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Los planes de Banco Santander para que sus clientes se comprometan con la economía verde

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Las operaciones internas del Banco Santander en sus instalaciones son neutras en carbono desde 2020, treinta años antes de los objetivos globales para el planeta fijados en el Acuerdo de París. Ahora, el gigante financiero ha anunciado su hoja de ruta para acompañar a sus clientes en su transición hacia la economía verde. Su primer foco está en 2030.
El cambio climático es una emergencia global. Somos uno de los mayores bancos del mundo, con 148 millones de clientes, y por eso tenemos la responsabilidad y la oportunidad de apoyar la transición ecológica y animar a más personas y empresas a ser más sostenibles. Queda muchísimo por hacer, pero los compromisos que anunciamos son un gran avance”. Estas palabras de Ana Botín, extraídas de un artículo publicado en la web de Banco Santander, muestran la decidida apuesta del grupo por una economía verde.
La entidad publicó hace dos años una detallada agenda con 11 objetivos de banca responsable, cuatro de ellos dirigidos a proteger el medio ambiente: movilizar más de 120.000 millones de euros en financiación verde, cifra que se elevará a 220.000 millones hasta 2030 (desde 2019 ha facilitado 32.640 millones); obtener todo el suministro de electricidad a partir de fuentes renovables (ya representa el 63% de la energía que consume, superando el objetivo del 60% fijado para 2021); reducir por completo los plásticos innecesarios de un solo uso (ha logrado reducir un 98%, a un paso del 100% de objetivo para 2021);  y ser neutro en carbono (en 2020 sus emisiones netas fueron cero).
Pero ahora Banco Santander da un paso más al anunciar su plan para apoyar a los clientes a que cumplan también los objetivos del Acuerdo de París sobre el cambio climático, incluyendo las emisiones de carbono de sus clientes que impliquen a los servicios de financiación, asesoramiento o inversión que ofrece Santander.

La entidad bancaria empezará por los sectores con una exposición al clima más relevante. Esto significa que en 2030 dejará de financiar a los productores de energía que tengan más de un 10% de ingresos provenientes del carbón térmico y eliminará toda su exposición a las minas de carbón con finalidad energética en todo el mundo. En el transcurso de este año, Santander publicará los objetivos de descarbonización para otros sectores relevantes, como los de petróleo y gas, transporte, o minería y siderometalurgia.
El banco acompañará a sus clientes en el camino de transición para reducir sus emisiones. Para ello, cuenta con equipos especializados en asuntos medioambientales, sociales y de gobierno (ESG, por sus siglas en inglés).  “Nos hemos unido al grupo de consulta del Grupo de Trabajo sobre Mercados de Carbono Voluntarios y el área de Santander Corporate & Investment Banking ha creado el equipo de soluciones ESG para impulsar el apoyo a nuestros clientes en su transición a una economía baja en carbón”, explican desde la entidad. También la división de Wealth Management colabora con la Banking Environment Initiative para desarrollar un marco de trabajo con sus clientes, y es miembro de Climate Action 100+ para promover actuaciones dirigidas a mitigar el cambio climático entre las mayores empresas emisoras de gases de efecto invernadero del mundo. Además, como firmante de los Principios de Banca Responsable de la ONU y los Principios de Inversión Responsable (PRI), y como miembro del Grupo de Inversores Institucionales sobre el Cambio Climático (IIGCC), Santander sigue las mejores prácticas y estándares internacionales.
“La Covid ha provocado una crisis sanitaria global y un parón en las economías de todo el mundo, pero no ha frenado el cambio climático. El mundo va camino de terminar este siglo con un aumento de temperatura de 3 grados centígrados, muy por encima del 1,5 ºC fijado como límite en los Acuerdos de París. Si no lo evitamos, las consecuencias para nuestro planeta serán enormes”, explica Botín. Y añade que el sector financiero juega un papel fundamental “por una razón evidente: somos los que financiamos la economía”.
De hecho, Banco Santander es líder mundial en financiación de energías renovables, según el ranking de 2020 elaborado por Dealogic. El año pasado, el grupo ayudó a financiar proyectos de energías renovables de nueva creación (las denominadas greenfield) con una capacidad total instalada de 13.765 megavatios (MW). Esta cifra representa el equivalente al suministro de energía para 10,3 millones de hogares y supone evitar la emisión de 60 millones de toneladas de CO2.
“Queremos que las economías crezcan, por supuesto. Pero no podemos hacerlo a cualquier precio. Tenemos que romper el vínculo entre crecimiento y emisiones de carbono que están dañando el planeta. Por eso la energía renovable es tan importante”, añade la presidenta del grupo. La entidad está decidida a mantener este liderazgo, con nuevas emisiones de bonos verdes (el año pasado emitió el segundo bono de estas características por importe de 1.000 millones de euros para financiar y refinanciar energías renovables eólica y solar) y el desarrollo de productos verdes para los clientes: hipotecas; préstamos para la eficiencia energética, para la instalación de paneles solares o para adquirir vehículos eléctricos; créditos para la agricultura con bajas emisiones de carbono; soluciones de inversión ESG y otros servicios, como tarjetas ecológicas o herramientas de medición de la huella de carbono, que permite a los clientes compensar sus emisiones.
“La conclusión es clara -señala Botín-. Para hacer frente al cambio climático, tenemos que actuar con urgencia, y hacerlo ya. Se trata de gestionar los riesgos que genera el cambio climático, y además saber aprovechar las oportunidades de esta revolución verde. Una revolución que necesita innovación y grandes inversiones en tecnología para poder tener éxito. El cambio que necesitamos no lo puede abordar nadie por separado – ni las personas, ni las empresas, ni los gobiernos. Igual que pasa con covid, la lucha contra el cambio climático depende de la cooperación internacional, de que seamos capaces de trabajar todos juntos para tomar las decisiones importantes necesarias y actuar con urgencia. Nuestra ambición de alcanzar el “net zero” es un solo un primer paso, pero como dice el proverbio chino, “el viaje de mil millas comienza con un solo paso”.
 
 

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