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Rajoy, Sánchez, Rivera e Iglesias. ¿Aprueban el examen para presidente? (y II)

Aquellos que hicieron el Servicio Militar seguro que recuerdan que en la cartilla militar había un apartado que ponía ‘Valor’. Y siempre se rellenaba con la siguiente frase: “Se le supone”. Lo mismo sucede con los políticos: deben saber comunicar su identidad y mensaje a través de su imagen. ¿La razón? Están expuestos casi 24 horas al día y se trata de una parte más de su discurso. Por eso es necesario que sean coherentes con su personaje, que se sientan a gusto y cómodos con dicha imagen. “Se recomienda evitar tanto una figura elitista, porque de alguna manera le aleja de la sociedad, como la dejadez en la indumentaria, ya que da lugar a un modelo de inseguridad y desconfianza”, asegura Sandra Bravo, socióloga y PhD de ISEM Fashion Business School. Según esta experta, los estereotipos izquierda-derecha sobre la ropa se han ido diluyendo en el tiempo y ya no hay tanta diferencia. “Lo ideal es equilibrar las cualidades de seguridad, seriedad y cercanía, pero lo que tiene que primar al final es el sentido común. La ropa no solo hay que ponérsela, sino también que hay sentirla”, recalca.

Mariano Rajoy tiene buena planta, lo que es un punto a su favor para lucir bien la ropa, sobre todo los trajes. “Su estilo es clásico, casi siempre con trajes y corbatas oscuras, y camisas blancas o claras. Físicamente es un poco rígido, poco natural, incluso cuando intenta serlo”, señala el socio director de Be-UP. Eso no significa que no haya evolucionado aunque manteniendo su esencia. “Principalmente en lo referido al corte de los trajes que utiliza, ahora algo más entallados y menos largos. También usa corbatas más estrechas que aportan pinceladas de un look algo menos conservador”, acota la PhD de ISEM. Incluso se ha atrevido a dejar de lado los zapatos mocasines. Sabe al partido que representa, y por eso no arriesga en su vestimenta. Correcto, en una palabra.

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Pedro Sánchez, por su parte, parece que no acaba de definir su estilo. “Va dando bandazos. En ocasiones parece que quiere transmitir una imagen clásica y seria mientras que en otras pretende parecer una persona informal y distendida. “No acierta con ninguna”, advierte Sandra Bravo. Se le ve con camisas de colores, cazadoras en vez de chaquetas, y pantalones vaqueros en actos más desenfadados, mientras que en los formales, y vistiendo de traje, suele cometer errores protocolarios como el hecho de desabrocharse la americana, llevar las corbatas demasiado largas, o una mala elección del calzado. “Es uno de los políticos más atractivos, tiene mucho potencial físico, pero no sabe sacarle partido”, confiesa la PhD de ISEM. Y Rafael Cabarcos añade: “Está como envarado, impostado. A sus trajes les falta una talla más”.

Eso no le sucede a Rivera, que encaja bastante bien en las prendas que elige. Su estilo es clásico, a la par que depurado, joven y moderno. “Es un político de derechas pero un poco más cool de lo que nos tienen acostumbrados el resto de candidatos. Y no es tan sobrio”, remarca Sandra Bravo. Acierta en la elección de trajes oscuros, camisas blancas y azules, y corbatas finas. Y también se le ve cómodo en blazer y tejanos en actos no tan formales. “Aporta una imagen de frescura y juventud en la clase política”, añade Bravo.

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Mientras que Pablo Iglesias se puede calificar como una especie de punto y aparte. Su imagen poco cuidada, que hasta se podría calificar de desgarbada, está muy cercana a sus votantes. Un estilo rebelde y poco habitual que puede estar acorde tanto con su personalidad como con el mensaje que quiere transmitir. “Pero no es correcto para un personaje público ya que, si algún día llegara a La Moncloa, tendría que cumplir una serie de protocolos”, puntualiza Sandra Bravo. Por eso, esta experta considera que debería optar por looks más depurados, sin perder su estilo, pero con connotaciones de pulcritud y transparencia. Así tendría mayor legitimidad política.

Una cosa es lo que se dice, y otra bien diferente cómo se dice. En general, se habla mucho, y se dice poco. Un juego de palabras que viene como anillo al dedo. “Las palabras se han pervertido de tal manera que resulta imposible saber lo que de verdad siente un político. Los comunicados, las ruedas de prensa, o los mítines, están demasiado encorsetados, todo parece un proceso mecanizado, la autenticidad ha desaparecido”, señala César Toledo, consultor de comunicación política y editor de analisisnoverbal.com. Frases hechas o poses mal ensayadas no logran conectar con el conjunto de la sociedad. Falta de espontaneidad y de transparencia emocional confluyen en los cuatro candidatos a La Moncloa. “Ninguno de ellos expresa la suficiente congruencia, empatía y asertividad para ser el gran líder de una nación del siglo XXI”, remarca Toledo.

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Yendo uno por uno, los expertos no dudan en calificar el lenguaje gestual de Mariano Rajoy como más bien gris. “Incluso, en algunos casos, es inadecuado. Por ejemplo, no controla los dedos cuando está nervioso”, apunta el director en el Master de Comunicación Corporativa de EAE. En sus apariciones públicas transmite inseguridad que se aprecia en los titubeos vocales, algunos tics nerviosos faciales, la manera de desorbitar los ojos, las sonrisas forzadas o los movimientos de las piernas. “Su mirada es como muy fija, penetrante, lo que no es sinónimo de cercanía”, resalta Juan Carrión. Es más que probable, y así parece indicarlo su actitud, que nunca haya dado ‘prioridad uno’ a entrenar su comunicación. “Todo lo que le hagan ‘ser que no es’ va a en contra de su credibilidad”, apostilla Adriana Kaplan.

Mientras que Pedro Sánchez tiene una sonrisa comedida automática, activa. “Pero cuando la cámara no le enfoca, la pierde, lo que induce a pensar que no es sincera”, recalca Violán. Quizás sea el menos malo de los cuatro en este ámbito, aunque le sigue fallando la naturalidad. “Su expresividad facial es demasiado forzada y su voz suena por momentos artificial. Por el contrario, tiene una postura estable y maneja con soltura el espacio y el tacto”, recalca el consultor de comunicación política.

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Quien maneja tanto la comunicación verbal como no verbal mejor que él es Pablo Iglesias. Aunque su imagen es menos universal y por eso pierde en la comparativa. Cierto que es más auténtico en sus expresiones, y que su conducta es muy congruente con su mensaje, pero abusa de una apariencia que solo agrada a una parte de la sociedad. Su forma de mirar, el uso de las manos, la exageración de los gestos, las subidas y las bajadas de tono… ahí es un maestro. “Tiene un problema con su entrecejo cuando enfatiza, que se confunde con la ira. Gana mucho cuando relaja la musculatura facial”, manifiesta Toledo. Mientras que Albert Rivera acierta en el contacto visual y la cercanía. “Su sonrisa es brutal, da mucha cercanía”, subraya el socio de Be UP. Sin olvidar su tono de voz y sus expresiones, que transmiten moderación. “Pero los movimientos de incomodidad de su cuerpo y los gestos adaptadores tocándose el cuerpo y la ropa restan seguridad a su imagen”, matiza Toledo.

Estos son los candidatos. Y estos son sus ‘poderes’. Con una economía cogida con alfileres se necesita un gobierno no fuerte, fuertísimo, para cumplir los objetivos que demanda el país. Deberá tener claras las ideas, y marcar muy bien las líneas rojas. Incluso, por qué no, echar otra mirada a los recortes. ¿Están capacitados? ¿Habrá que ir a alianzas de Estado? ¿Quién combina mejor con quién? ¿Un gran pacto político capaz de liderar ese cambio es la mejor solución? ¿Llegará? Su voto decide.