General Opinion

¿Terremoto electoral o solo encuestas?

Las encuestas gotean mes a mes un cambio en la posición de los partidos. El PP tiene su electorado en proceso de erosión. El PSOE crece, pero se estanca en la tercera posición. Ciudadanos engorda a costa de los otros dos y Podemos se va convirtiendo en la IU de la época de Anguita perdida su magia postmillennial. Algunas encuestas incluso dan más éxito a la formación naranja y su líder Rivera (Metroscopia en El País le asigna el primer puesto). ¿Qué está pasando?

El empuje de Ciudadanos se debe a algunos factores: a) su éxito electoral en Cataluña, que lo ha convertido en un ‘voto útil’ mientras que hasta ahora era subsidiario del PP y/o el PSOE en un electorado que ahora lo empieza a ver al revés; b) la irrupción de electores desilusionados con el bipartidismo, que a base de pragmatismo ha ido vaciando la propuesta ideológica de sus protagonistas; c) la crisis económica e institucional, de la que Cataluña es su emblema, que deja desorientado a un electorado en busca de agarraderas (Ciudadanos y Podemos); d) la habilidad comunicativa en el partido naranja que ha capitalizado el sentimiento ‘español’ renacido frente al ataque independentista; y e) el cambio generacional, donde los votantes del bipartidismo son sustituidos por nuevas cohortes, sin fidelidad a una marca determinada.

No obstante, el PP sigue teniendo una estructura territorial difícil de superar. Lo mismo le pasa al PSOE. El número de alcaldes y concejales de ambos partidos es un entramado sólido. En Galicia y las dos Castillas los populares son inexpugnables. Lo mismo que los socialistas en Andalucía. En las zonas rurales y en las ciudades medias esa malla electoral amortigua los embates de Ciudadanos y Podemos. El electorado de estos dos está concentrado en las capitales de provincia y su entorno metropolitano, donde la ideología o el clima mediático prima sobre las relaciones de poder cercanas o la imagen de un gestor público.

Así que, si la legislatura se alarga hasta 2020, y las elecciones municipales son antes que las generales, la estructura territorial de PP y PSOE les dará resultado y la imagen sería que el bipartidismo, aunque debilitado, se mantendría como la opción preferente. Ciudadanos seguiría siendo un partido adicional, capaz de formar gobierno con el PP o PSOE, como apoyo. No como columna principal.

Por contra, si se adelantan las elecciones generales, Ciudadanos puede ganar protagonismo. Si consigue convertirse en la fuerza más importante, muchos cuadros de PP y PSOE se pasarán a la formación naranja, descomponiéndose parte de la estructura territorial de ambos. Ya ocurrió con los cuadros de la UCD, que después de su derrota en 1982 entraron a formar parte de la entonces coalición AP-PDP-UL (antecedente del PP) y el PSOE.

En consecuencia, en pura lógica electoral, a Ciudadanos le interesaría provocar el adelanto de las elecciones generales. Lo mismo que al PSOE y, sobre todo, al PP le interesa lo contrario. Ese adelanto electoral se podría forzar evitando la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado. De ahí que, aunque parezca lo contrario, a Ciudadanos no le interesa que se aprueben. Por el contrario, a PP y PSOE les interesaría que se aprobasen o, cuando menos, que la prórroga presupuestaria permitiese celebrar las elecciones generales después de las municipales.

Por tanto, independientemente de lo que ocurra en Cataluña, si se ven maniobras de Ciudadanos para acelerar el adelanto electoral, o del PP y el PSOE para retrasar las elecciones generales, se puede afirmar que se deben a sus intereses electorales.
Pero, de momento, son encuestas. Solo en las elecciones al Parlamento catalán de diciembre pasado se ha materializado la supremacía de Ciudadanos, y eso ha sido en una situación ‘singular’. La concentración del voto en esa formación en Cataluña se debió al ‘efecto voto útil’ que la ley D’Hondt favorece, primando al mayoritario. Lo que sí parece claro es que, en el centro-derecha, la indiscutible posición del PP, el mayor éxito de Fraga y después de Aznar, está en discusión. Las espadas están en alto. Pero sea quien sea el ganador, parece que España ha dejado de ser mayoritariamente de centro-izquierda. Quizás sea el efecto del envejecimiento de la población o de la falta de ofertas realistas del PSOE y Podemos.

Columna publicada en el número de Marzo de la revista Capital. Para ver más contenidos de este número o de otros, visite este enlace: bit.ly/2q0cLOf.