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El motor debe seguir funcionando

Se me pide la opinión de los empresarios acerca del año 2016 y de qué medidas debería adoptar el nuevo Gobierno en materia económica y social.

Lo primero que los empresarios solicitamos es que España siga acometiendo reformas y continúe siendo atractiva para los inversores, tanto los que estamos aquí como los que vienen de fuera. Para ello, las empresas, motor principal de la economía, han de poder desarrollarse. Son precisos, en consecuencia, marcos jurídicos claros y sencillos que faciliten la actividad empresarial. Es decir, entornos en los que se legisle menos y mejor, pues la legislación hay que mejorarla, no multiplicarla.

Es cierto que los datos económicos indican que estamos consolidando la recuperación pero también lo es que hasta el 2016 no volveremos al PIB anterior a la crisis y que, aunque se han creado más de medio millón de puestos de trabajo últimamente, se debe de conseguir que el proceso de creación de empleo se afiance. Lo que necesita continuidad de las reformas emprendidas, abordar nuevas y recuperar la inversión.

Precisamente, una parte importante de la rebaja en los Presupuestos para 2016 ha concernido a la inversión. Si tenemos en cuenta que en 2006 y 2007 estaba en torno a los 46.000 millones de euros, y vemos que este año no va a llegar a los 20.000, a nadie se le escapa que este capítulo queda escaso.

Europa
Pero, además, hemos de terminar de acostumbrarnos a tener siempre muy en cuenta la referencia europea, pues es el marco y plataforma en el que operan nuestras empresas. Estar atentos, analizar y participar en lo que ocurre “en Bruselas” es fundamental. Por tanto, el Gobierno que salga de las urnas ha de estar muy atento a lo que los empresarios de toda Europa están solicitando en materias tales como la inversión.

En este sentido, hay que mencionar la posición de la patronal europea BusinessEurope respecto del Plan de Inversiones para Europa, con el que la Comisión Europea y su presidente Jean-Claude Juncker buscan hacer frente a la caída de los niveles de inversión en un 15% con respecto a 2007 y generar más de un millón de empleos en los próximos tres años. Un plan que, precisamente, en estas fechas cumple un año.

Entre las trabas que los empresarios europeos encontramos a la hora de invertir y de asumir los riesgos inherentes a toda actividad empresarial, destacan la inseguridad respecto al compromiso europeo de apoyar la competitividad lastrada por una pesada regulación y burocratización y unos costes empresariales muy elevados. A estas dificultades hay que añadir regímenes fiscales que no favorecen la competitividad, altos precios de la energía, problemas para el acceso a la financiación o la complejidad de sumarse a proyectos de inversión público-privada, entre otras.

La desaparición de estos obstáculos, así como orientar la política fiscal y presupuestaria hacia la consolidación fiscal, coordinar las políticas tributarias, combatir las tasas de economía sumergida y reforzar la eficacia de las políticas de empleo para que den respuesta a las necesidades de empresas y trabajadores impulsando su conexión con la política educativa y formativa, son algunas de las medidas que aumentarían la competitividad de España, Europa y sus empresas. Sin olvidar que se debe fomentar el pulso inversor en I+D+i , la agilización de la Administración y apoyar el diálogo social, modernizando la negociación colectiva.

Todo ello permitiría un desarrollo rápido y eficaz de la actividad empresarial que traería, por ende, un mayor crecimiento económico y creación de empleo. No en vano, las empresas somos los verdaderos eje y motor de la economía.