¿Socialismo o liberalismo? ¿Qué modelo económico queremos?

Jordi Benítez

Ramón Tamames, catedrático de Estructura Económica, analiza en su reciente libro El último siglo económico. Capitalismo, el gato de siete vidas la gran transformación que ha vivido uno de los sistemas económicos con más peso en los últimos tiempos.

En ese recorrido comparativo entre la teoría que prima la libertad individual como generadora de riqueza (liberalismo) y la que resalta la importancia de una contribución global que redunde en el bienestar general (socialdemocracia), Tamames incide en que “el mercado no lo resuelve todo. Si no, no habría partidos socialdemócratas. Debe haber unos correctores que eviten una desigualdad excesiva y una sociedad excluyente”.

Esa filosofía es la que ha hecho triunfar durante tanto tiempo a los partidos de izquierda o centro-izquierda. En opinión del economista Daniel Lacalle, los partidos socialdemócratas occidentales han ganado durante décadas en Europa gracias a su acercamiento a la economía de mercado: a su incentivo a la propiedad y a la iniciativa privada y a su visión de la economía como una familia que ahorra, crece, aporta valor añadido y obtiene ingresos para proteger y ayudar a sus mayores y a sus hijos. Así se desarrollaron en países como la España de Felipe González, que adoptó medidas para favorecer la libertad y el crecimiento económico, la apertura al exterior y avanzó en políticas sociales sin tenerlas como excusa para crear un Estado clientelar.

Cuando había un mayor grado de consenso en este tipo de políticas, la socialdemocracia viró inexplicablemente hacia un creciente intervencionismo y enfrentamiento con la propiedad privada. Se ha acercado más al populismo, que “jamás ha ganado elecciones y que no tiene como objetivo el progreso, sino el control”, estima Lacalle. “Cuanto más se ha acercado el socialismo al populismo, más cercana ha estado su desaparición, o ha ocurrido, como en Francia”, añade este economista.

“Cuanto más se ha acercado el socialismo al populismo, más cercana ha estado su desaparición, o ha ocurrido, como en Francia”

La caída de la socialdemocracia dio aire al liberalismo de Hayek, Reagan, Thatcher y otros líderes mundiales. Se enfocaron en la defensa de un Estado del Bienestar adecuado, con una fiscalidad no confiscatoria y con el crecimiento y el empleo como objetivos claros para sostener todo ese sistema. Traída esa filosofía al momento actual, Lacalle habla de Estados Unidos y de su desacuerdo con la recesión en el país norteamericano que algunos expertos auguran para 2020 por el supuesto final del efecto de la bajada de impuestos.

“Las bajadas de impuestos no pierden efecto”, sostiene Lacalle. “Las empresas de allí tienen 2,3 trillones de dólares en otros países y no invertían en el país porque los impuestos eran demasiado altos. Reducirlos ha sido una cuestión de justicia, y se ha traducido en un incremento de los ingresos, del crecimiento económico, de las inversiones y en una repatriación de capitales”, añade.

Para Lacalle, la renovación sana de la socialdemocracia pasa por la de aquellos países que han reconocido el fracaso de las economías planificadas y emprenden medidas más liberalizadoras, como ha hecho el presidente de Francia, Emmanuel Macron, y en parte hizo Barack Obama. Para nada transcurre por lo que él considera la falacia del efecto multiplicador del gasto público sobre el crecimiento, que en su opinión parte de algunos presupuestos erróneos y nocivos: “La idea de que el sector público tiene mayor y mejor información que las empresas sobre lo que la economía necesita consumir o en lo que debe invertir, y el hecho de que el que decide gastar más o menos no sufre las consecuencias de lo que hace. Gasto tu dinero y, si sale mal, le echo la culpa a los mercados. Aumentar el gasto y los desequilibrios es la política más antisocial. Es pasarle los gastos a tus hijos o a tus nietos”.

“Aumentar el gasto y los desequilibrios es la política más antisocial. Es pasarle los gastos a tus hijos o a tus nietos”

Lo que está claro es que la situación ha cambiado mucho. Así lo admite Tamames en su libro, refiriéndose a la evolución del capitalismo. En su opinión, hoy en día nos encontramos con lo que el economista Paul Samuelson llamó la economía mixta. Los presupuestos de Estados como Francia o Suecia emplean el 50% en gasto público, o lo rebasan. Las huelgas ya no se dan contra el empresario, sino contra el regulador, el Estado, que es el que controla los aeropuertos o los taxis en países como el nuestro.

Ese aumento del gasto público por encima del 50% del presupuesto se destina al Estado del Bienestar, que cambia los precios y los márgenes. El llamado gasto social supera el 60% en España. El Estado del Bienestar y la economía mixta marcan el presente y futuro de sociedades como la española, en opinión de Tamames, junto a un gasto emergente: el medio ambiente. Tendrá un peso cada vez mayor en busca del cambio de modelo energético que propugnan los acuerdos de París de 2015, e impactará en las cuentas sobre todo por su nueva regulación, afirma el profesor.

En este contexto, ¿cómo puede moverse una economía moderna? Tamames destaca precisamente la evolución de un país como Suecia. “Ya ha pasado la época en que personajes como Ingmar Bergman o Greta Garbo tenían que irse de allí porque no podían pagar los impuestos. Ahora es una economía más dinámica, menos socialista y con menos reglamentación”.

El profesor estima que los principios por los que se rige la economía en Europa son prácticamente los mismos, aunque con diferente gradación. Por lo que se refiere a España, afirma que se podría obtener una mayor recaudación sin subir impuestos. “Si tuviéramos al fisco más activo, nuestros ingresos serían mucho más fuertes. Se calcula en 60.000 millones lo que estamos dejando de ingresar por culpa del fraude. Si llegáramos a esa cifra, nos situaríamos en el 44% de presión fiscal, muy cerca de los países nórdicos. Actualmente estamos en el 38%”, afirma.

Nuestra economía sumergida, según sus datos, está por encima del 20%. La de ellos se ubica en el 10-15%.  Junto a este debate, otros expertos indican que tener una mayor libertad económica a la hora de crear empresas nos asemejaría más a los países nórdicos. Tamames no cree que en España haya una dificultad excesiva para emprender. “Quien quiere, lo hace”, afirma.

La realidad es que no estamos entre los mejores países para hacer negocios, según los rankings internacionales. Para Tamames, otra cosa son los problemas que surgen “cuando la compañía crece y se sindicaliza”. El profesor también cree que el Tribunal Constitucional debería haber hecho mucho más por salvaguardar la unidad de mercado, una traba para las empresas que se ha denunciado en innumerables ocasiones: “Algunas comunidades autónomas dicen que es un modo de que el Gobierno central recupere competencias, como si fuera una opresión total. El propio lendakari del Gobierno Vasco, Íñigo Urkullu, ha dicho que ya tienen suficiente. Su región ya es un Estado dentro del Estado, con su hacienda confederal, muchos recursos y un cupo muy favorable”.

Por lo que se refiere a la inversión pública, Tamames cree que es muy importante “si se hace bien. El profesor Barea, ya fallecido, decía que se perdía un tercio de ella en el camino por las comisiones, los intermediarios y la corrupción, pero hoy en día está por los suelos. La recuperación no se ha notado en ella. No alcanzamos el 2% del PIB, cuando en teoría debería ser un 5%: unos 60.000 millones, y estamos muy lejos”. La situación le parece especialmente penosa en cuestiones como el AVE, que no llega a Galicia, Asturias o el País Vasco. “Una red sin terminar, es una frustración.

Lo mismo ocurre con otras inversiones públicas”, estima. Lacalle, por el contrario, lamenta que haya una obsesión por el gasto por encima de los servicios y la calidad. Recuerda que gastamos más que en el año 2007, y que “la perversión del lenguaje hace que hablemos de austeridad cuando lo que hay es una moderación en el crecimiento del gasto. Se nos dice que si gastamos más, habrá que pagar más impuestos. ¿Por qué no gastamos menos? Se nos dice que recaudamos un 11% menos que la media de la Unión Europea, pero no se recuerda que tenemos más del doble de paro”.

Por lo que se refiere al plano contrario, el bajar los impuestos, Tamames cree que no siempre es positivo: “Si queremos tener un mayor gasto público y dedicarlo a reformas, a mayor igualdad de oportunidades, hay que gastar más, invertir más y subir los impuestos. Pero es muy importante medir la calidad del gasto. El profesor del Valle hizo un estudio muy bueno hace tiempo para Funcas. Concluía que el gasto público era un 40% más costoso que el privado teniendo en cuenta los mismos ítems. Nos fijamos mucho en los ingresos, pero el gasto ha de rendir bien. En este sentido, no hemos hecho un esfuerzo suficiente con la educación y la sanidad pública”.

La fórmula de bajar impuestos puede servir a Estados Unidos porque el 60% del comercio mundial se desarrolla en dólares. “Ese es un activo impresionante mientras perdure. Pueden endeudarse, consumir mucho, invertir poco… El euro no se ha desarrollado lo suficiente”, apunta Tamames. Como se decía con anterioridad, Lacalle cree que siempre es bueno bajar impuestos, y que se podría hacer con rapidez.

Como se ve, las posturas son distintas según la óptica ideológica desde la que se orienten. En cualquier caso, hay algo en lo que coinciden Tamames y Lacalle, y es en que el Gobierno tiene que cumplir cuestiones como las de los objetivos de déficit público impuestos por la Unión Europea, que España ha de tener por debajo del 3% para este año. Un incremento del gasto no lo facilitaría, pero no parece que el Gobierno pueda sacar el Presupuesto adelante por la oposición de PP y Ciudadanos.

Tampoco se pueden romper las reglas, recuerda Tamames, en alusión a lo que Pablo Echenique, miembro de Podemos, señalaba hace un tiempo en torno al interés de eliminar el veto del Senado. El nuevo Gobierno trata de sobrevivir con sus inquietantes aliados hasta las elecciones de 2020. La historia y la evolución en Europa muestran que su porvenir depende más bien de acercarse en sus postulados al libre mercado y separarse de los populismos. Eso es lo que han hecho otros partidos socialdemócratas, y parece que a ellos y a sus compatriotas les ha ido mejor que a los que han tirado por el camino contrario.

En cualquier caso, Tamames es optimista con el futuro de nuestro país. Desmiente los lugares comunes pesimistas que a veces ve en algunos medios, y que por ejemplo dicen que las empresas españolas no invierten en tecnología. A este respecto, recuerda el ejemplo de compañías como Telefónica, Iberdrola, Ferrovial o ACS, que compiten por todo el mundo y son una muestra de que España tiene mucho que aportar. Para ayudar a que así sea, vendría bien que contáramos con un modelo económico que favoreciera la vida de las empresas, el crecimiento económico y del empleo, y que con ello se contribuyera a mantener nuestro envidiado Estado del Bienestar.

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