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Isetta: el coche con forma de huevo que reflotó BMW

Herida de muerte. Así estaba en 1955 la Bayerische Motoren Werke (BMW). Sus lujosos, espaciosos y costosos coches y motocicletas no estaban al alcance de unos ciudadanos que comenzaban a recuperarse de una durísima posguerra. Incluso Mercedes Benz pensó absorberla. Y no lo hizo por la aparición de un automóvil pequeño y práctico, alejado del lujo y las prestaciones de las que hasta entonces habían hecho gala sus vehículos y, sobre todo, al alcance de unos ciudadanos que demandaban formas más cómodas de viajar.

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BMW-Isetta

 

ORIGEN ITALIANO

Fue bautizado con el nombre de Isetta, un pequeño coche que medía 2,29 metros, y con un aspecto totalmente diferente al de sus antecesores. Además de su carrocería en forma de huevo, sobresalía por una puerta frontal por la que se accedía al vehículo. ¿Más sorpresas? Cuando se abría, también lo hacían el volante y el tablero.

Pero el tanto no hay que apuntárselo a los ingenieros alemanes. El inventó salió de la mente de Renzo Rivalta, propietario de la empresa italiana Iso Motor Italia. Su idea se la trasladó al ingeniero aeronáutico Hermenegildo Preti, quien acabó dándole forma. Para ello se inspiró en los aviones de carga de apertura frontal. Y lo presentaron en el Salón del Automóvil de Turín en 1953, y en el de Ginebra de 1954.

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DIFERENTES MOTORES

Fue allí donde un miembro de la BMW quedó fascinado por el modelo. El siguiente paso fue conseguir la licencia y fabricarlo en serie en Alemania. Así, de un plumazo, los males de la compañía, y el fantasma de la quiebra, desaparecieron. Curiosa paradoja: a una de las firmas más grandes del sector automovilístico acabó salvándola un modelo económico, de mantenimiento asequible, bajo consumo y práctico, muy práctico.

Los ingenieros alemanes tuvieron que modificar las plantas de ensamblado, perfeccionar la transmisión e incorporarle detalles como unos faros más redondeados, por lo que tardó un año en ver la luz. Primero lo probaron con el motor de 18 CV de la motocicleta R-25, pero el exceso de potencia hacía insegura su conducción. ¿Solución? Un motor de 12 CV que alcanzaba 85 km/h gracias a un propulsor de 250 centímetros cúbicos refrigerados por aire.

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DOS PLAZAS Y MEDIA

En su primer año en circulación, 12.911 alemanes disfrutaron de su manejo. Aunque su mejor año fue 1957, con más de 40.000 unidades vendidas. Apto para “dos plazas y media”, como rezaba la publicidad de la época, el conductor cambiaba de marchas utilizando una pequeña palanca instalada en el suelo, a su izquierda. Y la distancia entre las dos ruedas posteriores no llegaba ni a la mitad de la que separaba a las ruedas delanteras. Según la compañía, era “la solución ideal para todos aquellos que buscan un coche ágil y ligero con mínimos gastos de mantenimiento y fácil de aparcar o de guardar en el garaje”.

Su precio, de 2.550 marcos, atrajo a los trabajadores que, de media, tenían un sueldo de 90 marcos semanales. No era su único atractivo económico. El seguro obligatorio a terceros costaba 95 marcos, y el impuesto de matriculación se reducía a 44 marcos. “Menos que el precio de un perro salchicha”, según la publicidad de entonces. Dejó de producirse en 1962, después de haberse fabricado 161.728 unidades.

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