General

Ovidio Egido, director general de Mastercard España: “La desaparición de monedas y billetes es un proceso lento pero inexorable”

EN UNA DE LAS CUATRO TORRES de Madrid nos recibe con una sonrisa en la boca que no desaparece durante toda la entrevista. Tras más de dos décadas de experiencia en medios de pago y en la industria de la banca, y un amplio bagaje internacional, reconoce que el momento actual es de lo más emocionante y apasionante en el sector.

Estar al día en un momento en el que las innovaciones tecnológicas avanzan a la velocidad del trueno debe ser cosa de locos, ¿o no?
Sí. Nosotros hemos evolucionado de una compañía pura de medios de pago a una firma puramente tecnológica.

¿Y ello qué ha supuesto?
Una revolución interna en el planteamiento, en la forma de entender el mercado y el negocio. Hemos tenido que contratar personas con perfiles diferentes a los habituales, gente de seguridad, de cloud computing, de gestión de datos big data… hemos cambiado todos los perfiles para hacer que nuestro negocio permanezca igual pero adaptado a un entorno virtual digital.

En estos momentos, ¿qué es más difícil: encontrar la solución tecnológica o hacer frente a la demanda y hábitos de los consumidores?
Ambas están íntimamente ligadas. No queremos que la tecnología sea una respuesta en sí misma. Lo que estamos viendo son cambios en los consumidores. En nuestro sector, en lo que afecta a Mastercard, hay tres grandes motores de cambio. Uno es la disrupción tecnológica. La llegada de las nuevas tecnologías hace que todo sea más sencillo o más eficiente. Entonces tenemos que intentar aplicarlas, subirnos en la ola, y utilizar esta tecnología en nuestro provecho. También estamos viendo como el usuario, o consumidor final, recibe los servicios. Hace diez años podíamos dar un producto a un cliente y éste normalmente lo aceptaba. Ahora el cliente se ha dado cuenta de que tiene un poder mayor de decisión y no podemos, entre comillas, imponerle el producto o el servicio sino que es él quien lo elige en base a determinados valores. Uno de ellos, y cada vez es más relevante, es la experiencia del usuario: si se adapta a lo que quiere, si cumple sus expectativas en cuanto a cómo se utiliza… Y el tercer motor de cambio está siendo la regulación europea, que está siendo bastante estricta y muy intensiva en los últimos dos o tres años.

¿Qué es lo más complicado que llega desde las instituciones europeas?
Hay dos grandes líneas. Una, intentar liberalizar más el mercado. Es decir, facilitar la entrada de nuevos competidores en el sector financiero. Y, dos, conseguir una mayor seguridad a través de la autenticación de segundo nivel de los clientes. Va a tener que ser un estándar de mercado.

¿Por qué en España algo más del 80% de los pagos se realiza todavía en efectivo?
Es por un tema cultural que no ocurre en otros países de Europa. En Reino Unido es el 50% y en los países nórdicos el 20%. España está muy vinculada al uso del efectivo. Y está cambiando por el esfuerzo de las entidades financieras. Ahora mismo es muy fácil encontrar un TPV en cualquier comercio de España. Por ejemplo, a nivel de contactless estamos súper avanzados comparados con cualquier otro país de Europa. Tenemos el 80% de la red de TPV contactless. También la mayor compra en comercio online está produciendo que haya cada vez más un trasvase del pago por efectivo a las tarjetas. Por vez primera, en 2016, el volumen de compras con tarjeta superó al volumen de extracciones por cajeros. Ese porcentaje, por tanto, se va a ir reduciendo poco a poco.

¿Son las pymes el mercado a conquistar para dar el salto definitivo?
Sin duda. Son las que más cuesta profesionalizar, financieramente hablando, y se podría conseguir un salto cualitativo mayor si entrasen en el mundo digital y en el mundo de los medios de pago.

¿Y por qué no entran?
Son cuestiones heredadas. Durante toda su vida han tenido y tienen una forma de trabajar y cuesta cambiarla. A través de las entidades financieras estamos consiguiendo que muchas pymes estén utilizando instrumentos financieros más adecuados que los que usaban anteriormente. ¿Por qué no lo hacían? Por problemas de formación, por comportamientos generados y, en algunos casos, por falta de asesoramiento financiero adecuado.

¿Y no es por desconfianza?
No lo creo. Al revés. Cuando las pymes empiezan a trabajar con instrumentos financieros óptimos se dan cuenta del valor que tienen. La mejor forma que tienes de controlar el dinero es a través de las tarjetas porque dejan huella siempre, cosa que no ocurre con el efectivo.

¿La biometría para pagar está más cerca como medio pago habitual?
Sí, de hecho es ya una realidad. La huella digital está consolidada. Todos los teléfonos que tenemos utilizan elementos de biometría que se pueden emplear. La nueva ley de la Comisión Europea se acepta la biometría como un elemento fuerte de seguridad. Ya hay entidades como BBVA que utiliza el selfie para abrir una cuenta corriente, Mastercard tiene un servicio llamado ‘Selfie Pay’ para que puedas autenticar un pago desde el reconocimiento facial en el que tienes que guiñar los ojos para que sepa que estás vivo…

Pero para que esté en el día a día de forma habitual, entre el gran público por decirlo así, ¿pasará todavía mucho tiempo o está más cerca de lo que pensamos?
Ya está empezando. Lo que sí veremos son evoluciones de este tipo de tecnología. En el caso del selfie, la gente se cree que es la foto la que viaja, y no es así. Lo que viaja son una serie de parámetros como la distancia entre los ojos, o entre los ojos y la nariz, que permiten identificar a la persona. Y ya estamos oyendo otras cosas como el pulso cardiaco. En este caso no miden las pulsaciones, sino la frecuencia entre cada uno de los latidos. El ritmo cardiaco todavía es más preciso que la huella para identificar a una persona.

¿Los millennials, y sus hábitos, serán impulsores de los medios de pago digitales?
Sí, claro. Antes eran las compañías las que manejaban la demanda. Ahora, el comportamiento de los millennials no tiene nada que ver con el de sus predecesores. No es que no les guste trabajar con entidades financieras, sino que lo quieren hacer de otra forma, en horarios diferentes, a través de otros canales… Son capaces de alterar cómo defines tú el producto y el servicio que das a los clientes.

¿Por cuánto tiempo veremos monedas y billetes?
El Banco Central de Suecia quiere quitar ya las monedas y los billetes [año 2020]. Yo creo que en España va a tardar un poco más. No estamos tan avanzados, ni mucho menos. Aunque llegará. Estamos ante un proceso lento pero inexorable. Nosotros ya estamos trabajando en un entorno en que no haya ni tarjetas siquiera. Aunque tardaremos un tiempo en verlo.

¿Se reduciría el fraude sin billetes ni monedas?
Si no hay billetes ni monedas, y todas las transacciones son electrónicas, el fraude no es que se reduzca, es que desaparece.

¿Se digitalizarán las monedas y los billetes?
Son elementos fiduciarios. Al final, se acabarán virtualizando o digitalizando tarjetas o instrumentos que sustituirán a las monedas y los billetes. No creo que se vayan a digitalizar por sí. Habrá instrumentos intermedios.

¿Qué opinión le merecen las criptomonedas como el bitcoin? ¿Florecerán o se marchitarán?
Utilizan una tecnología muy interesante, la famosa blockchain. Pero creo que no van a triunfar porque no están reguladas por ninguna entidad oficial, por ningún banco, por ninguna institución internacional. Y eso puede hacer que acabe en un fallo total. A nivel de un instrumento legal de pago no lo veo.

Entrevista publicada en nuestro número de septiembre de 2017. Para ver más contenidos de ese número o de otros, pulse en este enlace: http://bit.ly/2GwPYzX.