jueves 28 • octubre 2021
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El agónico adiós del libor, el índice interbancario al que prestan dinero las élites

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Por Raúl Castillo.

Librarse del Libor, el índice de referencia al que se prestan los grandes bancos de inversión y grandes corporaciones, está resultando más complejo y enrevesado de lo que las autoridades reguladoras esperaban.

El escándalo que acompaña a este índice de referencia interbancario desde 2008 ha resultado ser el menor que los problemas para los responsables de poner orden en este asunto, que se ven ahora superados por la madeja de intereses que rodean a este denostado referente de los préstamos globales a nivel mundial.

La andadura de este índice comenzó en 1986, cuando las autoridades financieras de Londres se dieron cuenta que había un problema que podía convertirse en un pingüe negocio para la City.

El crecimiento en aquella época de los “swaps”, “forwards”, opciones y demás instrumentos derivados financieros hizo temer a las autoridades de la Financial Conduct Authority (FCA) que aquello se desmadrase si no se introducía una medida de uniformidad, y así fue como el Banco de Inglaterra y la Asociación de Bancos Británicos crearon el LIBOR (London Interbank Offered Rate). Pero, como siempre ocurre en la vida, donde unos ven problemas, otros ven oportunidades.

En marzo de 2011, en plena resaca de la Gran Crisis Financiera, el rotativo “The Wall Street Journal” (WSJ) abrió la Caja de Pandora al denunciar que los grandes bancos con sede en la City se estaban concertando para manipular el Libor. Concretamente, según WSJ, publicaron tasas que no se correspondían con el tipo de cambio real al que se prestaban los bancos, con el objeto de beneficiar las posiciones que mantenían las mesas de trading de sus bancos en los mercados de derivados financieros. Como ya profetizaron años atrás al menos un par de miembros del Banco de Inglaterra de manera irónica, el Libor era “la tasa a la cual los bancos no se prestan entre sí”.

La investigación sobre la manipulación de la tasa acabó como el “rosario de la aurora”, con miles de millones de dólares en multas, y sacudió la reputación de algunos de los bancos más grandes del mundo, incluidos Barclays, Deutsche Bank, Royal Bank of Scotland y UBS.

Las instituciones financieras y los empleados individuales de los bancos pagaron un alto precio también. Las autoridades de ambos lados del Atlántico han perseguido a empresas y banqueros por la manipulación de Libor, aunque con un éxito desigual. El escándalo resultante también les costó sus puestos de trabajo a algunos altos ejecutivos bancarios, incluido el director ejecutivo de Barclays, Robert E. Diamond Jr.

Alguna de las “cabezas de turco” de poca monta del escándalo salieron de la cárcel estos días atrás en libertad provisional. Es el caso del ex “trader” estrella de Citi en derivados, Tom Hayes, que ha cumplido ya la mitad de la pena de 11 años de cárcel por ser considerado el cabecilla de una conspiración mundial para manipular el índice en cuestión. Hayes declaró a su salida de prisión que lo único que quería era “rehacer su vida con su hijo de 9 años” y “comerse un kebab”.

Y debido a que Libor es tan frecuente en la vida financiera diaria, el escándalo también ha afectado a los consumidores. Muchas tarjetas de crédito, hipotecas de interés variable y préstamos para estudiantes están vinculadas a él. El Libor a un año, que representa la tasa de interés de un préstamo entre bancos que se reembolsará en un año, es el índice más utilizado para hipotecas en los Estados Unidos, según la Oficina de Protección Financiera del Consumidor.

El índice está tan metido en la médula del sistema financiero mundial, que la pregunta más confusa a la que se enfrentan los reguladores es como eliminar gradualmente esta referencia sin provocar un tsunami. Muchos gestores de activos, traders y mesas de tesorería de grandes corporaciones manejan sus préstamos referenciados a este índice.

Se calcula que, según datos aportados por el Banco Internacional de Pagos (BIS), derivados financieros por valor de más de 200 billones de dólares están referenciados al Libor.

El IBA (ICE Benchmark Administrator), responsable de publicar la tasa, ha propuesto dejar de hacerlo el 31 de diciembre de 2021, para los datos de Libor a una semana y dos meses, y el 30 de junio de 2023, para los índices referenciados a un día y uno, tres, seis y 12 meses. Los datos de préstamos en las principales divisas mundiales referenciados al indicativo también dejaran de publicarse a finales de este año.

La diáspora de índices se ha abierto, pero el uso de los nuevos referentes para las operaciones interbancarias no va al ritmo deseado por las autoridades financieras.

En Estados Unidos, la Reserva Federal ha lanzado la Tasa de financiación garantizada a un día, SOFR (Secured Overnight Financing Rate), mientras que Reino Unido hizo lo propio con SONIA (Sterling Overnight Index Average). Europa, por su parte, ha alumbrado el STR (Short Term Rate), que recoge el tipo de interés del Euro a corto plazo.

Sin embargo, la actividad en el Libor no desaparece. Es más, la aceptación de productos alternativos está siendo desesperadamente lenta. Si bien se han logrado algunos avances, el interés abierto promedio en los Futuros referenciados al SOFR a tres meses apenas superó el 5% del de los contratos de eurodólares el mes pasado. “Estamos en este escenario clásico del huevo y la gallina, donde los participantes no quieren negociar porque la liquidez es baja, pero no habrá suficiente liquidez a menos que la gente lo haga”, dijo a Bloomberg Thomas Pluta, director global de tipos del banco JPMorgan.

A medida que se acerca la fecha límite de fin de año de la Reserva Federal para detener los nuevos contratos en Libor, algunos inversores comienzan a expresar su preocupación de que la lentitud del progreso pueda socavar los esfuerzos para garantizar una transición sin problemas, lo que representa un riesgo para la estabilidad financiera.

El pesimismo en Estados Unidos contrasta con el optimismo del Reino Unido, donde la FCA señala que el 85% de los mercados de derivados del Reino Unido no compensados están listos para el final del Libor, ya que 125.000 firmas se han suscrito al protocolo de transición Libor de la Asociación Internacional de Swaps y Derivados (ISDA).

Nadie esperaba que la transición fuera de Libor fuera fácil. Al principio, algunos dudaron de que la transición fuera posible. Sin embargo, quedando menos de un año antes del cese esperado de la Libor como referencia regulada, la transición ciertamente se puede lograr según lo programado.

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