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¿La tecnología nos ha hecho perder la capacidad de esperar?

La incorporación de la tecnología en nuestras vidas ha cambiado radicalmente la manera de hacer y entender las cosas, la forma de relacionarnos con nuestro entorno y con las actividades más sencillas de nuestro día a día. También la forma de movernos. Antes era impensable que nos sirviésemos de una aplicación para taxi en Madrid, salíamos a la calle y ya pasaría uno.

Y los taxis, en realidad, siguen pasando. Siguen estando en las paradas que estaban antes y siguen viéndose con frecuencia en Sol cada sábado por la tarde. Lo que ha cambiado, más bien, ha sido la forma en la que nosotros lo concebimos.

Podríamos decir que mucha de esta transformación, en el caso concreto del sector taxi, ha sido impulsada por el paso del concepto de transporte al concepto de movilidad. Esto, desde el punto de vista más técnico y teórico, pero, para descender a casos de la vida cotidiana, el contexto es mucho más amplio y cercano y tiene que ver con todos los cambios que ha traído consigo la democratización de internet.

Internet, Google, las redes sociales y, sobre todo, los smartphones con sus múltiples apps, han convertido al individuo en un consumidor de servicios, noticias, información en tiempo real y multitarea.

¿Esto qué quiere decir? Coloquialmente, podríamos decir que el individuo ha perdido la capacidad de esperar. Ya no hay que esperar al día siguiente para conocer lo que ha ocurrido hoy en la política española o, ni siquiera, hay que esperar al telediario de la noche, se puede seguir todo en tiempo real en Twitter. Política, fútbol, noticias internacionales…pero también, gracias al whatsapp se puede decir en tiempo real que se va a llegar 10 minutos tarde a la cita o cambiar de lugar 10 minutos antes, impensable hace veinte años, cuando la capacidad de espera a los impuntuales rozaba la santidad.

La tecnología ha traído consigo, además, una especie de don de la ubicuidad. Actualmente se puede estar en una reunión de trabajo mientras que se cambia el ticket de la zona azul, sin necesidad de interrumpir para bajar a echar las monedas al parquímetro, poner el ticket y subir.

Quizá, unas de las ventajas del uso de la tecnología es que ha conseguido optimizar nuestro tiempo al máximo, sobre todo en ciudades grandes, donde las distancias son más largas y el ritmo de vida más frenético. Es aquí donde triunfa la aplicación para taxi en Madrid, porque se puede pedir mientras se está terminando de preparar la maleta para ir al aeropuerto o se está finalizando una reunión…es la inmediatez, la instantaneidad. Cerrar la maleta, salir de casa y encontrarse ya el taxi en la puerta, sin tener que esperar siquiera los consabidos cinco minutos, habiendo improvisado, sin tener que planificar la llamada la noche antes. Para ellos, por otro lado, también supone un beneficio al canalizar mejor la demanda y evitar circular en vacío, consumiendo combustible, pero ,sobre todo, supone una reconversión a la nueva forma de comunicación de un sector muy tradicional, un sector necesario que no puede perder el tren digital.