A fondo

Hay vida (laboral) más allá de los 50

Santander ofrece salidas con el 80% del sueldo a los mayores de 50 años”. “ERE de Bankia: la dirección da 25 días por año y prejubilaciones a partir de 56 años”. “Más parados mayores de 45 años que nunca”.“Mujer, mayor de 45 y sin formación: el perfil que Correos quiere desechar”. “Siemens Gamesa ofrece prejubilaciones con más del 70% del salario a partir de 55 años”. ”Gas Natural ajustará 1.400 empleos en tres años pero seguirá contratando”. “Así discrimina Facebook a los trabajadores de mayor edad”. “Correos pretende rejuvenecerse a costa de los eventuales más antiguos para competir en el sector de la paquetería”.

Este es el panorama en un storytelling de titulares de prensa de principios de 2018. España camina hacia el envejecimiento. Hacerse mayor, dicen, es una ventaja: ganas perspectiva vital, experiencia y sabiduría. Los antiguos lo reconocían con el sistema de gobierno de los mayores: la gerontocracia. Pero parece que esta no es la visión actual, sobre todo en el mundo de la empresa. Es cumplir los 50 y atravesar una franja de edad que te coloca de puntillas ante el precipicio. A los de la cincuentena se les achaca falta de flexibilidad, no estar al día en las nuevas tecnologías, menor vigor físico, sueldos más altos y cabezonería. “Falsos mitos basados en intuiciones no refrendadas empíricamente”, contradice José Ramón Pin, director de IRCO, desde el IESE.

“En España estamos locos”, comenta el arquitecto Carlos Hernández Pezzi, un carrusel profesional imposible de seguir a sus 68 años y alguien que no piensa en la jubilación sino en la reinvención. “Despreciamos la edad y la experiencia: no hay vínculos intergeneracionales en las profesiones y somos veteranicidas”, lamenta. “El vigor se demuestra innovando en cada condición y la juventud es una condición pasajera y vulnerable”, alecciona.

En España hay 1.385.900 parados mayores de 45 años. Muchos. Y eso que en la última Encuesta de Población Activa, la del cuarto trimestre, el número ha bajado en 80.000. A principios de 2007 eran poco mas de 400.000, lo que supone un aumento desde entonces del 70%. Las mujeres con dos o más años en las listas del antiguo INEM superan en 200.000 a los hombres y cuando encuentran trabajo, un tercio lo hace a tiempo parcial. Sin embargo, es un problema, el de ellos y el de ellas, que no parece estar en la agenda.

Peor lo tienen los mayores de 55. El paro se ceba con ellos. El número de desempleados de esta franja de edad creció un 322% desde 2007, en datos de UGT basados en la Encuesta de Población Activa (EPA) y recogidos en el informe Mayores de 55 años en el mercado de trabajo español. El paro de larga duración se nutre de ellos. El 59% de quienes llevan un año o más sin trabajar tiene más de 40 años.

Mari Carmen Barrera, secretaria de Empleo de esta central sindical, mete el dedo en la llaga de la reforma laboral de 2012, “que dio la vuelta a nuestro mercado de trabajo” y pone el foco en “la necesidad de políticas activas de empleo, formación para el empleo, recualificación y protección social que recuperen a estos trabajadores y eviten que otros corran la misma suerte”, enumera. “Si usted no hace nada porque salgan del desempleo, no van a salir”, resuelve tajante.

Si hay un colectivo especialmente vulnerable en términos de desempleo ese es el de 50 años y más. Y no porque sea el perfil al que más se despida, sino porque tardan bastante más en reincorporarse al mercado laboral. El 39,2% de los parados de ese grupo de edad lleva buscando empleo más de cuatro años y el 72,1% lo hace desde un año o más, porcentajes muy superiores a los de la población joven (10,6% y 42,8%, respectivamente).

Según denuncia UGT en su informe, este colectivo sufre por partida doble. No solo el número de desempleados que superan esta edad ha crecido; también la tasa de paro en esta franja de edad se ha multiplicado por tres y el porcentaje de parados de larga duración se ha elevado más de un 26% en este periodo.

Desde la Secretaría de Empleo y Cualificaciones de CCOO, Ana Santana, comparte la crítica ante la ausencia de políticas activas de empleo, “en especial los desaparecidos talleres de empleo”, y denuncia que se esté incumpliendo nuestro marco normativo con esta discriminación por motivos de edad.

El desempleo senior es un fenómeno que viene de antiguo. Surgió, como todo lo negativo en el mercado laboral, con la crisis económica de 2008. Pero por peinar canas se le tuvo en un segundo plano cuando el foco de luz daba de lleno sobre el desempleo juvenil, una tasa también muy preocupante en los países de la Unión Europea con motivo de la crisis económica.

Marcos Sánchez Providencio (50), desarrollador de software en Meteogrid, sabe que a su edad nada a contracorriente. “Todavía están a tiempo de meterme en el saco”, responde jocoso. “Me imagino que en mi campo la experiencia sigue rigiendo y nunca he dejado de estudiar por mi cuenta; a veces en horas de trabajo, eso sí”, explica. “Son muchos años de lecciones aprendidas”, entiende.

La experiencia es un plus,. Parece un aforismo que ha caído en desuso pero, entre otras empresas, Repsol dice estar convencida de la máxima. La compañía asegura que no discrimina por edad, sino por perfiles. “El proceso de transformación y de cambios que están viviendo las empresas requiere personas que se adapten a este ritmo rápido, que no tengan aversión al riesgo y que sean capaces de movilizar el cambio que se necesita”, explican desde la petrolera. “Los perfiles que más demandamos son sobre todo de tipo técnico”, continúan.

La Asociación Observatorio del Empleo Senior +45 elabora tras cada EPA el informe Los Invisibles. El título es esclarecedor, refleja con nitidez el sentimiento de este colectivo, al que le cuesta salir del desempleo y cuando lo haces es muchas veces para aceptar una jubilación forzosa, como la que obliga a los desempleados mayores de 61 años al retiro voluntario.

Protagonistas de EREs y despidos, con responsabilidades familiares, hipotecas y viendo desmoronarse lo que durante tanto tiempo habían construido. La crisis dejó a muchos de forma inesperada y repentina sin su empleo de toda la vida, y eso que el empleo para toda la vida ya era entonces casi una rémora del pasado.

En este punto, prácticamente todos ellos (el 90%) achacan esta falta de oportunidades laborales exclusivamente a su edad, y solo el 10% a las circunstancias del mercado, según datos del informe #Tu edad es un tesoro. Pero lo peor de esta situación es que la gran mayoría de estos trabajadores cree que no volverán a trabajar nunca, explican desde la Fundación Adecco, editora del estudio. El 56% de los encuestados por Adecco se presenta a varias ofertas de empleo cada semana, pero la mayoría –el 61%– no ha sido llamado a una sola entrevista en el último año.

Con 52 años, Rosa Melendo, ha dado el triple salto mortal y parece que ha caído de pie. Tras más de 30 años dedicada al periodismo en medios y agencias, se ha matriculado en el grado superior de técnico en imagen para el diagnóstico y medicina nuclear. Y saca unas notas excelentes. “No veía futuro”, admite con resignación, quien se codea a diario con jóvenes a los que supera en dos y tres décadas de edad.

Cambiar de vida con más de medio siglo abre puertas en el mercado: reinventarse y comenzar una nueva actividad, incluso crearla uno mismo. Lola (52) y Guzmán (54), “dos cincuentañeros desalojados del mercado de trabajo” según su propia definición, se embarcaron en 2014 en un proyecto que nada tenía que ver con sus profesiones de economista y diseñador gráfico: el de tapizar todo tipo de asientos. Tres años después, la firma Sillas Descarriadas se ha abierto camino en el sector de la decoración en el área urbana de Madrid. Ninguno de los dos siente nostalgia del pasado, ambos echan pestes de las empresas que “no quieren pagarnos lo que valemos por lo que sabemos” y discriminan a los mayores, cuando “nuestra generación es la que más ha aportado en todos los campos de este medio siglo”, destaca Guzmán. “Yo todavía estoy esperando a que me sorprenda algún millennial con algo nuevo”, comenta la mitad masculina del tándem.

“Reinventarse es tarea diaria, periódica e higiénica. Adolfo Bioy Casares lo muestra en La invención de Morel”, alienta Carlos Hernández Pezzi (68), arquitecto, “asalariado, funcionario, arquitecto por libre, urbanista, presidente de los arquitectos, concejal, escritor, narrador, gestor, soñador, meandro mental, cauce sinuoso, activista”, se define, “todo mezclado, sin batir, como los cócteles de James Bond”.

También Florence Turbet Delof, de 63 años y los últimos 26 al frente a cargo de las tareas de Comunicación y Relaciones Institucionales de la sección española de la ONG Reporteros Sin Fronteras, se reinventa “a diario” y confiera a este mismo talante activista del arquitecto malagueño y sus “cualidades de guerrera” lo que la mantienen in situ.

Para Álvaro Fernández, managing director de la consultora de selección Michael Page, la empleabilidad de los mayores “no es una cuestión de edad, sino de carácter”. La confianza de la compañía en los seniors se refleja en los programas Page Executive y Page Management Interim, destinados a los candidatos más veteranos.

Michael Page entiende que aquellas personas “que no tienen miedo a remangarse, que se involucran y se meten hasta el fondo sin que se les caigan los anillos”, no tienen nada que temer. En su experiencia, quienes han tenido que volver a navegar el mercado laboral después de un largo periodo tampoco saben siempre valorar su experiencia. “Los que sí”, explica Álvaro Fernández, “montan empresas, hacen consultoría y management”. Otros para los que el salario ha dejado de ser importante se dan el gusto de hacer lo que les llena. Es el caso de Pilar Tena (61) y Alejo de Togores (59). Ella se reconvirtió en escritora después de un despido “que fue traumático e injusto” y está escribiendo su cuarto libro después del éxito de su primera novela, La Embajadora (Roca, 2016). Él es hoy un artista multidisciplinar: poeta, dj y locutor.

Ramiro Villapadierna (53) dirige el Instituto Cervantes de Frankfurt, pero hace solo cinco años era el corresponsal del diario ABC en Centroeuropa, un puesto desde el que ha informado de la Guerra de los Balcanes, la caída del Muro de Berlín, la Europa sin fronteras, la década del euro o los nacionalismos. Es el segundo periodista de este reportaje, porque son muchos los que han tenido que reinventarse después de que la crisis financiera se diera de bruces con la irrupción de Internet y destruyera más de 15.000 empleos, en datos de la Federación de Asociaciones de Periodistas de España.

Incluso hay quienes que, pese a dedicarse al oficio que Gabriel García Márquez consideraba “el más bonito del mundo”, llevan la friolera de 35 años trabajando. Habrá más, pero José Antonio Rojo (53) es este fotógrafo profesional consciente de que en su proeza “la clave está en reinventarse permanentemente dentro de tu actividad: esa es la manera de seguir siendo competitivo”. A su juicio, “la edad no significa nada: hay personas de más de 50 años con una mentalidad disruptiva y con una creatividad desbordante y alumnos recién salidos de la facultad con una ignorancia sobre el mundo absoluta”.

Andrés Noarbe (56) lleva más de tres décadas dedicándose a su gran pasión. “Hace más de 30 años que trabajo en la misma empresa, Rotor Discos y el sello Geometrik, que es la mía”, cuenta. “Lo he conseguido porque hago lo que me gusta”, dice. “Mi mayor afición es la música, y eso da mucha energía y entusiasmo para seguir adelante, aunque sea un campo tan difícil ahora mismo”, reconoce. “Si no fuera así”, admite, “no habría aguantado, evidentemente”.

Decía Steve Jobs que la pasión lo es todo. “El único modo de hacer un gran trabajo es amar lo que haces. Si no lo has encontrado todaví­a, sigue buscando. No te acomodes. Como con todo lo que es propio del corazón, lo sabrás cuando lo encuentres”, recomendaba el genio de la manzana y fundador de Apple.

 

Artículo publicado en el número de febrero 2018 de la revista Capital, que puede adquirir en el quiosco o en este enlace: https://bit.ly/2H5A4hy