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Un examen para el futuro de España

El Foro de Empresas Innovadoras organizó en junio un congreso en el que GMV era uno de los ejemplos más nombrados. El mérito de esta empresa española pionera global en la gestión de satélites es incuestionable. ¿Pero no hay más compañías que puedan seguir su estela y darle más variedad al pódium?

Quizá es demasiado pronto. “En España hay muy pocas empresas tecnológicas con cien años de vida”, afirma Francisco Marín, director general del CDTI. “En Alemania o Japón las hay que tienen doscientos cincuenta años y siguen siendo líderes en el mundo. Acumulan energía; masa crítica”, añade.

GMV no llega a los cuarenta años de existencia (nació en 1984). Es una empresa relativamente joven. También hay un factor cultural detrás del problema: la innovación no ha ocupado tradicionalmente un lugar destacado en el debate de la opinión pública española. Además parece que nos falta ambición. “Tenemos muchas pymes innovadoras. Deberían aspirar a dejar de ser pymes para convertirse en unicornios (empresas con potencial para facturar más de 1.000 millones de dólares)”, explica Luis Fernando Álvarez-Gascón, director general de GMV Secure e-Solutions.

Los instrumentos financieros públicos y privados podrían servirles de ayuda. Han proliferado con un éxito desigual. Marín está contento en parte con el desarrollo de Neotec. Se destina a pymes menores de cuatro años y da hasta 250.000 euros a fondo perdido. Aun así, reconoce que hay aspectos en los que deben mejorar: “Tienen un mecanismo que no es sencillo”, admite. “Vamos a cambiarlo, a hacerlo más abierto, más cercano al lugar donde están las pymes”, afirma.

Marín está satisfecho porque hay empresas grandes que han vuelto al CDTI después de cinco años sin dar señales de vida. También de que alguna multinacional les ha traído proyectos. Sin embargo, este trabajo supone algunos inconvenientes. En el ambiente está que el CDTI es para las grandes empresas. Marín lo ve como una idea que hay que combatir. “La institución ha estado autocomplaciente con el mundo en el que se movía, con empresas constituidas. Ya no lo estamos”, asegura. El objetivo es llegar a más compañías, especialmente a las pequeñas y ayudarles a que crezcan. “Tenemos que ayudarles a correr”, sostiene.

Prueba de este nuevo impulso es que han conseguido alguna mejora en la eficiencia de las ayudas. Cuando Marín llegó al CDTI, hace dos años y medio, los solicitantes tenían que esperar entre 120 y 130 días a que se les notificara si iban a obtener algo. El plazo se ha reducido a sesenta días.
Cuando el proceso se demora, Marín se defiende diciendo que la culpa no siempre es del CDTI: “A veces las empresas tardan en darnos los datos. Nuestra evaluación técnica y financiera es detallada”.
La mejora de los instrumentos financieros sería una buena ayuda para la proliferación de empresas innovadoras. También que se dieran a conocer mejor estos instrumentos, un fallo que admite Marín.
Los innovadores reconocen que les falla la comunicación. “Hablar de I+D+I es demasiado críptico. Nadie lo entiende. Si no se ve que la innovación está detrás de una sanidad o educación más avanzada, de la movilidad o de la seguridad cibernética, seguiremos estando solo en foros de expertos”, lamenta Francisco Marín.

Esta es la razón por la que los políticos no apoyan la innovación de un modo más decidido. No se ve como una demanda de la sociedad. Los expertos también echan en falta una actitud más proactiva por parte de las personalidades públicas. “No es que sea un gran defensor de Obama, pero lucía su blackberry y ese era un mensaje de cara a la innovación”, sostiene Luis Fernando Álvarez-Gascón. “Necesitamos esas actitudes”, añade. El problema en España es que la política no atrae a personas que vengan de la empresa o de la ciencia. “No existe conocimiento ni cercanía que les lleve a querer aprender”, sostiene Álvarez-Gascón.

El chip debería cambiar, también en la ciencia: “Tenemos que buscar a los que saben para resolver problemas de las personas, no retos tecnológicos”, dice Marín. La movilidad, la sanidad y el cuidado de los mayores, los retos del medio ambiente… En esta línea debería ir la mayor colaboración entre empresa y universidad, en una visión más práctica. A Álvarez-Gascón le gusta hablar de co-creación para referirse a la necesidad de una mayor identificación entre las visiones más teóricas y las más prácticas.

Marín cree que este puede ser el camino para que España tome un mayor protagonismo en la revolución digital. Estima que nuestro país se puso de perfil en las anteriores revoluciones industriales. Álvarez-Gascón, por su parte, ve fundamental dar un paso adelante apoyándose en aspectos tangibles como este: “La bomba demográfica (la caída de la natalidad) solo será sostenible con muchos menos trabajando para sostener a muchos más”. Es algo que la tecnología permite, elevando la productividad. ¿Se trata de una afirmación gratuita, sin base, o tiene un fundamento que requiere de una respuesta inmediata? El tiempo lo dirá. Lo que está claro es que el futuro de España necesita ser sometido a un examen profundo y, sobre todo, tomar decisiones acertadas.

Artículo publicado en el número de septiembre 2017 de la revista Capital, que puede adquirir en el quiosco o en este enlace: https://bit.ly/2KSMfU3