“No es verdad que Google no pague impuestos”

Jordi Benítez

Aunque parece que lleve aquí toda la vida, Google ha cumplido tan solo veinte años en septiembre. La empresa que se convirtió en imprescindible en nuestras vidas gracias a su sencillo buscador en Internet, inicia su segunda década entre la admiración por su capacidad de innovación y de crear un descomunal negocio, y las reticencias ante la abrumadora cuota de mercado de sus productos y su habilidad para pagar menos tributos aprovechando los recursos que le facilita la ley. Para aclararnos estas cuestiones y hablar sobre el presente y futuro de este gigante tecnológico, hablamos con Fuencisla Clemares, responsable de la firma en España y Portugal. Después de trabajar siete años en la consultora McKinsey y dos como directora de Compras de Carrefour, se incorporó a Google en 2009 como directora de Retail y Bienes de Consumo. Desde 2016 lidera la firma en nuestro país.

¿Qué ha cambiado en este tiempo?
Seguimos creciendo bien. El negocio publicitario es todavía nuestro fuerte, y ahora estamos apostando más por el mundo cloud (almacenamiento de datos en Internet). Hemos llegado un poco tarde a este segmento, pero estamos invirtiendo mucho y vamos viendo crecer poco a poco las cifras. Amazon es el líder en este campo. Empezó hace tiempo, y nosotros llevamos año y medio apostando con fuerza. Son ciclos de venta largos. Se tarda tiempo en construir la cuenta de resultados, pero va mejorando. Empresas como Spotify o Twitter se han pasado a nuestra nube. Estamos contentos con los avances.

¿Qué pueden ofrecer frente a Amazon?
Tenemos siete productos con más de 1.000 millones de usuarios soportados por nuestra nube (cloud). El streaming (vídeo en directo) es el que más tensión le crea. Si somos capaces de que aguante bien con YouTube, imagínate con otros productos más sencillos. Además, somos muy competitivos en precio y podemos aplicar todo lo que han aprendido nuestras máquinas en beneficio de los usuarios.

Usted que va tres veces al año a Silicon Valley, ¿qué revolución piensa que está por venir?
Cada diez años se produce una gran innovación en el mundo digital. Ha sido así desde la década de los 80. La última fue la ligada a los smartphones, que arrancó en 2007. Ahora viene la inteligencia artificial. Estamos empezando, y va a producir mucha transformación. Veo su impacto en dos grandes terrenos: la voz, con unos asistentes virtuales que serán cada vez mejores. Interactuar con la voz será tan común como lo es hoy hacer una búsqueda en Internet. Y el big data-machine learning (máquinas que aprenden de los datos). Está produciendo mejoras impresionantes en la optimización de la logística, los stocks, la fijación de los precios, la detección del fraude… Se llega a mejoras de un 30-40-50% sobre procesos que se creían optimizados. Ha traído ascensos impresionantes en la cuenta de resultados de negocios como la gestión de riesgos en banca, de hasta un 30%. El objetivo es que los asistentes virtuales respondan a preguntas cada vez más complejas, que no se hacen al buscador; que sean más útiles y con más funcionalidades. Y es algo de hoy: la adopción está siendo extraordinariamente rápida.

Estas cuestiones producen a veces un poco de miedo, especialmente por lo que puedan afectar a la desaparición de puestos de trabajo. ¿Estamos siendo receptivos en España?
Soy optimista. Todo avance tecnológico trae ventajas e implicaciones a las que hay que anticiparse y saber gestionar. España es un país avanzado a nivel usuario. Nuestra penetración de móviles está a la altura del Reino Unido, que es el líder europeo. En cambio, las empresas no han sabido aprovechar la oportunidad. Nuestra venta online está muy por debajo de la de otros países. La experiencia que proporcionamos está muy por detrás. Viajes apostó muy pronto por la Red: las aerolíneas, los hoteles… El retail ha ido un poco más despacio. La moda se ha puesto las pilas, pero le falta pensar cómo le ven en el móvil, cómo se puede dar una experiencia extraordinaria. Todavía falta. La banca ha avanzado en transacción, pero no tanto en captación y en desarrollo de producto. En el sector público aún queda mucho por hacer, y lo mismo en las pymes. La tecnología está entre las tres principales prioridades de los ejecutivos de las grandes empresas, pero no de las pequeñas.

¿También usted cree que nos faltan profesionales cualificados?
La falta de formación es una realidad, y cada vez más. Vamos a necesitar especialistas en datos, en tecnología. Se dice que en diez-quince años se van a crear 21 millones de puestos de trabajo en este sector. ¿Vamos a tener a la gente lista? Solo el 44% de los europeos tienen unas capacidades digitales mínimas. Hay 500.000 posiciones tecnológicas en el mundo que no están cubiertas. Hay mucha falta de talento en determinadas disciplinas. Lo vemos en nuestros clientes. Nos piden expertos en comercio electrónico, creación de webs, desarrolladores… y hay un 50% de paro juvenil. ¿Cómo es posible este gap?

¿Contribuyen de algún modo a reducirlo?
Formamos en capacidades digitales desde hace tres años. Tenemos acuerdos con veintidós universidades. Hemos instruido a 350.000 alumnos en España. 46.000 han cambiado de trabajo, han creado el suyo o han conseguido un empleo. También damos formación a pymes. Han creado sus webs y venden fuera. Recientemente hemos llegado a un acuerdo con UGT para digitalizar a jóvenes y a personas en activo para que puedan desarrollar su carrera profesional; trabajamos en un programa en Galicia para formar a 5.000 mujeres del ámbito rural en capacidades digitales básicas; enseñamos programación y código a niños de entre 8 y 12 años en riesgo de exclusión en colaboración con la ONG Ayuda en Acción… Nos obsesiona desarrollar estas capacidades, pero deberíamos replantear la educación a nivel de país. La tecnología es el nuevo inglés.Todos deberíamos tener unos conocimientos básicos sobre ella.

¿Cómo ve la universidad?
La ingeniería española está muy bien considerada. Nuestros ingenieros salen fuera y consiguen trabajo si saben inglés. Me preocupa más que las ingenierías no capten talento femenino. Las estudiantes de carreras técnicas están por debajo del 30%, y cayendo. Es un fenómeno mundial, y es un problema. La elaboración de los productos ha de responder a la realidad de la sociedad. Si se forma en tecnología desde pequeños, incluidas las niñas, probablemente cambie la situación, y las mujeres se interesen más.

¿Qué le parece la polémica generada en torno a los datos, a raíz del escándalo de Facebook?
Es bueno que haya una regulación: que los datos estén seguros y que nadie pueda acceder a ellos. Invertimos en ello cantidades ingentes de dinero. También procuramos ser transparentes: los usuarios pueden ver qué datos tenemos de ellos y controlarlos. Dicho esto, el usuario tiene que entender que recogemos sus datos para que nuestro producto funcione mejor. Cuanto mejor le conozcamos, más personalizada va a ser la respuesta que damos a sus peticiones. Ahí está el balance. Cuando se regula, hay que entender lo que se pide; lo factible que puede ser implantarlo o no. En cualquier caso, estamos trabajando para aplicar la ley.

¿Qué opina de la llamada “tasa Google”?
Se dice que no pagamos impuestos, pero no es verdad. En los últimos años hemos abonado el 16, 17 y 19%. Contribuimos y pagamos. Otra cuestión es cuál es la legislación en el mundo y cómo la aplicamos. Respetamos la ley; entendemos que la legislación es antigua y pedimos que se simplifique, clarifique y homogeneice entre los países. Nos parece bien ese debate. Lo que no vemos es que se adopte una decisión unilateral en el ámbito europeo (como se está planteando en España con la tasa). Que Europa se ponga de acuerdo y nos adaptaremos.

¿Le pareció justa la multa de más de 4.000 millones que les impuso Bruselas por el monopolio de Android (sistema operativo de Google en el móvil)?
Siempre hemos dicho que Android permite que haya más competencia. Está en cientos de miles de dispositivos y fabricantes, su código es abierto, se puede instalar y desinstalar… No estamos de acuerdo con la sentencia, y por eso la estamos recurriendo. Habría que esforzarse en profundizar más y entender mejor el modelo de negocio de Android.

¿Les está dando muchos quebraderos de cabeza el derecho al olvido?
No es una cuestión fácil. El debate está ahora más presente en Francia y a nivel mundial. Nosotros elaboramos un informe de transparencia en el que se reflejan peticiones de políticos, usuarios de a pie, gente de negocios… No tenemos claro que lo que salta en la agencia de protección de datos de un país tenga que extenderse a todo el mundo (en España se produjo la primera sentencia a favor del derecho al olvido con carácter global). Produce una tensión entre la libertad de información y el derecho a la intimidad. Recientemente ha habido un caso con El País en el que se requería la retirada de una información de su hemeroteca. Se lo comunicamos y se indignaron, por pensar que va contra la libertad de información. En la Agencia de Protección de Datos nos dicen que no avisemos a los webmasters, pero no nos parece bien hacerlo. En este caso, el implicado vino a nosotros a pedir la retirada de la información, y le dijimos que lo solicitara a El País…

¿Cuándo veremos el coche autónomo de un modo habitual?
Esa parte del negocio corresponde a Alphabet, nuestra matriz. Va cogiendo velocidad. Ya ha hecho miles de kilómetros en Estados Unidos. Europa va algo más despacio. Hay cuestiones regulatorias por resolver; también de calidad de red (que llegue el 5G), cambios de infraestructuras tecnológicas… Pero todo llegará.

¿Qué líneas de su negocio ve con mejores perspectivas?
YouTube tiene recorrido. El consumo de televisión tradicional aún es muy alto. La tendencia es que la televisión lineal empieza a caer, y sube el vídeo online: Netflix, HBO, YouTube… Apenas acaba de empezar. Vamos a ver una transformación importante en la industria. En cuanto a Android, el número de dispositivos solo crecerá en los países en vías de desarrollo. Los altavoces del hogar y la domótica tendrán un gran despliegue en los próximos años. Gmail se desarrollará con la inteligencia artificial: podrá dar respuestas automáticas, contestando e-mails mientras vamos de camino a algún sitio, por ejemplo, sin necesidad de que tecleemos, basándose en lo aprendido sobre nuestras expresiones.

¿Surgen nuevos formatos publicitarios en YouTube?
Impulsamos mucho el formato de seis segundos. Más del 50% de los visionados de vídeos de YouTube son en el móvil, en donde hay menor atención. Seis segundos es el tiempo que aceptas para luego ver un vídeo.

¿Ayuda la localización en los mapas a que crezca el negocio de las tiendas?
Les trae mucho tráfico si su información está bien estructurada, con los horarios bien puestos, si alimentan la plataforma, hay reseñas… Hay muchos casos de éxito. El 30% de las búsquedas del móvil se interesan por lugares cercanos: cines, jugueterías…

¿Teme que Google se duerma por tener una cuota de mercado tan destacada en sus productos?
No podemos dormirnos. Cuando aparecimos, pocos sabían lo que era Internet. Ahora tenemos mucha más competencia. Se usan muchas aplicaciones para las búsquedas, y nosotros somos generalistas. Tenemos que ver cómo dar resultados igual de buenos en las búsquedas que otras opciones más verticalizadas. Nosotros mismos nos estamos verticalizando. Ofrecemos, por ejemplo, la opción Shopping, donde damos fotos, precios y facilitamos la comparación de productos.

Las tiendas pequeñas temen la compra por Internet. Parecía que España era un mercado más pequeño y no iba a tener tanto impacto, pero aquí está.
Efectivamente. La revolución ha llegado a la distribución. Nos ofrecemos como socios tecnológicos para las tiendas: ver cómo pueden tener éxito las que han llegado tarde; qué se puede hacer en publicidad, cloud (ya que manejan muchos datos que hay que almacenar), interacción con la voz…

BBVA dijo hace poco que sus competidores son Google y Apple. ¿Qué opina al respecto?
No estoy de acuerdo. No somos rivales de la banca. Su negocio es financiero: gestionar créditos, depósitos… Lo nuestro es totalmente distinto. Somos socios de BBVA en algunas cosas (cloud, publicidad…). Nos miran de reojo, pero no somos competidores. Vamos a ganar más trabajando juntos.

¿Qué le enorgullece más del tiempo que lleva ejerciendo como responsable de Google en España?
Lo primero que se pide a un ejecutivo es que forme un equipo que funcione. Estoy muy satisfecha de lo que hemos logrado, y del dinamismo de nuestro trabajo. También de los acuerdos que hemos conseguido; por ejemplo, el de Carrefour, que es a nivel global, pero se gestó en España. Y del impulso a la formación. Los emprendedores de Campus, con los que llevamos trabajando tres años, han creado 1.000 empleos. Nuestro reto permanente es priorizar. Cuando no lo haces bien, lo pagas. El cambio tecnológico hace que ese desafío sea permanente.

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