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Brad Stone: «Kalanick (Uber) veía a los taxistas como un colectivo artificialmente protegido»

Brad Stone es periodista y responsable de la sección de Tecnología de Bloomberg News. Especializado en narrar la crónica de Silicon Valley, ha escrito durante más de quince años sobre las principales compañías tecnológicas y las tendencias globales de Internet. Hace un tiempo publicó un polémico e ilustrativo libro: The Upstarts: How Uber, Airbnb, and the Killer Companies of the New Silicon Valley Are Changing the World. Arroja luz sobre cómo están cambiando y cambiarán los negocios en los próximos años.

¿Qué lecciones considera que Uber y Airbnb están dando a las empresas tradicionales? ¿Ve razonable la oposición que reciben desde las instituciones públicas?
Uber y Airbnb se han mostrado de modo escueto cuando han tenido que pedir permiso primero o perdón después al introducir nuevos productos. Los dos se han extendido por el mundo desafiando leyes locales del taxi o de reparto de zonas. La oposición de los legisladores y reguladores era razonable en muchos casos; los responsables públicos han de equilibrar los beneficios que proporcionan estos servicios para sus consumidores con la protección de recursos públicos como las carreteras o la tranquilidad de los barrios residenciales. La actuación sin restricciones de Airbnb en Barcelona, por ejemplo, es una amenaza real para la disponibilidad de viviendas y para tener unos precios de vivienda razonables. Pero estas startups han mostrado de diversos modos su inclinación a negociar y cumplir con algunos límites. Airbnb luchó frente a restricciones en ciudades de Europa y Estados Unidos. Uber desafió prohibiciones sobre Uber Pop, su servicio de bicicletas, hasta que se cerró en ciudades como París. Más recientemente, estas compañías, que ahora valen miles de millones de dólares y tienden a ser menos vistas como operadores de segunda clase, han aprendido la sabiduría de pedir permiso y compromiso.

¿Qué ventajas y desventajas ve en el modelo de negocio de Uber y Airbnb? ¿Qué desafíos ve para su futura rentabilidad y sostenibilidad del negocio?
El principal reto de Uber es su rentabilidad, además de reconstruir su cultura interna después del despido de su fundador, Travis Kalanick. Su negocio ha sido copiado fácilmente por otras compañías en diferentes partes del mundo. A pesar de ello, se han expandido en esas regiones con agresividad, pensando que tenían ventajas tecnológicas, de marca y de capital. No las tenía, y el resultado fue una guerra frente a las pérdidas de dinero en un buen número de países. Ahora, el nuevo CEO de Uber, Dara Khosrowshashi, está saliendo de muchos de esos países y centrándose en los que tiene más fuerza. Su principal desafío es ganar dinero mientras sigue creciendo. Airbnb, por su parte, ya es rentable. Su sostenibilidad (y el éxito de una eventual salida a Bolsa) dependerá en parte de su capacidad de crear otras líneas de negocio que vayan más allá de compartir casa. Sus primeros esfuerzos para dar a la gente cosas que hacer mientras viaja –su servicio Trips– está creciendo bien, pero aún es un negocio pequeño y relativamente poco probado.

El inversor Peter Thiel acostumbra a decir que prefiere crear nuevos negocios a reinventar otros. ¿Por qué los fundadores de Uber y Airbnb prefieren el modo alternativo?
Ambas compañías empezaron alrededor del nacimiento del iPhone, que se encajó en una nueva ola del comportamiento del consumidor. La gente comenzó a dirigir sus vidas a través de las negras carcasas de cristal y plástico que llevaban en su bolsillo. Uber, Lyft, Airbnb y startups como Square y Stripe se subieron a esta ola y fueron capaces de crear nuevos negocios. En otros momentos menos propicios no hubiera sido posible cambiar el modo en el que la gente llama a los taxis o reserva las habitaciones de los hoteles.

¿Qué valores personales ha observado en los fundadores de Uber y Airbnb que les han facilitado impulsar sus compañías? ¿Por qué les gusta, o al menos no les importa, ir contra negocios establecidos?
Ambos eran jugadores y aficionados al riesgo. Levantaron una cantidad extraordinaria de dinero, expandieron sus compañías globalmente cuando aún eran pequeñas y fueron capaces de soportar grandes pérdidas ante la posibilidad de alcanzar un gran éxito. También vieron que industrias establecidas como los taxis y los hoteles estaban limitando la competencia y engordando artificialmente los precios. Kalanick no vio taxistas cuyas vidas dependían de un sistema establecido; vio (en cierto modo sin corazón, podría decir alguien) un colectivo artificialmente protegido por los gobiernos locales, que estaba dando, como consecuencia, un servicio de poca calidad. Del mismo modo, Chesky vio una camarilla de hoteles que ofrecía una experiencia similar a unos precios relativamente altos.

Usted ha señalado en diferentes entrevistas que los fundadores de Uber y Airbnb tenían un estilo muy diferente al de los líderes de Google y Facebook. ¿En qué las notó?
Kalanick y Chesky se vieron forzados a responder ante los reguladores locales alrededor del año 2010. Kalanick fue llamado al despacho del regulador del taxi en California. Siempre combativo y pensando que no tenía que responder ante las autoridades, puso su silla lejos de los reguladores, mostrándoles su espalda. Más o menos al mismo tiempo, Joe Gebbia, cofundador de Airbnb junto con Chesky, asistió a una manifestación contra las leyes restrictivas que había en Nueva York a la hora de compartir casa. Airbnb ayudó a amplificar la oposición a la ley que limitaría drásticamente compartir casa en Nueva York. Ni Mark Zuckerberg ni Larry Page tuvieron que comprometerse con los reguladores en los inicios de sus compañías. Los ejecutivos de Uber y Airbnb se vieron forzados a ejercer como políticos de un modo en el que no tuvo que hacerlo ningún otro emprendedor tecnológico.
¿Qué otros negocios piensa que pueden ser revolucionados por la economía compartida en el futuro?
La economía compartida nunca fue un buen adjetivo para estas compañías. Los conductores de Uber no están compartiendo realmente sus coches; conducen un tipo de taxi diferente. De igual modo, los que alquilan en Airbnb trabajan a menudo como un hotel o un operador de hoteles. En mi libro utilizo las expresiones economía bajo demanda o economía de confianza. Los smartphones nos están proporcionando maneras de confiar en los extraños, de facilitar los pagos y organizar tareas como el reparto de comidas o las niñeras. Las criptomonedas y el blockchain prometen extender estas tendencias.

¿Cómo ve Silicon Valley?
Suele moverse en ciclos de subida y bajada de siete-diez años, pero el optimismo que empezó después de la crisis financiera no muestra señales de abatimiento. Ahora hay muchas expectativas en torno a la inteligencia artificial, el deep-learning (aprendizaje automático de las máquinas), el reconocimiento de voz (Alexa, Siri) y blockchain. Hay mucho interés e inversión en estos campos; lo ha habido desde que llegué aquí a mitad de los noventa. Para que la comunidad se mantenga con buena salud, compañías como Uber y Airbnb han de salir a Bolsa y dar retornos a los primeros empleados y a los inversores. Últimamente se ha puesto también mucha atención en la desigualdad de género y racial en la tecnología. La industria tecnológica debe hacerlo mejor, especialmente en lo que se refiere a dar roles de liderazgo a mujeres y a personas de color.
¿Ve otros ecosistemas ganando fuerza frente a Silicon Valley?
Su principal desafío viene de Asia; en concreto, de China. Las compañías tecnológicas chinas ya tienen accesos a las mismas fuentes de capital, los mismos servicios de cloud computing, y un mercado potencial de 800 millones de habitantes. Todavía existe una brecha en emprendedores experimentados, pero empresas como Alibaba o Tencent han formado generaciones de líderes prometedores. Y los trabajadores chinos de Internet parecen dispuestos a trabajar muy duro –días, noches y fines de semana–, de un modo que los inversores de Silicon Valley lamentan no ver en los trabajadores occidentales.

¿Qué sectores están viendo los inversores con más atención?
Blockchain, tecnologías de alargamiento de la vida, conducción autónoma y taxis aéreos están ahora en boga. Me interesa especialmente la última –coches eléctricos pequeños y voladores que nos permiten sobrevolar el tráfico y reducir la polución–. ¡Lo que parecía ciencia ficción se está haciendo realidad!

Artículo publicado en el número de marzo de la revista Capital, que puede adquirir en el quiosco o en este enlace: https://bit.ly/2q0cLOf