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Carolina Marín, el rostro del sacrificio que voló hasta la cima del bádminton

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“¿Quieres ser un ser humano extraordinario u ordinario?”. Esta es la cuestión que más veces ha trascendido en relación al modelo de entrenamiento y filosofía del trabajo que ha llevado a Carolina Marín a lo más alto. Su autor, Fernando Rivas, entrenador de esta onubense que con solo 27 años ya suma un oro olímpico, tres campeonatos del mundo y cuatro europeos –además de decenas de torneos y más reconocimientos–. Y su palmarés no deja de crecer. ¿Es entonces el talento, un don innato, la base de su éxito?

“La palabra talento se utiliza de una forma demasiado superficial”, responde concisa a Capital Carolina Marín, quien, entre torneo y torneo, dedica unos minutos a contestar las preguntas de esta revista. Para esta deportista la clave reside en otro concepto. “Sin trabajo, esfuerzo y sacrificio no se llega a nada”, reitera para confesar: “Yo no nací destinada a ser la número uno”.

“Yo he llegado hasta aquí dedicándole todas las horas posibles”, reconoce Marín, quien también admite que “se necesitan unas condiciones, pero si no las desarrollas no sirve de nada”. Y ahí entra un factor fundamental: la confianza en el equipo. “Hay que saber confiar en los demás, también es importantísimo, porque yo sola no puedo abarcar todo lo que hace mi equipo y sé que cada persona que lo forma es la mejor en lo que necesito”.

Un comienzo de casualidad

El objetivo: coordinar su faceta deportiva y empresarial como si del último punto de partido se tratase. Porque no es una tarea fácil. El jet lag, las largas horas de competición, los éxitos y las derrotas se viven en equipo, aunque la cara visible de esta marca sea Marín. Quién se lo iba a decir a esta joven onubense que comenzó en el bádminton casi de casualidad y que hoy en día lucha por lograr su segundo oro olímpico. Esta vez en Tokio.

Empecé de pequeña acompañando a una amiga que entrenaba en un pabellón que había al lado de mi casa”, recuerda esta deportista que pronto destacó y a cambió su vida para siempre. Y añade: “Yo no he llevado la vida habitual de adolescente”. “De primeras me vine a Madrid muy joven sola y luego he llevado la vida que implica ser deportista de alto nivel”, así que imaginarse a Carolina Marín desarrollando alguna actividad tradicional de la mentalidad adolescente debe quedarse en la mera imaginación del lector. En su caso, estaba justificado. Quería llegar a lo más alto y, aunque “son cosas que la gente no hace, yo lo hice porque era lo que quería”.

Así, a base de constancia y esfuerzo, Carolina Marín logró en 2014 hacer historia al lograr su primer oro en el Mundial de Bádminton con 21 años. En aquel entonces sólo dos europeas habían cosechado dicho título (Lene Koppen y Camila Martin en 1977 y 1999, respectivamente), pero esta volantista superaría cualquier marca hasta la fecha. Y es que un año después más tarde pasó de la undécima posición en el ranking BWF hasta el primer escalón. Hasta lo más alto. Sólo una europea lo había hecho antes (Tine Baun en 2010) y en ningún caso era española. Ella sí. 

Ahora bien, una vez arriba, el ligamento cruzado anterior de su rodilla derecha quedó devastado durante la final del Open de Indonesia de 2019. Marín tuvo que renunciar al mundial y a abandonar la competición durante siete largos meses. ¿Cómo pudo sobrellevar las idas y venidas de su cerebro al ver que su nombre se iba alejando de ese primer escalón que tantas renuncias y horas de entrenamiento le habían llevado? ¿Cómo se entrena al cerebro para reaccionar en estos casos?

El factor psicológico, clave para la recuperación

“Con trabajo y paciencia”, comenta ella. “Siempre me he considerado una persona muy impaciente, pero en ese periodo tuve que adaptarme porque sabía que las cosas no se iban a desarrollar cuando yo quisiera, sino cuando la rodilla nos dejase”. Para esta joven “cuando logras un título valoras más el camino que te lleva al objetivo porque cierra el círculo, pero a su vez las derrotas nos sirven para valorar esa preparación y darnos cuenta de qué debemos corregir”. Como en la vida. Como en los negocios. Y durante esos siete meses de parón tuvo tiempo para pararse a reflexionar y a entrenar para volver con más fuerza, tal y como muchas empresas realizan tras pasar por una mala racha de resultados.

Entonces Carolina Marín ya era un referente a nivel mundial en bádminton. Un deporte que en España era prácticamente desconocido hasta que lo puso en la estela mediática. Y las cifras lo demuestran. Entre 2010 y 2014 el número de licencias deportivas de la Federación Española de Bádminton se mantuvieron más o menos estables en un rango de 6.804-7.008. No obstante, con la irrupción de Marín en el panorama deportivo y mediático a raíz del Mundial ganado en 2014 la cifra no ha dejado de crecer. Tanto es así que, en 2019, coincidiendo con el mejor momento de la deportista, se alcanzaron las 9.473 licencias. ¿Casualidad?

Marín le resta importancia. “El número de licencias es la diferencia más evidente entre la Federación Española y las de otros países. En China, Japón, Indonesia o India hay millones de personas que juegan a bádminton. A partir de ahí surgen otras muchas diferencias, tanto a nivel económico como estructural”, pero para ella la evolución del deporte en España ha sido favorable. “Seguramente en su momento se pudo hacer más, hace algunos años, pero desde el año pasado con el cambio de ejecutiva creo que el proyecto es muy ambicioso”.

Carolina Marín.

Tanto es así que este 2021 la Federación Española de Bádminton ha duplicado su presupuesto hasta los cuatro millones de euros a causa de la celebración del Mundial de Bádminton de Huelva. Una competición que no es baladí que se celebre en dicha localidad y que vuelve a poner a la protagonista de esta entrevista en el centro de la diana.

Creo que he ayudado a dar visibilidad a mi deporte, pero ese resultado se verá a largo plazo”, reconoce una Marín para la que “lo importante era que se desarrollase un proyecto que aprovechase esa visibilidad para hacer crecer el bádminton a nivel nacional”. Y en parte parece haberlo logrado. No obstante, ¿cuándo se dio cuenta?

“A partir de ganar el primer mundial y el europeo nos dimos cuenta de que no sólo debía trabajar en el plano estrictamente deportivo”, sino también en el empresarial a través de su marca personal. “Soy consciente de que lo que hago genera un interés y desde entonces he trabajado de distintas maneras en ese terreno”. Charlas, entrevistas, libros, una marca de ropa… muchas han sido las formas de desarrollar esa otra perspectiva de su figura como marca, como empresa. Ahora bien, ésta matiza: “Con responsabilidad entendida de manera positiva”. Con un propósito.

“Soy consciente de que lo que hago genera un interés”

Precisamente esto es lo que las consultoras de comunicación más recuerdan a las compañías actualmente. Ya no vale con mandar un mensaje cualquiera, también hay que enfocarlo correctamente y asociarlo a las necesidades y preocupaciones de la sociedad. Porque una empresa, como Marín, no es sólo una suma de cifras, también su popularidad se juega con actos y palabras. Y esta volantista lo tiene muy claro.

“Sé que tengo la capacidad de usar mi imagen para apoyar causas que lo necesitan o dar visibilidad a mi deporte”. Un deporte que como otros muchos está viendo cómo ha irrumpido en la pista un nuevo componente: los e-sports. Este revolucionario modelo deportivo a nivel virtual ya ha marcado un punto de inflexión en otras disciplinas como puede ser el fútbol o el motociclismo, donde cada vez hay más profesionales de este sector en el que por una competición se pueden llegar a recaudar más de 30 millones de dólares. Pero, ¿también lo logrará en el bádminton?

“Me parece un elemento más que aporta muchas cosas positivas” y que es “una consecuencia de la evolución social y tecnológica”, señala Marín, quien, en cualquier caso, cree que “cuando surgen cosas nuevas no tienen que ser obligatoriamente para sustituir a otras”. Por lo que el volante seguirá pasando de lado a lado en las redes de todo el mundo. ¿La siguiente más importante? Tokio.

Este 2021 finalmente se celebrarán los Juegos Olímpicos que quedaron paralizados el pasado año a causa de la pandemia del coronavirus y Carolina Marín tiene una clara meta: “Ganar el oro en Tokio y después lograrlo en Huelva”. Un metal que no será fácil de lograr ya que la lesión sufrida en 2019 le supuso un parón del cual casi se ha recuperado, pese a que, tal y como argumenta, la prorrogación de la competición olímpica le ha venido bien para poder acudir más preparada que si se hubiese celebrado en la fecha prevista. Y así, fiel a sus principios preparatorios, volver a volar a la cima del bádminton: “Sé que vamos a tener que trabajar muy duro, pero estoy dispuesta a ello”.

*Lee la entrevista en el número de abril de la revista Capital, ya disponible en tu quiosco o en Zinio.

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