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viernes 5 septiembre 2021
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Ja n’hi ha prou, centrémonos
 en la recuperación

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Por Jordi Sacristán
Periodista y Director de Comunicación Financiera de Roman

El empresariado catalán ha demostrado su hartazgo con la situación política. Tras la celebración de las últimas autonómicas el 14 de febrero, todas las instituciones empresariales de Cataluña organizaron el acto “Ja n’hi ha prou, centrem-nos en la recuperació” (Basta ya, centrémonos en la recuperación). La unanimidad empresarial fue enorme y hasta la Cámara de Comercio de Barcelona, conquistada recientemente por los empresarios favorables al proceso independentista, se sumó a la protesta.

La situación económica en Cataluña es muy delicada y la situación política, lejos de ayudar a resolverla, lo que hace es empeorarla. Escribo este artículo con fecha del 15 de abril. Han pasado dos meses de las elecciones autonómicas y Cataluña todavía no tiene gobierno, algo increíble en un momento de emergencia sanitaria y económica como nunca se ha vivido en periodo democrático. Parece que el proceso independentista y la pandemia hayan unido fuerzas para acabar con un tejido empresarial catalán que ha demostrado que no quiere ni emigrar ni desaparecer.

Desde el referéndum por la independencia del 1 de octubre de 2017 casi de 6.000 empresas han trasladado su sede de Cataluña a otros territorios, fundamentalmente a Madrid. Sin seguridad jurídica, con la amenaza de la celebración de un nuevo referéndum en la actual legislatura, con los ayuntamientos más pendientes de los lazos amarillos que del desarrollo económico de sus municipios y con un conflicto social abierto en canal son muy pocos aquellos que se atreven a invertir.

Las multinacionales extranjeras miran a Cataluña como un territorio atractivo, pero donde hay demasiados problemas para invertir y, sin duda, ese es un síntoma de la decadencia que la protesta empresarial del pasado marzo denunció. En el trienio 2016-2018, la inversión extranjera en Cataluña solo creció un 65% mientras que en la Comunidad de Madrid el crecimiento en el mismo periodo fue del 260%, es decir, cuatro veces más. Si las empresas catalanas huyen, ¿por qué las extranjeras van a querer invertir aquí?

El día después de las elecciones alguien me contó que el gobierno de la Generalitat más probable sería un ejecutivo en minoría formado por ERC y En Comú Podem (marca autonómica de Podemos y herederos del antiguo PSUC) apoyado desde fuera por el PSC. Dando la presidencia a Pere Aragonés (ERC), Pedro Sánchez se garantizaría el apoyo de los republicanos en Madrid para toda la legislatura. Sin embargo, esa fórmula no saldría adelante hasta después de Semana Santa. Por el camino se han convocado elecciones autonómicas en Madrid y ahora ya no se habla de hacer gobierno en Cataluña antes de conocer los resultados de esos comicios. Nadie se quiere mojar.

Y mientras tanto la economía catalana languidece sin el maná de los 19,3 millones de turistas que en 2019 recalaron en nuestras costas y, sobre todo, en la ciudad de Barcelona. Incluso ese año de records, el crecimiento del PIB en Madrid fue del 2,5% frente al 1,8% de Cataluña. La Comunidad de Madrid ya ha dado el sorpasso a Cataluña, porque mientras el PIB catalán apenas llega al 19% del conjunto nacional, el madrileño es del 19,3% y se ha convertido en el primer motor de la economía española.

La protesta empresarial del pasado mes de marzo tenía un segundo foco de crítica: el ayuntamiento de Barcelona y su alcaldesa Ada Colau (En Comú Podem). El equipo municipal de Colau sigue viendo al turismo como un elemento a combatir y para conseguirlo lleva años paralizando la planta hotelera de la ciudad. En esa situación, muchos empresarios hoteleros en vez de aprovechar la pandemia para hacer obras y modernizar sus hoteles, lo que han hecho ha sido cerrar puertas, esperar a ver qué pasa y, aquellos que no disponían de caja, ponerlos a la venta con precios a la baja. ¿Resultado? La planta hotelera barcelonesa ha perdido valor en vez de ganarlo.

Igual ocurre con la movilidad y los automóviles. Colau ha aprovechado la pandemia para trufar las calles de Barcelona con carriles bici que, evidentemente, ha supuesto la eliminación de carriles para automóviles. Con una movilidad reducida por la pandemia, el tráfico se ha condensado, pero cuando vuelva la normalidad, los coches no podrán volver porque, literalmente, no caben. Eso afectará al comercio de la ciudad, porque muchos ciudadanos irán a comprar a los centros comerciales de la periferia, con accesos mucho más cómodos. Los comerciantes del centro lo ven con mucha preocupación.

Entre el proceso independentista y la gestión de Colau, en Cataluña se han dejado de crear 30.000 empleos según las estimaciones del gabinete de estudios económicos BBVA Research. Los empresarios tienen muchas dificultades, pero miles de catalanes de a pie están pagando también la factura engrosando las colas del paro.

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