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El 5G no va a quitarte el trabajo, pero te obligará a formarte

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La pandemia del coronavirus ralentiza un 25 % la implementación de la nueva tecnología de conectividad, según McKinsey

Nos encontramos ya en la quinta generación de las tecnologías inalámbricas, el 5G, que ofrece un nivel de conectividad que transformará los ritmos de producción y la forma de comunicarnos. Este paradigma de las redes de telecomunicaciones es más rápido y más eficiente que sus precedentes, algo fundamental cuando el usuario o la empresa necesita acelerar sus procesos. En este contexto, el 5G se percibe como una amenaza para el empleo, por su valor para aplicaciones de robotización y de automatización de procesos. No obstante, según se desprende del podcast “Rompiendo los estereotipos: los beneficios de la conectividad 5G para el mundo real” de McKinsey, más que un desafío para los puestos de trabajo, esta tecnología realmente es un reto que exigirá una mayor formación a los trabajadores. La crisis de la Covid-19, no obstante, ha ralentizado su implementación efectiva en todo el mundo.

No podemos negar que cada vez existen más actividades que anteriormente las realizaban las personas y ahora las hacen máquinas. Pero también es cierto que la tecnología ha hecho aflorar, a su vez, nuevas funciones para los trabajadores. El futuro se presenta muy abierto para las labores de los empleados, y McKinsey destaca que “no va a haber más desempleo por la automatización”.

“no va a haber más desempleo por la automatización”, señalan desde mckinsey

El gran reto para las próximas décadas no se puede simplificar en que los robots nos van a quitar el trabajo. Algunas de estas nuevas tecnologías pueden aumentar la desigualdad laboral y obligar a las personas a cambiar lo que actualmente hacen. Lo más importante para las empresas es que tienen que estar atentas a la aceleración tecnológica. Deben ser conscientes de que hay nativos digitales y que acabará siendo fundamental la implementación del 5G para avanzar, porque tiene usos que, inevitablemente, crean valor de negocio.

Según Michael Cui, socio del McKinsey Global Institute y responsable de la investigación sobre el impacto de la tecnología, y Enno de Boer, director global de Manufacturas Digitales de la consultora, el 5G espoleará la Cuarta Revolución Industrial, pero aún no. Primero se tienen que crear las redes privadas y que estas se encuentren disponibles y accesibles, ahí está el desafío. El 5G se enfrenta al problema del enorme despliegue tecnológico que requiere su implementación. El reto reside en conseguir implementar todas las tecnologías existentes de forma muy estructurada, con el objetivo de que funcionen juntas.

La pandemia ha ralentizado el proceso de despliegue, porque la operativa ha sido más difícil y las fuentes de acceso a capital se han diluido. Según McKinsey, el proceso de implementación del 5G se ralentizó alrededor de un 25 % en 2020, como consecuencia de la crisis de la Covid-19, y las empresas tuvieron que adaptar sus sistemas de forma reactiva y rápida.

El coronavirus ya ha tenido un primer impacto positivo en aplicaciones que, gracias a la conectividad avanzada que permite el 5G, han podido habilitarse. Es el caso de la asistencia sanitaria remota, que se ha disparado. Por el contrario, la epidemia ha provocado que haya una brecha más grande entre territorios con mayor penetración de esta tecnología y otros con menor implementación. En términos de digitalización, la conclusión es que la distancia entre los líderes y los rezagados es mayor.

Existen numerosos casos en los que el 5G ha sido realmente útil, como los vehículos autopropulsados, o el caso de Schneider Electric, que usa Inteligencia Artificial para optimizar el consumo de energía a través del “Internet de las Cosas” y ha conseguido reducir en un 78% la emisión de CO2.

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