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Un siglo vendimiando en familia

Allá por 1916, Juan Gil Jiménez dejó su oficio de trabajador de la piedra para hacer realidad su sueño: poseer una bodega en el centro de Jumilla. “Mi bisabuelo invirtió todos sus ahorros”, recuerda Miguel Gil Vera, actual codirector junto a su hermano Ángel. Sus primeros caldos tuvieron como materia prima uvas procedentes de viñedos de suelos pedregosos y calizos. ¿Su filosofía? Hacer un buen trabajo y llevar con orgullo el nombre de su marca. “La pasión por el vino y el amor a la tierra se ha ido transmitiendo de padres a hijos durante cuatro generaciones”, corrobora Miguel.

Fue la última generación, a finales de 2001, la que decide dar una vuelta de tuerca a su trayectoria. Tanto Miguel como Ángel involucran a los nueves hermanos. Fruto de ese trabajo, entre 2002 y 2005, triplican la facturación y empiezan la expansión allende los mares. Por ejemplo, en 2004 colocaron en Estados Unidos más de 75.000 botellas de un vino que el gurú Parker califica como “un gran burdeos a mitad de precio”.

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Entre 2004 y 2008 también continúan con una expansión en territorio nacional, creando diferentes bodegas en otras tantas diferentes denominaciones de origen (Montsant, Calatayud, Almansa, Zamora, Rueda). Después vinieron Rías Baixas, Campo de Borja y El Priorato, esta última prevista para 2017. Una inversión, entre 2009 y 2015, de 45 millones de euros.

“En los próximos cinco años queremos duplicar la facturación”, afirma Ángel. En la actualidad es de 31 millones de euros, cuyo origen está en 10 bodegas de 8 denominaciones de origen diferentes, 1.170 hectáreas de viñedos en propiedad, cuyos frutos son 8,2 millones de botellas. El número de trabajadores es de 150 personas, y el 75% de su producción anual ‘desembarca’ en 40 países diferentes. “Para continuar la expansión contemplamos invertir unos 30 millones de euros más en los próximos tres años”, concluye Ángel.