Por José Mª O’Kean, Catedrático de Economía – Universidad Pablo de Olavide.

La sociedad post-Covid-19 no va a existir. El virus se quedará con nosotros, mutando año tras año al igual que las vacunas. Nos iremos acostumbrando al número de contagios y los fallecimientos irán descendiendo. Lo que se avecina es la sociedad postvacuna. Una sociedad que exigirá el pasaporte sanitario y pruebas PCR para viajar, entrar en un restaurante y asistir a cualquier evento multitudinario.

La economía de la sociedad postvacuna está a punto de activarse. Empezará ya este verano y seguirá con nosotros durante años adaptándose según la eficacia de las vacunas y los antivirales.

Se producirá un rebote del crecimiento económico en el segundo semestre de 2021 y se mantendrá en 2022. En los países de la Unión Monetaria europea habrá barra libre hasta entonces. El BCE hará una política monetaria que garantizará el crédito y mantendrá el precio de la deuda y, con ello, el bajo tipo de interés de las emisiones de bonos de los países miembros, dotando de una liquidez suficiente al sistema que llegará a los mercados bursátiles y mantendrá el precio de los activos inmobiliarios.

En paralelo, la política fiscal será igualmente expansiva y es probable que muchos países, entre ellos España, presente déficits públicos de dos dígitos, también en 2022, matizado por la inclusión de los fondos europeos previstos para la recuperación económica.

En estos dos años, los países centrales de la unión monetaria ya habrán recuperado su nivel de PIB de 2019 y tocará equilibrar los presupuestos, aprovechar los fondos europeos que seguirán llegando y ajustar las cuentas públicas internas. Después del crecimiento feliz de 2022 vendrá el ajuste al presentar el presupuesto de 2023. Los impuestos subirán. Ya estamos hablando de una reforma fiscal en profundidad y ni aun así saldrán las cuentas. La participación del Estado en la economía ha crecido en siete puntos del PIB, pasando del 42% del PIB al 49% en los presupuestos de este año y la idea de este Gobierno es que no baje de ahí. Nos igualaremos con los países más intervencionistas europeos y vamos a necesitar recaudar mucho para que las cuentas cuadren. La economía es previsible que aminore el crecimiento en 2023 y saldremos de esta crisis en W, como hicimos en 1982, en 1993 y 2009. Mientras, las empresas ajustarán las plantillas y muchos ERTEs no se levantarán. Vienen tiempos difíciles, si bien la Comisión Europea será esta vez más comprensiva y tardarán en llegar los hombres de negro.

La economía española recuperó el PIB de 2008 en 2017, tras diez años de una dolorosa devaluación real. En 2019 aún tenía un millón de empleos menos que antes de la crisis financiera. Ahora tardaremos varios años en recuperar el PIB de 2008. Dos décadas pérdidas. Dos generaciones solapadas de jóvenes con expectativas frustradas. Las esperanzas están puestas en la recuperación del sector turístico y en el uso que hagamos de los fondos europeos, fondos que la UE financiará también con nuevos impuestos y emitiendo una novedosa deuda europea, que será devorada por los mercados, presionando a la baja el tipo de interés incluso a tasas negativas. En paralelo, los Estados tendrán que aumentar sus emisiones de deudas y las primas de riesgo se ampliarán y entonces actuará el BCE en el mercado secundario para mantener los bonos de los países disciplinados. Lo que ya sabemos: tipos a cero y endeudamiento extremo, o, dicho de otra manera, trampa de liquidez y recesión de balance.

Esperemos que el Plan de Recuperación del Gobierno sirva de impulso en este entorno y los proyectos de inversión, que diferentes grupos empresariales han presentado, se lleven a cabo. Después de muchos años tenemos una estrategia de país, fondos para llevarla a cabo y una Comisión Europea vigilante para que no despilfarremos en demasía. Seguro que el Plan no nos gusta del todo, que es mejorable, que se ha presentado con la pompa y circunstancia a la que ya nos vamos acostumbrando, pero tenemos que aprovecharlo. Tenemos que crecer varios años para generar el empleo que necesitamos y poder cuadrar nuestras cuentas fiscales. Nuestras empresas siguen exportando y demostrando su competitividad, este será el motor del crecimiento y del bienestar. Queda mucho por hacer.