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Si quiere comer carne roja o hamburguesas, pagará más impuestos

Los debates entorno al cambio climático, giran habitualmente en torno a la forma de generación de energía o las emisiones del cambio climático. Puntos donde parece claro que, la contaminación, está clara. Sin embargo, las medidas que se adoptan en torno a estos asuntos pueden no ser suficientes. Cada año las emisiones de dióxido de carbono suben, y los países deben buscar nuevas vías para intentar recortarlas.

Una investigación publicada en el diario BMC Public Health, asegura que hay que fijarse también en el cultivo de alimentos. Supone aproximadamente un tercio del dióxido de carbono emitido a la atmósfera y, por supuesto, podría ser objeto de nuevos impuestos.

Ahora bien, no se refiere a incrementar las tasas que pagamos por la comida. Al menos por la comida saludable. Se refiere a los cultivos que son particularmente contaminantes y que, además, suelen ser alimentos poco saludables como las carnes rojas. Se trata de implementar “pequeños cambios en la dieta de la gente”, explica el autor del estudio, Adam Briggs, para quien esto puede suponer un cambio significativo en la reducción de emisiones, incrementos en la saludad y una mejora de las arcas públicas.

Hamburguesa
Foto: Brent Lewin/Bloomberg

De hecho, en el Reino Unido últimamente los investigadores tratan de mantener los componentes contaminantes fuera de la atmósfera, pero también del abdomen. En los últimos años, muchos políticosse han centrado en explicar que la reducción de CO2 es positiva para la salud de los ciudadanos. El argumento esencial es que los residentes en las ciudades respiran aire contaminado y, por tanto, se van a beneficiar de ese aire limpio que conllevaría la disminución de emisiones.

Un argumento similar al que utilizan los autores del estudio que, junto a cada vez más voces en Reino Unido, llaman la atención sobre el impacto emisor de los cultivos y las ganaderías. Por tanto, la idea que proponen es una política con dos objetivas: luchar contra la obesidad y los alimentos poco saludables y reducir el cambio climático. Básicamente se trata de lograr reducir las emisiones de metano del ganado vacuno y ovino.

“El objetivo de este estudio no es convertir a la población en vegetariana”, explicaBriggs, un investigador sobre salud pública de la Universidad de Oxford. Nadie va a dejar de comer, porque hay muchísima carne que puede consumirse mucho más sana: cerdo, pescado, pollo… Que compensarían el recorte en vacuno y cordero.

La investigación estiman un impuesto del 20% en Reino Unido al azugar y las bebidas azucaradas. De este modo se logra aumentar la recaudación pública, al tiempo que se obliga a la población a optar por una alimentación más sana. (Ojo, porque el café y el alcohol quedarían exentos).

vaso de cola

Los resultados de este estudio mustran que un empuje en este sentido, puede tener grandes efectos en los cambios alimenticios de la nación. Para ello prevén cuatro escenarios. El más pronunciado: aplicar imposición sobre los alimentos que tengan una huella de CO2 superior a la media del país. El dinero recaudado se utiliza para fomentar el cultivo de otros productos menos contaminantes y más saludables, además de gravar las bebidas azucaradas. (Se muestran convencidos de que esto no provocaría un efecto regresivo entre la población más pobre).

Como resultado, los investigadores estiman que habría 2.000 muertes menos en el Reino Unido. Todo gracias a una dieta más rica en fibra y baja en calorías, a la par que se dejarían de emitir 16.5 mega toneladas de CO2.

Es un trabajo rigurodo. Ahora bien, en la agricultura intervienen muchos actores y factores. Bastantes más que en el sector de la energía y, por tanto, no es fácil trazar su huella en la atmósfera como lo es con el carbón. “Es muy complicado saber las emisiones que produce una hamburguesa”, asegura Jonathan Foley, director ejecutivo de la Academia de Ciencias en California. “Sabemos exactamente, en cambio, la huella que deja un litro de gasolina”.

Después está la deriva política. Si las presiones de la industria de la energía se incrementan a medida que se intenta cambiar la Ley y aumentar la lucha contra el cambio climático, algo parecido ocurrirá en el sector agroalimentario. Por tanto, el camino será largo.