolución de medidas que favorecen la competitividad. Además, se traduciría en una mayor protección del mercado”, añade.

Pero este experto cree que Podemos no va a gobernar: “Seguirá la tendencia negativa que registra en las encuestas. Hay un agotamiento de la marca y una evidente debilidad del programa económico. La mejora de la economía no les ayudará y no es de esperar que aparezca un escándalo de corrupción mayor”. Al mismo tiempo, recuerda que “las locuras de Podemos han desaparecido, y si gobernara, estaría influido por el PSOE. No hay riesgo de nacionalizaciones masivas, por ejemplo”.

Roldán ha estudiado el paralelismo entre España y Grecia, y cree que las situaciones son diferentes. Allí el PASOK, equivalente al PSOE, ha sido engullido por Syriza, clon de Podemos, por no saber reaccionar. En España, el PSOE no pierde votos desde que llegó Pedro Sánchez, y Podemos sufre la competencia de Ciudadanos por el cambio. En cualquier caso, sí tienen interés las ideas que Roldán transmite a los clientes de la consultora. Entre ellos se encuentran los principales bancos de inversión y firmas de capital riesgo del planeta. Su preocupación era grande hace un año. “En los últimos meses ha ido a menos”, admite. Entre septiembre y noviembre del año pasado, Cataluña estaba muy presente. También Podemos, que subía un 5-10% mensual en las encuestas. Roldán recibía al menos una llamada todos los días preguntándole por el partido de Pablo Iglesias; ahora es una cada tres días. “La posibilidad real de tener un Gobierno como Syriza ha dejado de existir”, afirma. Y en cuanto a Cataluña, “no creo que el referéndum llegue a celebrarse”, sentencia.

En cualquier caso, mientras se define quién manda, hay que ver cómo afectan los planes de los políticos al interés del dinero. Cataluña cerró 2014 al nivel de 1993 en inversión extranjera. Este hecho tiene miga. “Demuestra el riesgo de los mensajes maximalistas. Los inversores se van. Lo que se dice en la prensa no cae en saco roto. La gente lo lee y lo recuerda”, señala Daniel Lacalle, autor de varios libros de divulgación económica y gestor de fondos de inversión en Londres.

¿Estamos hablando de miedo? No exactamente. Tampoco si nos referimos a los nuevos partidos. Es normal que las firmas se planteen invertir en un país en el que hay una serie de fuerzas que están introduciendo conceptos muy diferenciadores. “Oyes una política municipal que incluye una cantidad de posibles impuestos muy importante: subir el IBI, impuestos verdes… Todo eso afectará al análisis de una inversión y al riesgo beneficio o no”, explica Lacalle. Como consecuencia, “seguro que hay inversiones paradas. Hablo con mucha gente. Hace poco me contaban que se había frenado la compra de un porcentaje en una compañía renovable con una pata en el sector industrial y otra en ingeniería”. No es más que desconfianza. No miedo.

Para evitar estos problemas, Lacalle estima que basta con que “los partidos políticos que vienen dejen de decir salvajadas de las que luego tienen que arrepentirse, comentar que era una exageración o que no querían decir eso. La mayoría de los inversores se asusta con esos mensajes maximalistas”. En este saco pueden incluirse anuncios como el de la cacareada auditoría de la deuda. “Se interpreta que se guardan la opción de reestructurarla. ¡Pero si recientemente se ha estado prestando a España el dinero prácticamente gratis! ¡Hay que ser irresponsable para cuestionar deuda que se te da gratis! El país pasaría de no pagar nada en términos reales a abonar un 10-15%. Grecia paga casi el 13%. Sería un 10% menos del PIB para Seguridad Social, educación y prestaciones”, señala el inversor anónimo de Londres del que hablábamos en el primer párrafo.

En realidad, la confianza de los mercados es muy frágil, volátil. Conviene pensar qué se dice y qué se hace. En este sentido, la situación política es un inconveniente para la inversión extranjera. Pero hay otros. “El principal es el normativo. El primer escollo para crear empresas y riqueza en España es un proceso burocrático absolutamente kafkiano. El segundo es el impositivo”, asegura Daniel Lacalle. De hecho, desde la embajada de uno de los países que más invierte en España lamentan la ausencia de una ventanilla única que aclare a las empresas de su país el laberinto autonómico de un modo sencillo. Cualquier empresa extranjera que quiera invertir aquí ha de contratar 17 equipos de abogados para navegar por las leyes de todas las regiones autonómicas.

Probablemente es a lo que se refería Juan Rosell, presidente de la CEOE, cuando hablaba recientemente de “la orgía legislativa imparable” que se vive en España. Parece que se mide a los ayuntamientos por el número de leyes que ponen en marcha. Eso convierte la legislación en un guirigay insufrible para las empresas. “Queremos leyes estables y que duren mucho tiempo. Si cambiamos, que sea a mejor”, decía el directivo. La afirmación es perfectamente aplicable para las empresas extranjeras. Buscan lo mismo. También es verdad que a menudo se sitúan sólo en una región. No sufren varias legislaciones.

Es fácil concluir que las zonas más atractivas captan más la atención del dinero foráneo. El caso más significativo es el País Vasco. Es la zona que más ha crecido en inversión extranjera, aunque se mantiene por detrás de Madrid y Barcelona. “Las razones son obvias. El País Vasco tiene un entorno impositivo favorable que no ha eliminado ninguno de los políticos que ha accedido al poder”, concluye Daniel Lacalle. En cualquier caso, lo que está claro es que ha mejorado nuestro atractivo para la inversión extranjera. “En 2003 estábamos en el puesto 25 del ranking global. En 2013 ya ocupábamos el noveno”, señalaba recientemente Miguel Canalejo, presidente del comité del Círculo de Empresarios. No hay más que ver el crecimiento de la inversión por parte de fondos soberanos en los tres últimos años. Según un informe de Esade, han destinado a nuestro país 13.000 millones de euros en este periodo.

El Government Pension Fund Global (GPFG) noruego es el fondo soberano que más invierte, según el informe de Esade: 7.200 millones de euros en 2014. Un 15% más que el año anterior, con presencia en 73 cotizadas. Junto a él destacan otros, como Qatar Investment Authority, IPIC y Mubadala (Emiratos Árabes Unidos) y Temasek y GIC (Singapur). Son señales de la confianza de estas firmas en España. Habrá que ver si se mantienen. Si las condiciones cambian, el capital no duda en buscar un lugar más rentable. Pero mientras eso sucede, en diversos países europeos se ponen en marcha fórmulas para rentabilizar los conocimientos del Viejo Continente de la mano del dinero de los países emergentes. Irlanda ha creado un fondo bilateral tecnológico con China. Italia ha llegado a acuerdos con Kuwait o Catar para que ayuden a sus empresas a expandirse internacionalmente. Lo mismo ha hecho Francia con fondos soberanos de Catar y Emiratos Árabes. Recientemente en España se ha puesto en marcha una iniciativa parecida entre Cofides y el Fondo de Reserva General del Sultanato de Omán. Parece que esta es una vía para que nuestras empresas crezcan.

Habrá que ver los resultados, y si las condiciones permiten a los inversores seguir confiando en España. Quizá haya alguno que considere que el poder, sus decisiones, dominan el mercado. Pero es un error tremendo. Parece como si hubiera un resurgir de los voluntarismos ciegos, como si no hubiéramos aprendido de la experiencia de Zapatero. La realidad es que la confianza no se impone; se gana, y esta crisis económica es de confianza. Una cosa es ganarse a los votantes, y otra al mercado. El mercado es una realidad vital y móvil, no una teoría ya vista.