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La conquista de las tecnológicas chinas

El profesor del IESE Pedro Nueno organizó en 2005 un programa para empresarios chinos en la Universidad de Harvard. Entre los ponentes se encontraban los premios Nobel Robert Solow y Paul Samuelson. ¿Saben qué fue lo primero que les preguntaron? “¿Por qué no nos dejan entrar en Estados Unidos?”.

En el mundillo tecnológico es habitual quejarse de que Facebook, Google o Twitter no puedan usarse en China. No deja de ser paradójico que también hubiera tantas trabas en un país que hasta la llegada de Donald Trump presumía de ser abierto. La realidad es que no es así. Lo saben bien empresas chinas como Mindray, especializada en diagnóstico médico. Se le negó vender sus productos en los hospitales de Estados Unidos, pero, con gran discreción y habilidad, logró colarse en el Nasdaq y ha sido la primera empresa de su país en cotizar en este mercado tecnológico norteamericano. Entonces, ya no había forma de ponerle trabas. Otras, como Huawei, no han tenido tanta suerte. Su presencia sigue siendo vetada en el país del Tío Sam, al igual que la de otras empresas chinas, por ejemplo de equipos médicos, cuyos casos no han saltado a la opinión pública.

La preocupación de aquellos empresarios chinos, por tanto, sigue vigente, pero hay cuestiones que son imparables. Por ejemplo, el camino de China hacia su conversión en la mayor economía del mundo. “La prioridad del Gobierno es la mejora continua del país; no la de los más ricos, como hace años, que invertían en el sector inmobiliario en Pekín o Shanghai, sino la que va encaminada a sacar gente de la pobreza”, explica Pedro Nueno, que viaja y trabaja allí desde hace más de veinte años. Esa obsesión conduce a dar incentivos a empresas que crean puestos de trabajo para unas personas que salen de la pobreza, elevan su calidad de vida, su consumo y, con ello, la potencia de la economía china.

 

En este contexto, las empresas chinas crecen dentro de su propio mercado. Es tan grande, que a algunas, como a Tencent y Alibaba, les ha permitido situarse entre las diez del mundo con mayor capitalización bursátil. “Para Alibaba, China es el mercado más importante, pero la compra por Internet sigue siendo solo el 10-20%. Es lógico que un país que avanza y que tiene una dimensión muy grande tenga un mercado para que internamente pueda nacer una compañía y obtenga un desarrollo tan importante como las que lo han hecho el americano. Cuando ya tiene una dimensión, puede aspirar a salir y comprar una empresa que le permita crecer en otro país”, señala Nueno.

El profesor resalta que ya hay muchos que han progresado en China. Sin ir más lejos, la española Gestamp tiene once plantas allí. Como modo de esclarecer que aquello es más abierto de lo que parece, Nueno recuerda el arranque hace veinte años de una iniciativa emprendedora en su escuela CEIBS (China Europe International Business School): “Enseguida vinieron tres fondos de capital riesgo para pedirnos que, si veíamos algún business plan con buenas perspectivas, se lo enviáramos y le daban prioridad. Allí tengo tanto apoyo al emprendedor como en España”. Una muestra más de apertura es el paso por CEIBS de Devon Nixon, sobrino nieto del ex presidente estadounidense Richard Nixon. Consciente de que en su país iba a estar siempre bajo la lupa debido a su apellido, optó por intentar abrirse paso en el país asiático. Tras hacer el máster en CEIBS, montó allí una empresa con capital americano, chino y europeo y va desarrollando su carrera. La formación de los emprendedores chinos es tan alta como la de sus homólogos en cualquier parte del mundo. No en vano, Harvard o Silicon Valley están llenas de ciudadanos del Extremo Oriente. El país cuenta también con su propio ecosistema tecnológico. Shenzhen es una ciudad grande y bien conectada que está tomando el testigo de una Shanghai en caída. “Tenemos un campus allí y va muy bien”, admite Nueno.

El profesor no cree, en cualquier caso, que vaya a sustituir a Silicon Valley como centro global de la innovación. “Vamos a un mundo global. Todo se parecerá cada vez más”, dice. Sin embargo, las noticias sobre el declive de Silicon Valley son recurrentes. “Hace cinco años estudié con un colega de Harvard qué estaba pasando. Se estaban pagando unos precios increíbles por las start-ups. Comprobamos que las empresas de telecomunicaciones habían abandonado su inversión en I+D y la habían cambiado por la compra de este tipo de empresas tecnológicas. En lugar de gastar 7.000 millones en ese capítulo, invertían 100 en una de estas compañías. Se produjo una hipersubida, pero se acabó el ciclo”, añade.

Las tecnológicas chinas están bien gestionadas. Dependen menos de la publicidad que las norteamericanas. Se apoyan más en las suscripciones. A menudo se les ha echado en cara que están muy subvencionadas por el Estado. A Nueno no le parece criticable: “No está mal que un gobierno ayude a crear puestos de trabajo de calidad. ¿Dónde no apoya el Estado? En España se hace a través del ICO, ICEX, el CDTI…”. En cualquier caso, su expansión por el mundo no va a ser fácil. “Todo es más sencillo cuando están en un país que cuenta con un solo idioma. Los problemas llegan cuando vas a Europa y tienes un montón de idiomas y regulaciones. Hay empresas chinas que calculaban poder estar trabajando en un año en algunos países y no lo han logrado hasta pasados tres o cuatro años”, asegura Nueno. Está claro, por tanto, que no será coser y cantar para ellos; menos aún teniendo en cuenta los
obstáculos que van a ponerle países como Estados Unidos. Pero ellos no se rendirán. De eso, no les quepa duda.

Artículo publicado en el número de mayo de la revista capital, que puede adquirir en el quiosco o en este enlace: https://bit.ly/2MWNcr9