Emprendedores

¿Madura el ecosistema “startup” español?

Quizá el mayor fracaso al que una persona deba enfrentarse en la vida sea el de quedarse sin trabajo. La diferencia está en quien se queda en el fracaso y quien intenta superarlo a como dé lugar.

Probablemente nunca haya habido tantos con ese dilema en España como en 2012 y 2013, años en los que el país registraba lamentables cifras superiores a los seis millones de desocupados. Para no pocos, emprender era la única salida, algo que quedaba reflejado en una creciente tasa de creación de empresas (en el período 2008-2013, la cifra más alta se alcanzó en este último) que, entre otras muchas cosas, acabó traduciéndose en el boom de las start-ups (empresas que desarrollan nuevas ideas de negocio basadas en herramientas digitales) en España. Esto último, según el inversor Luis Cabiedes, al hilo de las ventajas del entonces ya tan pujante como accesible marketing digital (a través de redes sociales como Facebook y Twitter, y Google) y la liquidez que ofrecía el Estado español a los inversores para impulsar la actividad económica de una sociedad en crisis.

Fue así que, de repente, mucha gente, más y menos formada, se encontró con la necesidad de emprender a toda costa y, en principio, más facilidad que nunca para hacerlo. “El emprendimiento por necesidad es de lo más peligroso que hay”, asegura Javier Mergías, CEO de Startupexplore (comunidad española de inversores en start-ups). Han surgido así muchas start-ups y, según remarca Cabiedes, “la cantidad no ha sido sinónimo de calidad”.

“En España se creó la ilusión de que gastando en vías de marketing de Facebook y Google, se podía crear una empresa, creándose una burbuja”, insiste el inversor, que considera que la mayoría de los start-ups que han fallado en el país no lo han hecho por falta de inversión sino por haber dedicado más esfuerzos a obtenerla “apostando a ciegas” por la promoción digital “gastando muchísimo dinero en que la gente instale una app para que luego no quede nada”, que a encontrar un mercado rentable de clientes.

Aunque más suave en su apreciación, Mergías reconoce que “en el sector se habla de que sólo 1 de cada 10 tiene éxito, pero creo que es una cuestión un poco más complicada: de esas 10 compañías, 3 o 4 tienen que cerrar en los 5 primeros años, 4-5 no cierran pero se convierten en negocios sostenibles pero que no alcanzan el hipercrecimiento (malo para los inversores que se quedan “cautivos”, bueno para la compañía y la sociedad), y 1-2 se convierten en start-ups de éxito”.

Los fracasos, en cualquier caso, parecen haberle servido de lección a un ecosistema ‘start-upero’ español que, según los estudios, es ya “estable” y “maduro”. Según el último informe publicado por la Mobile World Capital, frente a la tendencia registrada hasta 2015, año en que la inversión casi se duplicó (538 millones frente a 286 en 2014), en 2016, las 2.663 empresas del entorno digital español (apenas un 1% más que en 2015, año en el que número había crecido un 26%) captaron en total 502,1 millones de euros, más de un 10% menos de financiación. En paralelo, la valoración media subió un 12,5% y la inversión promedio se duplicó (de 300.000 a 710.000) en un año que asimismo presenció un gran exit nacional: la compra por 500 millones del “oulet online número 1 de España”, Privalia, por parte de su competidora francesa Vente-Privee. “Estamos ahora saliendo de la start-upfitis y asistiendo a una etapa de corrección”, apunta el propio Cabiedes.

Mergías, por su parte, prefiere hablar de una “consolidación” del ecosistema en este 2017, año en el que según el último informe de su organización, el número de start-ups creció un moderado 7% y el número de operaciones de inversión cayó un 5,7%, pero la cantidad invertida subió un 40,1%, constatándose un ecosistema más maduro. “Las perspectivas de start-ups como Chicfy (tienda digital de ropa), Cabify (aplicación de transporte que conecta a usuarios con vehículos premium), Verse (aplicación que permite “los pagos entre amigos” con el móvil), Glovo (ofrece la compra, recogida y envío de pedidos en menos de una hora), Lola Market (plataforma online que permite comprar en cadenas de distribución y mercados tradicionales), Indexa (gestor de inversiones), Chicísimo (app de moda e ideas a la hora de vestir), Cuidum (plataforma de cuidadores de ancianos), Mr. Jeff (app de tintorería y lavandería a domicilio), Coverfy (gestor de seguros desde el móvil) o Cornerjob (plataforma de selección de personal eficiente)” demuestran que el ecosistema español crece y con grandes expectativas para el futuro según el creador de Startupexplore. “WeTaca (tuppers de chefs a domicilio) va como un tiro”, añade Cabiedes.

Lo anterior entronca con el hecho de que España tenga a día de hoy seis start-ups maduras o scale-ups capaces de levantar más de 100 millones de dólares de inversión: se trata de la propia Privalia, Edreams Odigeo (agencia de viajes), Wallapop (app de compra-venta de productos de segunda mano con un ‘brazo’ en EE.UU., LetGo), Cabify, Alien Vault (plataforma dedicada a la seguridad informática) y Scytl (empresa de tecnología electoral).

Todas ellas partes de un ecosistema que se consolida como el quinto en volumen de negocio en Europa, con 2.000 millones de euros a repartir entre unas 207 scale-ups, según el último informe SEP Monitors elaborado por la Comisión Europea, que además atribuye al ecosistema un crecimiento total del 20% en 2016 (similar al de Francia y superior al de mercados más maduros como el británico y el alemán) en términos de financiación y scale-ups. “En 2011, si una start-up española hacía una ronda de financiación de 100.000 euros, hacíamos una noticia sobre ello, hoy si no es de 20 millones no la hacemos”, apunta Carlos Otto, periodista de El Confidencial.

Según Otto, la “evolución económica empresarial” que se ha producido desde 2011 ha supuesto que el ecosistema español de start-ups esté ahora “mucho más profesionalizado” y “consolidado”, algo que se ha visto acompañado también de una “evolución social”. “Ante el desempleo, el discurso emprendedor caló mucho y fue negativo, pero ahora, por suerte, el boom social está bajando: el que emprendió por necesidad y ahora no la tiene, ya no lo hace”.

Pese a esta evolución, no son pocos los que creen que el ecosistema de start-ups en España tiene mucho margen de mejora: casi la mitad de las start-ups cuenta con una cartera de inversores poco diversificada, inferior a los 6 (lo que supone que el riesgo de fracaso sigue siendo elevado); el ecosistema en su conjunto cuenta todavía con una inversión 10 veces menor que la del Reino Unido a repartir entre una suma 7 veces menor de empresas, y en la relación entre número de scale-ups, inversión y demografía se encuentra a la cola de la UE, solo por delante de Polonia, Italia y Austria.

“España se ha empezado a poner ahora al nivel de otros países similares de nuestro entorno pero no podemos echar las campanas al vuelo: el emprendimiento start-up en España está todavía lejos del de otros países más desarrollados de Europa”, asegura Mergías, que no obstante reclama cautela sobre comparaciones. “En otros países, como Reino Unido, se lleva apostando y apoyando a las start-ups y a los inversores fiscalmente mucho más tiempo, y como consecuencia de eso el ecosistema ha crecido mucho más. Es un círculo virtuoso: más start-ups llevan a más inversores y aceleradoras, que llevan a que se incremente el número de exit (ventas), que a su vez lleva a más y mejores inversores, que a su vez financian a más start-ups”.

En este sentido, tanto Cabiedes como Mergías coinciden en que España no tiene un problema de emprendedores: “Tenemos al mejor emprendedor de Europa, Amancio Ortega, y tres escuelas de negocio (IESE, ESADE y EADA) entre las 20 mejores del mundo”, responde el inversor sobre aquello de lo que los españoles deben sentirse orgullosos, en la misma línea que el creador de Startupexplore: “España tiene que sentirse orgullosa de su tremenda disponibilidad de talento y de sus cada vez más numerosos emprendedores de éxito que invierten su tiempo y dinero en seguir apoyando al ecosistema”.
Sobre esto último, Mergías matiza que la tendencia que se observa es que “ha aumentado la inversión pero no las operaciones de inversión” y que “sigue faltando inversión privada en las fases iniciales”, a pesar de la Ley de Emprendedores puesta en marcha en el año 2013. “Todavía es muy caro montar una startup, no tanto en costes del propio proceso sino de los impuestos que hay que pagar a pesar de no tener beneficios (política fiscal). También a nivel retributivo las start-ups necesitan cambios, no para despedir barato sino para contratar más barato, poder retribuir a empleados con stock options (actualmente es absurdo el sistema español). También mejorar el marco institucional y simplificar trámites”, enumera el cofundador de Startupexplore.“No hay un problema de emprendimiento en España, hay un problema de España. Primero hay que arreglar el país, el paro, la corrupción y el entorno económico, y el emprendimiento surgirá solo”, zanja Cabiedes.

Todo ello no excluye, en cualquier caso, que los emprendedores españoles tengan frente a sí desafíos: tal y como apunta el director de Comunicación freelance Igor Galo, “solo pocas se internacionalizan”. “Los retos para las start-ups españolas son dos: ser rentables y nacer internacionales, no necesariamente para vencer a los competidores internacionales sino para captar su atención y lograr que te compren”, añade Otto, quien apunta que el tamaño del mercado de España (46 millones) muchas veces impulsa a los emprendedores a pensar solo en clave nacional, a diferencia de lo que ocurre en países pequeños como Israel (8,5 millones), con una cultura que obliga a los emprendedores a pensar en tecnología más allá del mero consumo y a escala global.

“Creo que deberíamos ser mucho más ambiciosos en general, buscando crear compañías globales y no sólo dominar España. Tenemos un mercado que tiene un tamaño ideal para montar negocios grandes y sostenibles pero que está muy lejos de lo necesario para poder competir de tú a tú con los grandes players internacionales”, insiste Mergías.

Dentro de esa perspectiva, el CEO de Startupexplore adelanta las posibles nuevas líneas de expansión: “Creo que veremos cada vez más compañías especializadas en inteligencia artificial y conexión de objetos con internet, machine learning (aprendizaje automático), ehealth (salud), fintech (servicios financieros). Y espero ver un incremento importante del número de start-ups con ambición global desde el inicio”.

En paralelo, Luis Cabiedes resume “el gran desafío del futuro”, en España y el mundo: “Hasta ahora en internet y en aplicaciones móviles era ventajoso ser pequeño, una start-up”, señala. “La duda es si en las grandes batallas tecnológicas del futuro, el Big Data, la inteligencia artificial, los coches autónomos, entre otros, la ventaja estará del lado de las start-ups o de grandes empresas”.

Artículo publicado en el número de diciembre 2017 de la revista Capital, que puede adquirir en el quiosco o en este enlace: https://bit.ly/2uGcrqi