General Opinion

¡Alégrenme la vida, por favor!

Este puede ser un título sugerente para aquellos que pensamos que necesitamos que dejen de aporrearnos con noticias negativas, catastrofistas y faltas de esperanza. Seguro que estarán de acuerdo en que quienes somos felices en la vida lo pasamos mucho mejor que los pesimistas, que siempre ven el vaso medio vacío o vacío del todo. Pero seguro que también lo estarán si hablamos de la cantidad de impactos negativos que recibimos a través de los medios de comunicación. Parece que el mundo ha caído directamente en un agujero negro del que no podemos salir, sea porque aparece una gripe que nos extinguirá por completo y que milagrosamente desaparece, sea porque siguen matando indiscriminadamente en Siria sin que podamos hacer nada, sea porque los políticos prescinden absolutamente del pueblo y van a su bola, o porque el pueblo se ha vuelto loco y elige a quien no toca.

Ni los políticos ni los medios de comunicación ni los financieros son hoy mensajeros de buenas noticias. Estamos sumidos en un micro-management que hace que miremos lo pequeño, que busquemos el detalle y las miserias humanas, olvidándonos de los sueños de aquellos que ayudan a construir un mundo mejor. Y espero que estén de acuerdo en que somos más los que estamos en el segundo grupo que en el primero porque, si no, formarán ustedes parte irremisiblemente de los pesimistas que nos están hundiendo.

Si piensan que la respuesta a todo lo anterior es el realismo, se equivocan. Hemos sido manipulados constantemente por los tres poderes que he citado anteriormente hasta puntos inconcebibles. Fíjense: políticos que no tienen sueño alguno, que se limitan a un juego de poder y crítica basado en desprestigiar al contrario y a buscar un bienestar basado en un plato de lentejas sin perseguir objetivos nobles, altos y que provoquen que les sigamos, admirando su coraje y determinación. Y seguramente son así porque están atenazados por el poder del sistema financiero y sus necesidades, aquellos a quienes salvamos entre todos inyectando cantidades inauditas de dinero –que tardaremos décadas en pagar– para salvar de la quiebra a quienes habían especulado y, en algunos casos, engañado o manipulado a muchos o, en el mejor de los casos, habían gestionado pésimamente sus entidades. Sin preguntarnos si queríamos hacerlo. Y, seguramente, también porque los medios han logrado que casi nadie en su sano juicio y con extraordinaria formación y talento se aventure en los caminos políticos porque serán investigados, perseguidos, insultados y desprestigiados a la primera de cambio.

¿Pero cuántos son esos? ¿Dónde estamos los demás? Igual son los que han votado a populistas que asustan a los realistas o a quienes no votan desde hace tiempo porque les hastía esa tomadura de pelo a la que llamamos democracia hoy. Y ¿cómo es esa gente? Pues seguramente como muchos de nosotros, que lo que pretendemos es vivir lo más felices posible, trabajar ayudando a quienes nos rodean y soñar en poder tener una sociedad más digna y justa de la que han construido a base de dinero y de poder.

Como al trabajar en marketing tengo que conocer de cerca los comportamientos de los humanos, debo decirles que hoy son muchas empresas las que están logrando que tengamos un espacio en nuestras vidas de felicidad, paz y armonía. Es paradigmático que Google reconozca que su gran fuerza es su gente, y lo demuestra continuamente con esa voluntad inequívoca de hacerles felices y ayudarles a desarrollar todo su talento, que les ayuda a conseguir resultados extraordinarios.

Hay muchísimas empresas que han descubierto ya ese secreto del éxito que se basa en atraer talento extraordinario gracias a la preocupación constante por ellos y su desarrollo. ¡Y no son todas norteamericanas!

Al final resultará que aquellos de quienes antes he hablado (políticos, financieros y medios) no están entendiendo que el mundo paralelo de las empresas que sueñan les está pasando por la derecha y sin intermitente. Si no empiezan a soñar ellos, se encontrarán irremediablemente acosados por quienes sin ser políticos, gobiernan; quienes sin ser financieros, financian cantidades ingentes de proyectos a través del crowdfunding o sistemas similares; y que los medios dejan de tener audiencia en muchos espacios de opinión que antes eran seguidos con absoluta fidelidad. ¿Será que hemos decidido ser felices ayudando a los demás, pero pasando de quienes nos manipulan continuamente?

Xavier Oliver es profesor del IESE.

Columna publicada en el número 194 de la Revista Capital. Para ver más contenidos de ese número o de otros, pulse en este enlace: http://bit.ly/2w2mwgj.