Opinion

La alternativa de Ciudadanos

El tablero político en nuestro país ha sufrido en las últimas semanas dos fuertes sacudidas. Por un lado están los resultados de las elecciones autonómicas celebradas en Cataluña el pasado 21 de diciembre, donde el triunfo de Ciudadanos –fue el partido más votado y con más escaños, aunque sin posibilidades de formar gobierno en la Generalitat– y los pésimos resultados obtenidos por el PP, analizados ambos datos en clave nacional, no deparan buenos augurios para los populares.

Pero, además, es que dos periódicos tan dispares, ideológicamente hablando, como El País y ABC, han publicado recientemente sendas encuestas en las que hay un denominador común: el partido presidido por Albert Rivera ya ha alcanzado en intención de voto al PP, e incluso en el estudio demoscópico del periódico del grupo PRISA, le sitúa en primer lugar en votos aunque no en escaños –los efectos de la Ley d´Hont– si mañana tuvieran lugar elecciones generales.

Los nervios, lógicamente, se han extendido entre muchos de los actuales dirigentes populares, sean estos nacionales o autonómicos, aunque de momento no se atreven a expresarlos en público y se limitan a dejarlos caer en conversaciones off the record con periodistas. Es muy llamativo al respecto, y un síntoma claro de lo que es una total ausencia de debate interno en las filas populares, que en la Junta Directiva Nacional –el máximo órgano entre Congresos y del que forman parte unos 500 dirigentes– nadie, absolutamente nadie, quisiera tomar la palabra y decir algo, después de que el Presidente del Gobierno y del partido pronunciara un discurso muy poco autocrítico y bastante complaciente consigo mismo y con lo que está haciendo el Ejecutivo que preside.

Las claves que pueden explicar este auge de Ciudadanos y el declive del PP son diversas. Por un lado, está que el partido de Rivera se presenta ante la opinión pública con un discurso más fresco que el de los populares, muy lastrados estos por los diversos casos de corrupción que en los próximos meses, debido a los procesos judiciales en marcha, les van a suponer un continuo desgaste.

Por otro lado, Ciudadanos ha sabido conectar mucho mejor que el PP con el patriotismo que ha reverdecido en muchos españoles a raíz del pulso independentista lanzado desde Cataluña. Ese patriotismo se concretó en diversas manifestaciones a lo largo de toda España o en la colocación de muchas banderas en los balcones particulares. Ciudadanos, un partido que nació hace once años en Cataluña para hacer frente al nacionalismo separatista, ha sido percibido por muchos españoles –y desde luego por la inmensa mayoría de catalanes no independentistas– como el partido que de manera más clara y firme ha sabido defender la unidad de la Nación.

Por el contrario, la tardanza y los titubeos de Rajoy para aplicar el famoso artículo 155 de la Constitución, y convocando de manera precipitada las elecciones autonómicas, ha sido un factor negativo para los intereses populares.

Los cambios políticos no suelen llevarse a cabo de forma fulminante, pero se ven venir. Pasó en España en 1982, cuando el PSOE ganó por una mayoría absoluta las elecciones generales en las que UCD, el partido hasta entonces en el gobierno, se desmoronó. Volvió a pasar en 1996 con la victoria del PP de Aznar ante un PSOE que se desangraba por diferentes casos de corrupción tras haber estado catorce años en el poder y puede volver a suceder en las próximas elecciones generales que, en principio, se tendrían que celebrar en junio de 2020, pero que el Presidente del Gobierno, en virtud de su competencia constitucional, podría adelantar.

La ola del cambio favorece a Ciudadanos y por contra penaliza al PP. En el electorado del centro y del centro-derecha se demandan otras formas de hacer política que no se limiten exclusivamente a la administración de la cosa pública. Se quiere políticos que tengan unos valores y unas ideas claras, donde la defensa de la unidad de la Nación española, de la igualdad de los españoles ante la ley y la libertad ocupen un lugar central. Se requieren dirigentes políticos más jóvenes, con más capacidad de liderazgo y de empatía con la gente que lo demostrado, al menos desde que está en la Moncloa, por Mariano Rajoy. Los ciudadanos tendrán la última palabra en unas elecciones generales que se presentan muy abiertas y que en cualquier caso supondrán el fin del bipartidismo PP-PSOE.

Columna publicada en el número de Febrero de la revista Capital. Para ver más contenidos de este número o de otros, visite este enlace: https://bit.ly/2H5A4hy.